Luz oscura

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13. Ensayo y error

Las puertas del ascensor se abrieron y Ángela prácticamente arrastró los pies hasta su puerta.

—Ah, estoy muerta —exclamó, alargando las palabras, mientras deslizaba la tarjeta de seguridad por su ranura correspondiente.

—Eso te pasa por haber bailado casi una hora completa con Lucian Sabbatini sobre esos rascacielos a los que llamas tacones —anotó Nero, tranquilo, abriendo su propia puerta.

Ángela lo miró de reojo con mala cara.

—Hacía años que no lo veía, y Scarlett se lo había robado toda la noche. Había muchas cosas para hablar.

Nero rió bajo a la vez que sacudía la cabeza.

—Sabes que sencillamente podrían haberse sentado a charlar como dos personas normales, ¿verdad?

—Tenía ganas de bailar. —Se encogió de hombros—. No había bailado en toda la noche. ¿O acaso no recuerdas quién fue el que rechazó todas y cada una de mis propuestas?

Nero chasqueó la lengua y abrió la puerta de su departamento.

—Como sea —masculló, restándole importancia.

—Nero —lo llamó Ángela.

El muchacho, ya con el cuerpo dentro de su casa, asomó la cabeza hacia el pasillo, bufando.

—¿Qué? —espetó, molesto.

La joven Borgia le sonrió, ignorando por completo la forma en la que le había hablado, y con una mano giró el pomo de la puerta y la empujó hacia adentro.

—Gracias —murmuró, a lo que Nero pestañeó—. Por haber aceptado ayudarme hoy. Y por preocuparte por mí, a pesar de que ni en un millón de años luz vayas a admitirlo. —Sin esperar respuesta, se encerró en su departamento.

Nero volvió a fruncir el ceño y entró en su casa, arrojando sobre la mesa de la cocina la tarjeta de seguridad y el celular. En el silencio de la noche, fue capaz de escuchar los tacones de Ángela chocando contra el suelo hasta que se los quitó. Caminó hasta su habitación y comenzó a sacarse aquel traje endemoniado.

Hacía un par de días sentía lástima por el momento en que ella fuera consciente de la realidad espantosa que aguardaba pacientemente a sucumbirla y ahogarla. Y esa noche había prometido ayudarla en su misión de sumergirse en dicha realidad.

“No hay de otra”.

“El trabajo lo amerita”.

“Tarde o temprano iba a suceder, de todos modos”.

Sin importar con cuántas excusas intentara mantener limpia su conciencia, no lo lograba. La única cosa capaz de tranquilizarlo un poco fue lo que Ángela le había dicho en aquel momento, junto a la fuente. “Tú estarás allí para protegerme”.

Entonces, sin saber muy bien por qué, las palabras que Stephen había dicho en su iniciación en Scuro Luce resonaron en su cabeza.

“¿Y tú qué eliges, Nero? ¿El amor o la ambición?”.

(&)

—Gracias a todos por haber venido a estas horas de la noche —anunció Stephen, sentado a la cabecera de la mesa—. Tenemos un asunto de urgencia que tratar. —Recorrió con la mirada a cada una de las personas allí presentes: Jonathan Wickham a su derecha, Adriano Piccolini a su izquierda, y luego los Capos de las Divisiones Especiales: Teresa Quiroga, la capospia[1]; Edmund Sinclair, el capohitman[2]; y Marty Malone, el capotore[3]—. Como bien sabrán, esta noche se llevó a cabo exitosamente la Operación Maschera[4] en la fiesta que dio Industrias Exodus en Manhattan. Gracias a su impecable labor, estamos un paso más cerca de cumplir nuestros objetivos. Pero al final de la noche ocurrió un altercado que acabó con el secuestro de Noah Bates, una de nuestras incorporaciones más recientes a la División Spionaggio.

Teresa tragó saliva con dificultad. No necesitaba demasiadas neuronas funcionando para darse cuenta de lo que el Don pensaba sobre la idea de rescatarlo.

—¿Cómo ocurrió? —inquirió Adriano.

Stephen miró a la única mujer allí presente y ésta tomó la palabra.

—Estábamos a punto de retirarnos cuando aparecieron dos miembros de la Familia McKinley; uno de ellos apresó a Noah. Era demasiado fuerte y no pudo soltarse.

—Pobre criatura —murmuró Edmund, sacudiendo la cabeza lentamente; tenía las manos entrelazadas sobre la mesa—. Yo ya dije en su momento que era demasiado joven para este trabajo. Ahora estas son las consecuencias.



Fille Infinie

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En el texto hay: mafia, amor y traicion, nueva york

Editado: 25.09.2018

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