Luna Roja

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Capítulo LXV: La noche de Luna Roja. Parte II

El clan iba y venía aprovechando esos escasos momentos para sentir sus poderes al máximo. Muchos se habían ido a otras regiones de Francia e incluso a otros países, para así evitar dibujar un patrón. No siempre eran humanos a los que atacaban; algunos preferían más la carne y la sangre de otros animales, como ganado o criaturas salvajes.

                Entre varias de sus cacerías, varios consiguieron evitar robos, detener peleas e incluso intentos de secuestros a mitad de la noche. ¡Era eso de lo que se encargaba la familia Dragwlya! Su supervivencia dependía más que nada en adaptarse a los cambios en la humanidad y, para asegurarse aún más, debían preservar la seguridad de los humanos… Muchos no estaban enterados de las decisiones que los gobernantes tomaban para el bienestar de su gente y, quizás, sería mejor así.

                ¿Qué repercusión tendría si toda la humanidad se enteraba de la existencia de aquellos seres? ¿Cuántos problemas acarrearían si fuera así? ¿La humanidad los aceptaría? ¿Qué medidas tomarían al saber que en el fondo sólo eran alimento para seres que, en realidad, no deberían jamás haber existido?

                Esos interrogantes y más eran lo que a veces cada miembro del clan se planteaba. Sí, hacían un bien en mantener el equilibrio sobre la Tierra. Pero, si lo pensaban detenidamente, eran criaturas muy peligrosas. Ahora la información estaba al alcance de la mayoría de la humanidad y cualquiera estaría en condiciones de hacer válido algún video o imagen que demostrara el accionar de estos seres. A la mayoría de la población le costaría mucho aceptarlo, incluso si lo tuvieran frente a sus ojos. Aún así, siempre habría otro pequeño porcentaje que lo creería. Tal vez, sería a ese pequeño grupo con el que más deberían tener cuidado.

                Más allá de tantas especulaciones y temores, lo importante era poder disfrutar de tener aquel secreto y, sobre todo, saber preservarlo. Mientras menos personas comunes y corrientes lo supiesen más seguros estarían, aunque siempre habría excepciones... La familia Dragwlya tenía bien en claro a quién confiarles tal secreto y a quienes no.

                Ciertamente, con todo lo vivido en tan corto tiempo, los Toller no revelarían nada. En parte, estaban involucrados. Cuando finalmente lograsen retomar sus vidas normales, lo ocurrido en esos cuatro días quedaría como un recuerdo, como una enseñanza, como una etapa más que había revolucionado sus vidas.

                ¿Para bien o para mal? Sólo el tiempo se encargaría de resolver ese interrogante.

 

El espacio estaba completamente en negro. De vez en cuando flashes de luz aparecían, mostrando imágenes que no lograba comprender. En un principio, sólo escuchaba el ruido de unas cadenas. Aunque no podía verlas, podía escucharlas como si estuvieran allí. Luego, escuchó pasos y hasta podía sentir que lo llevaban hacia algún lugar, pero aún sin ver nada. Tan sólo, de vez en cuando, un camino blanco se presentaba ante sus ojos y, nuevamente, volvía a oscurecer.

                En cierto momento, todo se detuvo y ya no podía ver ni oír nada. Era como si de a poco comenzara otra faceta de ese extraño sueño... De repente, comenzó a oír gritos. Precisamente, gritos de miedo tanto de hombres como de mujeres y aún sin poder ver nada. Súbitamente, esos gritos de dolor y agonía se detuvieron, aunque las imágenes volvieron a aparecer entrecortadas.

                Había una habitación blanca, prácticamente vacía con algo peculiar en el centro. Una vez más todo se hizo oscuro, pero no sin antes comenzar a oír nuevamente unos gritos de verdadero terror. Eran los gritos de una mujer que exigía que la liberen… En ese momento, Toshiro no comprendía lo que estaba sucediendo. Él seguía escuchando a esa mujer, hasta el punto de comenzar a dibujarse un rostro. El rostro de una muchacha joven, de cabello anaranjado y con algunas pecas en sus mejillas. Ella seguía gritando horrorizada, observando directamente al frente, como si lo viera a él.

                ¿Por qué actuaba de esa manera si él ni siquiera la estaba tocando?

                Toshiro se había quedado dormido en la silla, con los brazos entrelazados y su cabeza un poco inclinada hacia la derecha. No era una posición muy cómoda, pero el cansancio lo había vencido. El hecho de que su cuerpo se inclinara demasiado hacia la derecha, provocó que instintivamente su cerebro lo hiciera despertar antes de caer de la silla.



Scarlet Ericson

Editado: 14.12.2018

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