Luna Roja

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Capítulo XXXVII: Falsas promesas

A final del verano de 1981, Jane y Jack Toller fueron trasladados a una mansión muy alejada de la ciudad de Paris. Como siempre, Arthur los acompañó en su peculiar viaje para cerciorarse de que nada malo le ocurriese a la joven pareja. En dicha mansión, era donde se efectuaban todos los experimentos que Felix organizaba rigurosamente. Supuestamente, para el bien de la humanidad.

                La mansión tenía dos pisos de alto por ocho ventanas de largo a cada lado, lugar que servía tanto de laboratorio como de residencia. Contaba con un sótano, casi del mismo tamaño de la mansión y al que sólo algunos miembros del equipo de investigación podían acceder. Un poco más dentro del inmenso edificio, parecía que el primer como el segundo piso estuviesen conectados.

                En ese segundo piso, había una serie de cubículos bastante grandes, llenos de computadoras bastante avanzadas para la época, cámaras, dispositivos médicos y, a través de sus grandes ventanales, se podía ver claramente todo lo que sucedía en la planta baja. Sólo se veía el blanco piso reluciente, al igual que sus paredes. La única forma de ingresar era por una puerta que daba a una pequeña habitación, un poco más sobresaliente en el piso inferior. Al igual que los cubículos, esa habitación contaba con unos vidrios que no llegaban totalmente al suelo. Además, sus puertas eran de un hierro muy resistentes y que sólo eran abiertas desde los cubículos.

                Al mostrarles el lugar, llevaron a Jane a que se cambiara. Le hicieron remplazar su vestimenta por un sencillo vestido blanco de tiras finas y del largo hasta arriba de sus rodillas. También, debió soltar su larga cabellera pelirroja, además de hacerle sacar sus anillos y zapatos. Luego, la guiaron a ese gran salón, donde cuidadosamente la ataron de ambas manos y piernas con sogas que colgaban desde el techo.

                En ningún momento le habían especificado qué es lo que ella debería hacer, o qué era lo que le iban a hacer. Tanto Jane como su esposo supusieron que era algún tipo de experimento con respecto a su nuevo cuerpo. La fuerza y agilidad de la pelirroja habían aumentado considerablemente, sin conocer el verdadero causante de dichas habilidades.

                Quizás, sólo quizás, ese experimento la ayudarían a descubrir el por qué...

                Ajenos a toda verdad, decidieron proseguir. Al fin de cuentas, esas personas le habían salvado la vida.

                Dentro de los cubículos, Jack, Arthur y Felix, junto a un equipo de profesionales, se encontraban observando atentamente lo que sucedería a continuación. Parecía que todo estaba en calma, o al menos eso era lo que se notaba en los ojos de Jack y, sobre todo, en los de Felix. Sin embargo, Arthur seguía desconfiando de aquel sujeto. De unos aparentes cuarenta años, había algo en la manera en que Felix sonría que hacía que Arthur desconfiara de él. Sin que Arthur pudiera seguir supervisándolo con la mirada, pronto Felix dio la señal a su equipo para que comenzaran a trabajar.

                Los presentes en el cubículo pudieron ver como seis personas, entre ellos tres mujeres y tres hombres, ingresaban al gran salón desde aquella sobresaliente habitación. Luego se sentaron en círculo, un poco más lejos de donde habían entrado. Cada uno sostenía un tripié con varios saché con sangre, estaban desnudos y sus rostros lucían apagados. Parecía que no habían comido desde hacía mucho tiempo o que incluso no habían visto la luz del sol.

_¿Quiénes son ellos?_ preguntó Jack, al ver a aquellas personas.

_Son parte del experimento. No tiene porqué preocuparse, monsieur[1] Toller.

_¿Y para qué son?_ insistió Arthur.

_Ya lo verán_ mencionó nuevamente Felix, esbozando una alargada sonrisa_ La chica y el resto están en el salón. Traigan al sujeto.

                Dicho eso, una de las personas dentro del cubículo apretó el botón que hacía abrir la primera puerta de la sobresaliente habitación; la misma por donde habían ingresado aquellas personas. Pronto, dos hombres de contextura musculosa ingresaron a la habitación, dejando sentado contra la pared a un hombre de… No se lo lograba ver con claridad mucho… Apenas sí se notaba que el sujeto vestía unos pantalones y camisa color negro, estaba descalzo y con apenas unos mechones de su ondulado cabello, también negro, que caían sobre su cansado rostro.



Scarlet Ericson

Editado: 14.12.2018

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