Luz y Oscuridad

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SOFIA

       Sofía corre a toda prisa, se le ha hecho tarde para su iniciación en White Hall, ese día debía ser el más importante de su vida y desde que comenzó ha sido un desastre.

        El viento que golpea en su delgado rostro, hace vibrar sus pequeñas orejas puntiagudas de elfo. Corre lo más rápido que puede, es tarde, intenta recordar un camino más corto pero no logra concentrarse, su mente no hace más que recordar la conversación que tuvo con su madre esa misma mañana…

–¿Por qué tienes que ser tan testaruda? –Le regaña su madre mientras están sentadas a la mesa desayunando. La chica aleja su mirada del plato de cereal y la observa con sus enormes ojos azules.

–Ya tomé mi decisión y no importa lo que digas, no me harás cambiar de idea.

–Es una locura, después de todo lo que hemos vivido, tú más que nadie deberías querer estar lejos de esta guerra.

–¿Estar lejos? Mamá, todo el planeta forma parte de esta guerra, no hay manera de que podamos ignorarla, tenemos que hacer algo para ayudar, es nuestro deber.

–¿Nuestro deber?... Te escuchas como tu padre, él tan honorable y ¿qué logró?… Solo ser un muerto más en esta pelea sin sentido.

       Sofía mira a su madre con molestia, su padre había sido un gran hombre, no importa lo que ella diga, él había luchado en esta guerra con el ideal de formar parte de ese grupo que trajera la paz nuevamente a su mundo, él quería un lugar en donde ella pudiese crecer segura y feliz pero para su mala fortuna, su sueño se vio destruido cuando Sofía era tan sólo una niña, habían asesinado a su padre en el campo de batalla y ella y Helena, su madre, habían quedado solas.

       Cada una lidió con el luto a su manera, Helena había entrado en negación y simplemente había actuado como si nada pasó, como si Martín Fraü, su padre, jamás hubiese sido parte de sus vidas, cosa que le molestaba a Sofía, ella amaba a su padre, siempre lo había hecho, había dedicado su vida a admirarlo y no deseaba nada más que hacerlo sentir orgulloso, por ello había tomado esta decisión, se uniría al frente de batalla, formaría parte del ejercito Luz como lo había hecho él y cumpliría su sueño, ayudaría a traer la paz a Caph.

–Sofía no tienes por qué hacer esto –le repetía su madre con desespero

–Si tengo que hacerlo, ¿por qué no puedes entenderlo? –Responde con voz firme ya cansada de discutir –Tengo que irme –dice tomando sus cosas y dirigiéndose hacia la puerta

–Sofía…

–Ya es tarde, lo menos que quiero es retrasarme en mi primer día –sentenció con tono de molestia mientras atravesaba la puerta camino a White Hall.

       Las largas y agiles piernas de la elfa se movían a toda velocidad, había pasado unos minutos sumida en sus pensamientos tras salir de su casa cuando se dio cuenta lo tarde que era, así que comenzó a correr, debía llegar antes de que cerraran las puertas del gran salón o quedaría fuera del día de iniciación y ese era el día que había esperado toda su vida, por el que se había preparado y luchado, ese día se uniría a la fuerza de la que formó parte su padre y lo haría sentir orgulloso.

       Llega exhausta a White Hall pero no hay tiempo ni de respirar, necesita encontrar el salón de reuniones, observa el imponente edificio que se asoma frente a ella al mismo tiempo que intenta dejar de correr y atraviesa las puertas de la entrada principal ante la mirada de todos. Aún tiene unos minutos para llegar al salón así que se apresura a buscarlo, logra ubicarlo al final de un pasillo y entra en el sin pensarlo, está lleno de gente y no tiene ni idea que hacer o a dónde dirigirse.

–pss… Sofía –susurra una voz hacia ella, voltea hacia ambos lados tratando de ubicar esa voz familiar pero no logra encontrarla.

–Sofía, por aquí –susurran un poco más fuerte desde una esquina del auditorio. Sofía voltea y ve a una chica morena que le hace señas, es su mejor amiga América, sonríe al verla y se acerca a ella dándole un abrazo.

–Te guardé un asiento –exclama mientras le señala el lugar –pensé que no llegarías a tiempo –dice aliviada

–Yo también… –alcanza a decir mientras ambas toman asiento –no he tenido una buena mañana –comienza a explicar pero es interrumpida por una voz en la tarima



A.R. Grimán

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Editado: 28.05.2018

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