Luna Roja

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Capítulo XLI: El clan Dragwlya

Tras unos treinta y cinco minutos aproximadamente en pleno vuelo, el grupo llegó al lugar de encuentro. Se divisaba en el horizonte un viejo y abandonado cementerio que casi nadie recordaba o que incluso ni siquiera sabían que existía. Estaba tan abandonado que nadie se atrevía a acercarse, era un lugar tétrico con sus enormes árboles, su vegetación y, sobre todo, aquel panteón de siglos de antigüedad que ocultaba el lugar de descanso de los Dragwlya.

                Desde las alturas, se podía divisar a las personas que allí se encontraban y a otras que apenas llegaban. Hombres y mujeres de todas las nacionalidades y hasta con siglos de diferencias, se reunían en aquel tenebroso lugar. Eran alrededor de doscientas personas, la mayoría pertenecientes a la generación de Ulrico Dragwlya, el abuelo de Santino. Aunque, cuando de diversidad cultural se referían, el grupo de Toshiro Dragwlya era el más llamativo.

                Se podía divisar también a los últimos miembros del grupo del bisabuelo del joven líder, claramente diferenciados por su avanzada edad y vestimenta que, como en todas las reuniones, acostumbraban a lucir. Una larga túnica blanca con un medallón en cada lado de los hombros para sujetar la prenda de los hombres y, para las mujeres, un sencillo vestido con corte en “v” en el cuello y con cintos de cuero, además de alguna que otra alhaja en sus muñecas.

                Todos en el clan se conocían, algunos más que otros. Los miembros de cada generación de los Dragwlya normalmente mantenían contacto, incluso tras las festividades o en el momento de retiro de su líder, así no perderían ningún vínculo. Algunos niños y jóvenes también estaban presentes. Eran hijos de las parejas que se habían formado a lo largo del tiempo, la mayoría ya perteneciente a un grupo en particular, aunque también había otros que aún no habían sido convertidos. Fabrice y Edna eran una de esas tantas parejas, junto a su pequeña hija Lorianne. La sencilla y centenaria pareja que el nuevo heredero había socorrido, se hizo presente en el lugar. Era obvio que no se perderían una celebración y mucho menos una como lo sería aquella.

                Luego de saludos, pequeñas charlas, además de una corta espera, el clan fue testigo de la llegada del joven Dragwlya con los que, ellos suponían, eran los miembros de su equipo. Santino y su madre fueron los primeros en tocar tierra, seguidos luego por Gregory, Megan y lentamente Gaspar y Cameron. El detective por fin se sentía aliviado, estando a salvo en tierra firme. Le agradeció al fornido muchacho por llevarlo hasta allí y Gaspar, simplemente, asintió con la cabeza, sin cambiar su clásica mirada seria.

                María también intentó hacer un suave y tranquilo aterrizaje, pero perdió su perfecta concentración al notar que estaba a cuatro metros del suelo. En un abrir y cerrar de ojos, sus alas blancas se desvanecieron, haciéndola caer bruscamente hacia el suelo. Sin embargo, Santino logró atraparla antes que se golpeara.

_¿Estás bien, mi ángel?

_Sí… Sí… Sí, ya estoy… Estoy bien_ respondió ella, agitada y con una gran expresión de espanto_ ¡Diablos! Odio ser  la damisela en peligro_ agregó algo frustrada, tras poner sus pies en el suelo.

_A mí no me molesta ser tu valiente y guapo príncipe que va a rescatarte_ dijo Santino, acercando su rostro hacia el de la muchacha.

                María rió por aquel comentario, mas no por mucho. Tomó con su mano derecha el rostro de su novio, apretándole un poco sus mejillas.

_No me gustan ni los príncipes y mucho menos las princesas, eso ya lo sabes_ refutó, acercando también su rostro.

_¿Por eso me llamas “vampiro sanguinario”?_ preguntó Santino, quien apenas se le lograba entender, debido a que sus labios estaban apretados por el agarre de su novia.

_Exacto, porque eso es lo que sos y me encanta_ agregó ella, finalizando lo dicho con un ligero beso en los labios del joven.

                Luego de esa pequeña actuación, Santino y su grupo se acercaron a saludar al resto del clan. Él no los conocía a todos, pero aún así podía reconocer algunos rostros. Todos estaban agradecidos de verlo, no sólo a él sino también a su madre. Para algunos miembros del clan era la primera vez que lo veían, aunque para otros, que lo conocieron apenas siendo un recién nacido, les encantaba ver cuánto había crecido y lo apuesto que era.



Scarlet Ericson

Editado: 14.12.2018

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