Luz de luna roja

Tamaño de fuente: - +

Capitulo 1: Encuentros extraños

Esperar…esperar que llegue ese momento en que todo cambie, que nuestra vida tenga sentido, que nos levantemos cada mañana con un por qué y que nos vallamos a acostar con ganas de volver a levantarnos. Uno se pasa toda la vida esperando, sin darse cuenta que es algo que se busca, no se espera.
Tiene cabello negro, la piel blanca y se sonroja muy fácil, es muy difícil entender sus emociones, pero su lado oscuro no es nada comparado a su lado de compasión. Su nombre es Isabel Morgan, una joven de 17 años que dejó el colegio para trabajar y  mantener a su familia. Era una noche normal  para ella, salió de su casa sin que sus padres la vieran y fue a caminar,  todavía no había amanecido la Luna resplandecía, las calles estaban vacías, ni una sola alma caminando. Se encontraba confundida, pensaba en que nada de lo que quería le salía bien, tenía un trabajo que no quería, una familia que no la apoyaba, amigas que por momentos estaban y que en la mayoría del tiempo no  y una vida aburrida. Estaba cansada de ser tan poco, siempre quiso ser diferente.
Iba  caminando por una plaza a las 4 am, sostenía en sus manos una botella de vodka, algunas partituras y iba mirando a su celular. De repente choca con un hombre y sus cosas caen al suelo, haciendo un movimiento muy veloz  el agarró la   botella antes que se caiga. Isabel se agachó a recoger lo que estaba en el suelo y al levantar la cabeza para agradecerle se queda inmóvil al verlo. Sus miradas están fijas, ninguno de los dos deja de mirarse. 


-Discúlpame, no te vi venir- dijo Isabel con la voz entrecortada. Su mirada seguía fija en la del hombre. El le extiende la mano , ella la toma y  se para.


-Fíjate por donde vas, te podrías haber lastimado.- dijo  muy serio. Le dio la botella y se dio la vuelta para seguir caminando.


Un poco asustada por su presencia,  intentó ver a donde iba, pero de un segundo a otro desapareció en la noche.
De camino a casa en lo único que pudo pensar era en ese extraño hombre, de cabello castaño y ojos azules oscuros que lo único que reflejaban era amargura, peligro y misterio. Fue lo único emocionante que le pasó esa noche. Mientras se hundía en sus pensamientos, escucha  a una mujer gritar y llorar desconsoladamente. Se acerca corriendo lo mas rápido que puede y le pregunta:


-¿Que le sucede? ¿Esta bien?-dijo  desesperada.


Al ver que no contestaba  y sólo gritaba y lloraba le vuelve a preguntar:


-¿Qué le sucede? ¿se encuentra bien?- dijo con voz más fuerte.


En un momento a otro se quita la mano de el cuello y empieza a sangrar, tanto que se está llenando de sangre su ropa.  Lo más rápido posible saca el celular y llama a la Policía.


-Tengo  una urgencia en la plaza  Fontein, una mujer está desangrándose, por favor no se que hacer.- Muy nerviosa corta la llamada y  intenta ayudar a la mujer. Mientras le sostenía el cuello para que no siga sangrando y la tranquilizaba, escucha las sirenas de la ambulancia cerca.


Al observar bien la herida nota que tiene  dos orificios en el cuello, sino se apresuraban iba a morir. Se asustó tanto  que empezó a gritar:


-Ayúdenme, por favor, ayuda.-


Mira para todos lados y al mirar hacia atrás de ella, muy lejos ve una sombra alejándose. Al cabo de  dos minutos llega el sheriff y una ambulancia. 


-Que sucedió?. -Pregunto el sheriff muy sorprendido, mientras los paramédicos se llevaban  en la ambulancia a la mujer.


-Escuche una mujer gritar, llegué corriendo y lo único que vi fue que estaba tirada en el piso contra la rama de este árbol, de un segundo para otro sacó su mano del cuello y empezó a sangrar tanto que no sabía de donde venía, hasta que observe que tenia dos agujeros en su cuello- dijo Isabel muy rápido y confundida, intentando explicar la situación.


-¿Vio a alguien en ese momento?- dijo el sheriff con voz interrogante.


-No, estaba sola.


-Bueno, respecto a lo  que paso, esperaremos que la mujer declare y la volveremos a interrogar. Dígame sus datos.


Luego de decirle sus datos personales, intenta evitar que llamen a sus padres, hace lo posible para no mencionarlos y al darse la vuelta para irse el sheriff hace una pregunta.


-¿Que hacía sola a estas horas de la noche? 


-Salí a caminar como todos los días señor.-


Termina la frase y se va lo más rápidamente posible. Era inimaginable, quien pensaría que Isabel Morgan le haría eso a una mujer. No cabía en la cabeza de nadie, parecía un chiste sólo de pensarlo. “El sheriff interrogándome por que cree que yo quise matar a una mujer, es imposible pensar eso sin reírme” dice en voz baja mientras sigue caminando.
Mirando los árboles verdes y las lámparas, observa como sale el amanecer. Ya estaba por llegar a la esquina de su casa, sabia que sus padres se iban a enojar al ver que volvía a su casa esas horas. Últimamente han tenido una muy mala relación en estos últimos meses, desde que dejó el Instituto. A querido volver y al mismo tiempo no, por un lado extraña sus amistades y sus clases de música, pero por el otro sabe que la decisión de ayudar a su familia por obligación era su deber, aunque sólo lo hacía por que su madre se lo había pedido. Pero ahora las cosas eran diferentes, sus padres consiguieron trabajo y no sentía que era necesario seguir ayudándolos.
Da la vuelta y va a la parte trasera de su casa, empieza a subir por el árbol que está muy cerca de su ventana, al llegar hasta arriba salta y se agarra muy fuerte de la ventana. Esta muy cerca de caer pero  hace más fuerza y apoya el pie en un escalón que hay en la pared. Al fin logra pasar la ventana y entrar en su habitación. 
En dos horas tiene que ir a trabajar así que aprovecha el tiempo que le queda para ir a dormir.



Morena Forchinito

Editado: 19.02.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar