Luz de Luna (saga lunas) 1er libro

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UNO

NARRA SIENNA

Finalmente, había llegado. Coloque la llave para abrir la puerta y luego de escuchar el "clik", indicando que se había destrabado, le pegue un fuerte empujón con la cadera para que se abriera. Estaba cansada, las piernas me dolían, y mis manos se encontraban rojas, por las bolsas que venía cargando hacia veinte minutos.

Deje todo sobre la pequeña mesa, que sorprendentemente no se encontraba llena de porquerías.

Mis piernas me pedían a gritos, que me sentara, aunque sea por un segundo, pero el reloj en la pared me advertía que había llegado más tarde a casa de lo que era usual, por lo que me quedaba menos tiempo para preparar la cena y acomodar algunas cosas.

Había comprado dos kilos de carne que se encontraba en oferta y algunos vegetales que estaban rebajados por su mal aspecto. De alguna manera tenía que hacer que esto rindiese dos semanas, dos semanas de almuerzo y cena para tres personas... En definitiva, no sería tarea fácil.

Saqué la olla del estante de abajo, y me dispuse a cortar algunos pocos vegetales, un poco de carne y a preparar el estofado para esta noche.

Mientras eso se terminaba, comencé a limpiar la casa. Gideon y Ronnan habían comprado unas cajas de cervezas apenas hace dos días y de estas ya no quedaba nada; nada, más que latas bacías desparramadas por el viejo sofá que alguna vez tuvo un color café claro, pero ahora su color se asemejaba más a la tierra húmeda del bosque que rodeaba la pequeña casa.

El estofado estaba listo y habia ordenado y limpiado lo mejor que se podía la sala y cocina. Ahora solo queda esperar a que mi tío y primo llegaran a la casa.

Me fui a mi habitacion abrí un poco la cortina, dándole permiso a los últimos suaves rallos del sol a que entraran. Me acosté sobre mi cama y comencé a fantasear con la llegada del próximo lunes.

Para cualquiera un dia lunes significaría un evento catastrófico. Con el inicio de la semana, comenzaba también la escuela o el trabajo y no era hasta dentro de cinco días que no podrían descansar.

Pero en cambio, para mí la llegada del próximo lunes, me significaba un motivo de celebración. En tan solo siete días podría irme, dejar atrás a mi tío y primo, dejar atrás los gritos, los vicios, el olor a cerveza y cigarros; y los constantes insultos a mi persona. Podría llevarme conmigo los pocos objetos que me ligaban con esta casa. Y todo porque cumpliría la mayoría de edad y ya no dependería más de ellos.

Me levanté de golpe al escuchar la camioneta estacionar frente a la casa y me dispuse a fingir que estaba acomodando algo en la sala. La mesa estaba lista y solo quedaba servir la comida...

Por la puerta entro primero mi tío, con una caja de cervezas entre sus manos y una sonrisa que dejaba ver sus amarillos dientes. Al poco tiempo entro mi primo con una caja igual en sus manos.

_Sienna, no te lo vas a creer primita. Fuimos al supermercado y descubrimos que ¡Las doce botellas de cerveza estaban a mitad de precio!, asique compramos unas pocas cajas...

_Me alegro. La comida ya está lista. ¿Quieren que les sirva? –hable lo más amablemente posible, parecían felices con su compra y quizás si no los molestaba mucho podría irme esta noche a dormir sin escucharlos gritarme por alguna cosa que habia hecho mal. –

_Si y luego ve a buscar el resto de cervezas que están en la camioneta. Que nosotros estamos muy cansados. –ambos se tiraron en el sofá y encendieron la televisión, abrieron una botella y empezaron a ver el partido. –

No les dije nada, solo les serví el estofado poniéndoles en sus platos las porciones de carne más grandes y dejando apenas tres pequeñas para mí. Estaba consciente de que me quedaría con hambre, pero no quería que me tirasen el estofado igual que la última vez que lo hice, solo porque tenía poca carne y le faltaba sal. Sal que por cierto se habia acabado hacia una semana y no me daban dinero para comprar más.

Una vez ellos me recibieron los platos con la comida, salí por la puerta. El aire comenzaba a cambiar, a volverse más frio. El clima por aquí era siempre asi, durante la tarde después del mediodía la temperatura subía al punto en el cual todos íbamos con remeras mangas cortas, pero pasada la media noche la temperatura solía encontrarse por debajo de los diez grados.

Revise la parte de atrás de la camioneta y había cinco cajas más, con doce cervezas cada una. Masajeé ligeramente mi cien tratando de no perder la calma, hacían falta tantas cosas en la casa y ellos dos se gastaban el poco dinero que teníamos, solo en comprar cerveza.

De apoco comencé a entrar las cajas y a amontonarla a un lado del sofá. Me quedan dos y de apoco sentía como la piel se me ponía de gallina por el gélido viento que se chocaba contra mis brazos. Cabe destacar que yo solo tenía puesto un vestido que me llegaba por encima de la rodilla, desde que habia llegado apenas si habia tenido un minuto para descansar y no me habia puesto nada para abrigarme. Entré a la casa con la caja en mano, las risas de ambos se hicieron sonar en la sala mientras veían un programa de autos. Rodee los ojos tratando de no prestarles atención. Solo quería terminar asi podía comer mi porción de estofado.



Astra Books

Editado: 04.03.2019

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