Luxor: Un nuevo mundo

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IV. (Parte Dos)

Kandem dialoga con Marilus, uno de los directivos de los invernaderos más cercanos al baluarte, discuten la necesidad de obtener nuevos suministros para el control de plagas, antes de que llegue el verdadero invierno, en cuestión de semanas. Escucha con atención y le asegura que su Primer Hombre, Renner de Mandess, se encargará personalmente de hacer la cotización, compra y entrega de los suministros que necesite.

Zanjado el tema se encaminan fuera del lugar, atravesando el área de seguridad y deshaciéndose de las botas y los cobertores desechables para evitar la contaminación del área. Ambos hombres avanzan hacia sus caballos por la avenida central de los invernaderos, marcada por negras y gruesas baldosas para la transición más eficaz de los vehículos y el personal, hasta los caballos. Las personas distinguen su capa negra y su caballo azabache desde la lejanía, le saludan y desean la paz y bienestar, los hombres más efusivos le gritan palabras de guerra: ¡El poder regresará a casa¡ A lo que él responde alzando el puño al aire.

—La gente te quiere, mi hermano —le dice Renner, de cabello castaño rojizo y barba pronunciada, como la suya, ojos verdosos y tez clara—, parece que has logrado todo lo que te propusiste una vez.

—No todo. Era mi hermano quien debía estar en mi lugar, no yo —responde, con el gusto agridulce de las palabras en la boca. Es verdad, siempre deseó una mejor vida, la oportunidad de libertad de su pueblo y el poder para no ser nunca derribado por sus enemigos. Hasta el momento, ha conseguido las tres; aunque su hermano mayor pereció en el proceso. La sonrisa de Renner, tan audaz e intrépida le recuerda a él.

—Kan, Kan —canta su amigo—, deja de recriminarte por sucesos que no estaban en tus manos, deja el pasado atrás y visualiza el futuro, mi hermano. Mira hacia el frente y dime lo que ves.

Kandem mira el camino que se abre al frente, se divide al pasar por cada una de las estaciones, se dobla y cruza con otros más, moviéndose con el terreno que sube y baja, a lo lejos los grandes espacios de carga de productos, más allá, los establos y cuartos traseros del Baluarte Central de Senerys, y su entrada trasera tan hermosa como la principal.

—Veo el futuro.

—Sí, pero no —le dice su amigo, ganándose una de sus miradas de confusión—. Veo la oportunidad de ser mejores, mucho mejores.

—La ambición nunca lleva a nada bueno —refuta.

—No hablo de ambición, hablo de abrir las puertas a nuevas materias, a nuevas empresas y aventuras.

—No sé a dónde se dirige esta conversación, Renner.

—Hacia la libertad. No basta con liberarse del dominio Fiat Lux, Kandem —dice él, espoleando su caballo hasta bloquearle el paso y obligarle a prestarle atención—, necesitamos mantener el poder en manos del sur para evitar que gente como la “Leona Dorada” lo ostente.

—¿Alguna sugerencia? —pregunta sin interés, sabiendo que no es la primera vez que su Primer Hombre y leal amigo le insinúa esas ideas.

—Las armas y los minerales —dice, sus ojos brillando con astucia—, controlando los valores financieros y armamentos se puede controlar una nación, podemos abastecer el sur, pero con las armas podemos controlar el norte y el centro también, Kandem.

—No —responde él, ronco y firme. Con un movimiento de riendas hace que su caballo rodee al de su amigo.

—¡Ah! ¡Vamos, Kandem! Seamos realistas, ¿cuándo podría el sur gobernar sino es desde el centro de República? Aquí, congelándonos, no haríamos nada y no podríamos imponernos ante nadie.

—¡No se trata de imponerse ante nadie! —exclama él con fastidio—. ¡Se trata de darles a los hombres la libertad de elegir quién les gobierna! ¡De darles los mismo derechos a todos! ¡No de poder controlarlos!

Las personas alrededor se detienen al escuchar su voz poderosa resonar con un eco ronco, él se percata de ello y reanuda la marcha, fulminando con una mirada a su amigo. Contrario a lo que se podría esperar del Señor de Senerys, líder de la Rebelión contra el Régimen, él no desea permanecer en el poder, sino que planea darles a las personas la libertad de elegir quien les gobierne. Reinstituir la democracia. 

—Tus sueños y fantasías son solo eso, Kandem. Las personas elegirán a quien mejor les mienta, necesitan que alguien piense por ellos. —Reanuda la conversación su amigo, esta vez en voz más baja. Incluso los bélicos designados a la escolta del Señor de Senerys pudieron notar el cambio en su temperamento—. Escucha lo que te digo si das algún valor a mi consejo, como tu Primer Hombre y hermano: tu residencia en el centro de República supondría el control sobre toda la nación, ¿de verdad planeas dejar su destino en manos de cualquiera, incluso, un Castell?

—No dejaré el sur, Renner, no me declaré Regente de República y no volveré a hablar este tema —declara, dando un apretón en las costillas de la bestia hasta acelerar el trote y dejar a su amigo y su guardia atrás.

Con casi nada en su estómago se encuentra famélico, con pocas horas de sueño encima se siente agotado pese a que solo es el medio día, sin duda una buena comida le servirá para… Recuerda la razón de sus insomnios y su hambruna: esa mujer. De pronto la idea de la comida no parece tan buena.



Elizabeth Ortiz (EOrtizM)

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Editado: 19.08.2018

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