Luna y sangre

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CAPÍTULO 2

Su cuello se encuentra totalmente girado para poder verme bien, ya que me encuentro en el sureste del gran círculo.

— ¿Estás bien? ¿Te han hecho algo? ¡Responde!— grita antes de siquiera dejarme responderle.

Todos a nuestro alrededor ponen su atención en nosotras al escuchar a la gritona de mi amiga.

— Sí Maggy, estoy bien, ¿Y tú?— ella asiente con rapidez.

Antes de poder pronunciar algo más, la única puerta que decora el frío lugar se abre dejando entrar a tres hombres. Dos detrás de uno de ellos, dándome a entender de que es el que manda, al menos, de ellos tres.

Todo se queda en silencio. Todas las miradas se encuentran dirigidas a ellos. Los únicos que pueden decirnos lo que está pasando.

El miedo aumenta produciéndome unas inmensas ganas de vomitar. Cierro mis ojos para intentar tranquilizarme, pero es imposible hacerlo ante tal situación.

Los tres se acercan a Maggy, y uno de ellos saca una gran aguja con un líquido verde en su interior. Me asusto sabiendo que en cuestión de segundos ese objeto afilado se incrustará en la piel de mi amiga, así que lo único que pasa por mi cabeza es gritar.

— ¡No! ¡Para!— ellos fijan su atención en mí, incluidos todos los demás.— ¿Qué piensan hacerle?

Uno de ellos sonríe mientras mira los otros dos. Se acerca a pasos lentos pero decididos hacia mi. Una vez está justo en frente, se agacha para quedar a mi altura.

— ¿Quieres ser tú la siguiente?— pregunta en tono irónico. ¿La siguiente en qué? Me pregunto, pero me limito a quedarme callada en vez de contestar.— Me tomaré eso como un no.— se gira y vuelve con los demás.

Mis manos se forman en puños a la vez que mis ojos se cierran y mi mandíbula se contrae. Esta situación me está superando.

— Hazlo.— la voz del anterior llega a mis oídos de forma desagradable.— inyectaselo ya.— ordena.

Nadie habla. Nadie es capaz de intentar impedirlo, y eso me cabrea aun más.

Algunos se encuentran con los ojos cerrados impidiéndoles ver lo que ocurre. Otros miran atentos sin querer perderse ni un segundo de la escena. Y solo hay una chica, la cual llora mirando al suelo.

— ¡Parad!— grito con toda la rabia que tengo contenida. Mis ojos se dirijen al cabeza del grupo.— No te atrevas a tocarla.— gruño.

Da un paso hacia delante, y sin previo aviso, sus ojos se ponen de color amarillo a la vez que su boca se abre produciendo un gran gruñido. Sus dientes son bastante grandes a comparación de alguno de nosotros.

— ¿Pero que coño...?— pronuncia una voz masculina por el lunar.

Me quedo paralizada ante tal escena. No sé que mierda acaba de pasar, ni como ha podido hacer eso, pero creo que con eso me ha dejado claro lo que debo hacer. Callarme, cosa que no hago.

— He dicho que no la toques.— digo al ver como otro de los hombres grandes y robustos intenta pincharla.— Creo haberlo dejado bien claro.

El mismo de los ojos amarillos, el cual ahora los tiene de un verde claro, camina hacia mí con rapidez.

Me asusto al ver como su mano derecha coge con fuerza mi cuello. Sus ojos se fijan en los míos intentandolos atravesar con una simple mirada.

La respiración no tarde en faltar en mi organizo, pero al tener las manos y pies atados, es imposible poder defenderme.

Mi cuerpo se mueve brusco sin conseguir nada. Mis ojos no se apartan de los suyos, esos que me miran con rabia por manifestarme.

— Debes aprender a callar.— suelta mi cuello haciendo que mi cuerpo se contraiga al llenar del todo mis pulmones de aire.

Y antes de que pueda hacer algo más que limitarme a respirar entrecortada, algo afilado traspasa mi piel produciéndome un inmenso dolor. Mi boca se abre dejando respirar por unos escasos segundos.

— ¡No!— la voz de Maggy es lo único que se escucha entre las cuatro paredes en la que nos encontramos.

Mis ojos comienzan a pesar en cuestión de segundos, produciéndome así un terrible sueño y cansancio.

— ¿Qué has hecho?— sonríe ante mi pregunta sin responder.

Los otros dos caminan hacia mi. El primero, el anfitrión del grupo se coloca detrás y comienza a quitar las fuertes cuerdas que amarran mis piernas y manos.

— Zía, no te duermas, sigue con los ojos abiertos.— la voz de mi amiga entra por mis oídos como una bonita melodía.

La satisfacción recorre todo mi cuerpo por saber, que gracias a mí, ella esta bien, o al menos, por ahora. Nunca me perdonaría si algo le pasara, y mucho menos, pudiendo hacer algo para impedirlo.

— Buenas noches Maggy.— pronuncio antes de quedar profundamente dormida.

 

——————

 

Mi boca y ojos se abren al sentir algo frío caer sobre mi rostro y cuerpo. Mi cuerpo se contrae al toser descontroladamente al notar como ese líquido ha entrado por mi nariz y boca.

Miro hacia todos lados asustada por no saber lo que está ocurriendo. Bajo la mirada encontrándome en la misma posición en la que anteriormente estaba. Manos y pies atados a una silla.



Marta

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Editado: 09.03.2018

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