Luna Roja

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Capítulo VIII: Doble moral

El detective tomó la cuarta carpeta del montón y en ella estaba la ficha de Megan que, al igual que los otros, se veía muy distinta a cómo lucía en la actualidad. Fue convertida a la edad de veinticinco años, llevaba una larga cabellera castaña oscura natural y su cuerpo no era tan llamativo como el que tenía ahora, más bien era mucho más delgada y sin mucho busto o curvas en general. Megan Da Lozzo era hija de italianos, pero con nacionalidad argentina, se había criado en la localidad de San Rafael hasta los veintitrés años cuando se fue a vivir a la capital del país, donde allí contuvo matrimonio con uno muchacho unos años mayor que ella.

               La mujer no tuvo una infancia muy agradable, su padre se la pasaba en los bares o casinos malgastando el poco dinero que ganaba. También estaba el rumor de que su madre se prostituía voluntariamente, no para ayudar en la economía de la casa, sino que todo el dinero que ganaba por noche se lo gastaba para sí misma en joyas, ropa y drogas. Mientras tanto, la pequeña Megan tuvo que valerse por sí misma por un largo tiempo.

               Uno a veces intenta evitar seguir el mismo camino de sus padres, pero no siempre esto es posible. Megan resistió lo más que pudo para no terminar como su madre o su padre. Cuando tuvo la oportunidad rehacer su vida conoció a aquel apuesto muchacho con el que al poco tiempo se casó. Comenzó a trabajar en varias cafeterías en la capital del país como sustento para ella y su esposo, que por ese tiempo su economía no era muy favorable. Aún así, no pasó tanto tiempo hasta que el esposo de Megan consiguió un empleo que haría que sus vidas cambiaran radicalmente, sobre todo la de ella.

               El dinero comenzó a llegar de a montones y esto preocupó un poco a Megan. Sin embargo, con el tiempo se le hizo tan natural que ya ni se molestaba en preguntarle a su marido cómo hacía para ganar tanto dinero.

                Mientras Cameron leía en voz alta la información de la mujer, Santino comenzaba a ponerse nervioso. El detective no entendía por qué de repente el rostro del joven se transformó en uno muy irritado, mas no preguntó nada. Prefirió terminar de leer la ficha y así saber a dónde lo llevaba.

 

Poco antes de conocer a Santino, el esposo de Megan le dijo que debía renunciar a sus trabajos en las cafeterías para dedicarse a otro que los llenaría de más ganancias. ¡Su propuesta era que ella se convirtiera en bailarina exótica! Megan no podía creer lo que su esposo le pedía, parecía más bien un chiste de mal gusto.

           Todos los nuevos ingresos que le llegaban a la pareja eran porque su esposo consiguió entrar en el mercado de la prostitución clandestina, abrió su propio cabaret y necesitaba más chicas para que trabajaran allí. Megan se había negado rotundamente en acceder a esa indignante propuesta, pero no tuvo más salida que aceptar.

               Hacía unos años que el príncipe de sus sueños se había transformado en un ruin y violento ogro, justo el tiempo en que éste había entrado en aquel negocio. La violencia hogareña se había hecho común en la vida de Megan, ya lo padeció viendo a sus propios padres maltratándose entre sí y ahora ella seguía ese camino. Inclusive, cada vez que su esposo se disculpaba tras los golpes, ella lo perdonaba al igual que su madre hacía con su padre... Para ella era algo normal en una relación.

              A los pocos meses Megan comenzó a trabajar, no sólo en el prostíbulo sino también en las calles; esto último ya por cuenta propia. No le decía nada a su esposo y por ende todo el dinero que ganaba se lo quedaba para sí misma. Sin embargo, cuando su esposo se enteró fue ahí que los moretones y rasguños reaparecieron, tanto en el cuerpo como en el rostro de la mujer.

               A pesar del constante abuso todo seguía igual, hasta que una noche en que le tocó bailar en el cabaret se encontró con el joven y apuesto Santino Dragwlya. Lo acompañaban Gregory, Ruthi y Gaspar, aunque el objetivo para esa noche no era ir y pasarla bien. Hacía unos días que se habían trasladado a Argentina, donde el comisario Hagens les entregó los nombres de las personas que tenían que eliminar.

               El cabaret donde Megan trabajaba no sólo era ilegal, sino que la mayoría de las mujeres que estaban allí eran jóvenes desaparecidas por el sucio negocio de la trata de personas. El esposo de Megan compraba y vendía mujeres, además de encargarse de secuestrar y exportarlas a ciertos lugares del mundo. Curiosamente, muchas terminaban en aquellos laboratorios dirigidos por esa misteriosa organización.



Scarlet Ericson

Editado: 14.12.2018

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