Luna Roja

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Capítulo XXV: El castillo de los Dragwlya

Todos conocen Paris como el corazón del mundo, la ciudad de las luces y las ideas. Tanto el arte y sus majestuosos monumentos, como la catedral de Notre Dame, la Torre Eiffel o el Arco del Triunfo, son íconos que caracterizan a esa espléndida ciudad. Las cafeterías y los restaurantes abundaban en el centro de ésta. Se podía pasar una bella mañana desayunando en uno de ellos, con diversidad de panes recién salidos del horno que cautivaban a cualquier con su agradable aroma. Casualmente, Cameron se reunió con su hermano Owen en uno de esos bares luego de tanto tiempo.

                El detective dejó de lado sus formales trajes, reemplazándolo con una remera mangas corta gris, un jean azul claro y unas zapatillas deportivas negras; una vestimenta más bien cómoda, perfecta para pasar el resto del día con su hermano. No obstante, como bien le prometió a su jefe, saldría únicamente por esa mañana y el encuentro con sus abuelos sería para dentro de unas noches. Si bien ya había transcurrido más de un mes desde su retorno a su ciudad natal, el pelirrojo solamente tuvo encuentros esporádicos y muy escasos con su hermano. Aquello entristecía mucho a sus abuelos, aunque entendían que en lo que estaba trabajando su nieto era muy importante. Ellos sabían que Cameron solamente se preocupaba en protegerlos.

                Así mismo, el pelirrojo debía procurar no seguir una rutina. Tanto él como el resto del equipo, debían pasar lo más desapercibidos posibles y así evitar que las personas que los estuvieran observando encontraran una ventaja. Aquel pensamiento se había vuelto muy paranoico por parte del nuevo heredero del legado vampírico, pero esa era la única manera que tenía de actuar dada las circunstancias. Y más aún con la llegada de la tan ansiada fecha.

 

El verano estaba por terminarse. Pronto el equinoccio de otoño estaría llegando al hemisferio norte y consigo la peculiar aparición de la luna y el cielo rojo. Aquel espectáculo que sólo sucedía aproximadamente cada treinta años podría apreciarse en todos los rincones del mundo. Esa noche, los miembros del clan Dragwlya se reunirían en la capital francesa, dando inicio a la celebración que tradicionalmente duraba cinco días.

                Las primeras noches, el clan celebraría su reencuentro. Beberían, bailarían, contarían historias de lo sucedido entre esos años y conocerían a los nuevos miembros convertidos del nuevo heredero de la familia. Finalmente, en la quinta noche, cuando la luna se tiñera de aquel brillante y atrapante color carmesí, todos desplegarían sus alas en un festín a nivel mundial que duraría cerca de dos horas.

                En esa oportunidad, sus habilidades se incrementarían, además de que su salvajismo era más propenso a salirse de control, por lo que ese era el único momento en donde podrían desplegar todo su poder. Por otra parte, las mujeres de esa especie, por alguna extraña razón, se volvían más fértiles, convirtiéndose esa noche en el momento indicado en que un futuro heredero debía ser engendrado. Sus padres les transmitirían la mayor cantidad de habilidades, por lo que el nuevo elegido sería, aún más con el pasar de las generaciones, un ser muy poderoso. Pero, siempre con el fin de mantener el equilibrio sobre la Tierra.

                Con aquellos planes en mente y antes de retirarse al lugar de reunión principal del clan Dragwlya, el grupo de la nueva generación procuró que Fabrice, Edna y su pequeña hija estuvieran a salvo. Antes de la llegada de Septiembre, lograron conseguirles refugio junto con el comisario Hagens, ahora que éste había regresado de su viaje familiar en Inglaterra. Su refugio se encontraba en un pueblo mucho más tranquilo y alejado del tumulto de la ciudad parisina. Albart prometió ayudarles, hasta que volviesen a encontrarse nuevamente en la tan esperada celebración.

                El comisario seguía al tanto de todo lo que ocurría, mas él por su parte no obtuvo nueva información acerca de aquella organización. Suponían que llegada la fecha de Luna Roja volverían a saber más sobre ellos. No obstante, hasta el momento, seguían sin saber nada. Parecía que se habían esfumado.

                ¿Por cuánto tiempo?

                El grupo siempre estaba con aquel interrogante presente en sus mentes y aún seguían sin poder hacer algo al respecto… Sólo lo que hacían siempre, que era esperar.



Scarlet Ericson

Editado: 14.12.2018

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