Luxor: Un nuevo mundo

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VIII. (Parte Uno)

Hasta muy entrada la noche, Lessany sintió en su torrente los restos de esas energías de la aventura del día anterior. En sus brazos, piernas y costillas hay unas cuantas magulladuras por la caída de su caballo hacia la nieve y los golpes escasos que recibió en la cacería, pero son para ella signo de orgullo y de su valor; Kenerys le unta sus ungüentos medicinales y le aconseja tomarse un relajante muscular antes de dormir, junto con una infusión de manzanilla y anís. Las dos muchachas le acomodan las telas del faldón color cobre y las botas negras a media pierna dejan ver un poco de piel de más al no llevar la conocida licra o la protección contra el frío debajo, sino una malla semi-transparente que oscila entre el color de su piel y el dorado, su pecho se ve cubierto por la lisa cota unida al faldón, con dos espacios simétricos en los hombros y una al centro de su corazón, dejando ver debajo el color negro de las ropas interiores; las mangas le llegan a las muñecas, se las ajusta en los agujeros para los pulgares; las mujeres le deja el cabello cayendo en una cascada dorada en la espalda, y  le hacen dos trenzas desde los dos mechones delanteros del cabello. Se aprueba a sí misma en el espejo: el cobre le resalta el dorado de la melena y el intenso de la mirada. Da marcha hacia la cena.

Ella le ha pedido, casi ordenado, que los nueve hombres de la partida de caza cenen con ellos esa noche, así que la algarabía y alegría desborda la antesala del comedor, con los pequeños aperitivos y el oporto yendo y viniendo. A Kandem siempre le gustó comer con sus hombres, como su padre le enseñó, pero no lo hace solo por compromiso, como su difunto hermano Kencen, sino que lo disfruta de verdad, disfruta conocer la gente que le sigue y apoya en causa; y más le gusta que a esas mismas personas ella parezca agradarles. Los ha escuchado narrar al menos cinco veces las mismas tres anécdotas: el encuentro con Jersen, ahora apodado “el Noqueado”; la cacería impecable del venado que mañana servirá para dar un banquete a los mismos hombres, sus familias y, por supuesto, la familia del difunto Lass en su funeral; y no podía faltar la narrativa del encuentro de la Leona Dorada con el lobo gris.

Renner, a su lado, disfruta con el mismo entusiasmo. Lindel, su Tercer Hombre de Confianza, arribado horas antes del regreso de la expedición y Comandante del frente, se muere de ganas de conocer a la tan famosa mujer. Kandem no puede hacer más que escuchar y reír las exageraciones de sus hombres y, sin dudar, él desear ver esas grandes hazañas en persona. Cuando la ve cruzar por el lumbral esa sonrisa se expande aún más, y carga de aire sus pulmones al verla tan radiante y fuerte; los hombres alrededor comienzan a aplaudirla y vitorearla, a lo que ella responde con una reverencia de lo más elegante, sabe que le gusta ser el centro de atención, lo disfruta; y a él, al hacer una inspección de su indumentaria, casi se le corta la respiración al ver ese trozo de piel de sus piernas casi expuesto. Se pone en pie cuando se dirige al diván en el que se ha acomodado, uno de sus hombres le tiende una copa nueva a ambos, es Konnor, con un diente faltante y el labio roto.

—Por la Leona Dorada —dice, alzando la copa. Todos están a punto de repetirlo, cuando ella se interpone.

—Por Lass —dice ella, ganándose, de inmediato, no solo el respeto de sus hombres, sino la lealtad y admiración, también la de Kandem, un poco, se admite.

—Por Lass —repiten todos.

 

—¿Por qué un lobo atacaría con la luz del sol en alto, y solo? —inquiere uno de los hombres.

—Puede que tuviera hambre y, casualmente, nosotros esparcimos sangre de venado en la nieve. Debió llegarle su olor —responde Konnor al otro lado de la mesa.

Junto a Lessany se ha situado el nuevo hombre, Lindel, de piel blanca con una abundante presencia de pecas anaranjadas en ella, sus cejas, barba larga y cabellera ostentosa de un color anaranjado intenso, sus ojos brillantes de color cobrizo, es dos cabezas más alto que ella y parece ser bastante serio y firme. No le parece alguien con quien se pueda entablar una conversación que no sea de militancia. Sin embargo, no le desagrada, le agrada más que Kandem la primera vez que lo conoció, y eso ya es mucho decir.

—Debió separarse de su manada y vagar buscando alimento, dio con nosotros y aprovechó la situación. Un lobo que se separa de su manada, muere. —El gran hombre a su lado la mira y asiente en aprobación.

—¿Por qué un lobo se separaría de su manada? —pregunta Konnor—. No lo entiendo.

—Porque desea formar su propia manada, Konnor —explica ella con calma, cortando un trozo de res del plato principal, que expulsa ríos de salsa rojiza al incrustarle el tenedor, resultando más apetitoso de lo esperado—. Los lobos son animales de carácter y personalidad, si su personalidad no encaja con el resto de su manada, deciden alejarse, o intentar alcanzar el mayor rango, pero en este caso debió ser lo primero. El peligro yace en que el lobo es más vulnerable solo y puede morir, o lograr tomar un territorio y ser el alfa.

Konnor y los hombres que tenían la duda perecen satisfechos con la respuesta, como si estuvieran en un salón de instrucción y ella fuera el tutor. Kandem la observa con esa sonrisa de satisfacción en los labios, Renner lo observa de soslayo a él y comparte miradas de picardía con su hermano, Lindel. Ambos saben lo que ocurre.



Elizabeth Ortiz (EOrtizM)

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Editado: 19.08.2018

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