Luxor: Un nuevo mundo

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PRELUDIO

—Si nos descubre, estaremos dados por muertos —susurró la Dama de Castell, con esa boca de manzana que tan mal ponía a su enamorado.

—No nos descubrirá, no te preocupes. Nadie sospecha de nada. —Continúo asido de uno de sus turgentes pechos por sobre la seda del camisón de dormir, sosteniéndola por las caderas contra el borde de la cómoda. La habitación testigo de su libido, era una de las estancias para los lacayos.

Suspiraba su nombre, llenándose con los flujos de su cuerpo, introduciéndose en ella con la pasión contenida de muchos días. Días en que la veía al otro lado del comedor, días en que le sonreía y la besaba en la mejilla para mantener la máscara, días en que debía tratarla con tanto respeto, con tanta frivolidad, como a una hermana, como a una extraña, como a una mujer prohibida.

Al término del acto, los golpeaba la culpa, el miedo, la sensación de que aquello era una traición. Carajo, ¿cómo podían continuar viviendo bajo el mismo techo, pretendiendo para los demás? ¿Cómo, con tanto amor y pasión por dentro, podrían ser simplemente hermanos, aliados, socios?

La Dama de Castell sabía que aquello debía terminar, y pronto, o alguien saldría gravemente injuriado, o peor, muerto. Era muy tarde, sin embargo, porque la semilla de su amante, había germinado hacía dos semanas, dentro de su vientre, y esa nueva vida, existía en su interior. Un bastardo.



Elizabeth Ortiz (EOrtizM)

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Editado: 19.08.2018

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