Madness

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CAPÍTULO 2

Todos los días Cora me esperaba en la entrada del instituto con un latte caramel caliente que traía de Florean. Sus padres eran los dueños de la cafetería y se ocupaban de los turnos por la mañana mientras que nosotras tomábamos los de la tarde.

Al principio pensé que se me iba a hacer raro trabajar para la familia de mi mejor amiga, pero luego de varios meses me acostumbre, el señor y la señor Florean siempre me había querido como a una hija más pero no les temblaba el pulso cuando tenían que regañarme en el trabajo.

Al llegar al instituto vi a Cora en la entrada. Estaba mirando para todos lados preocupada, al verme soltó un suspiro de alivio y vino a mi encuentro.

— ¿Qué te paso? Te estoy llamando desde anoche y no me respondías, estaba muy preocupada por ti. — expuso mientras me entregaba mi latte.

— Lo siento, no tengo mi teléfono ni mi bolso, no sabes lo que me paso, es de película Cora — solté mientras me disponía a contarle mi terrible noche pero sus ojos se desviaron por detrás de mí, distrayéndole.

Un auto deportivo, negro y con los vidrios totalmente polarizados, había estacionado frente al instituto.

No fue la única mirar hacia allí, ese tipo de vehículos no se veían seguido por este lado de la ciudad. Los hombres comenzaron a darse vuelta para admirar el deportivo.

Sentí un escalofrió recorrer mi espalda cuando la puerta del piloto se abrió y su dueño bajó.

Llevaba unos lentes de sol completamente negros ocultando sus ojos, una remera blanca que hacia resaltar sus grandes brazos y un jean azul claro que le sentaba para el crimen. 

Deslizó sus anteojos por el puente de su fina nariz y comenzó a inspeccionar a la multitud hasta que nuestras miradas se cruzaron.

Una media sonrisa de esas que hacen que se te pare el corazón apareció en su cara. Abrió la puerta trasera para tomar algo de allí y caminó hacia donde nos encontrábamos.

Su paso era seguro, decidido, ni siquiera se inmuto al escuchar los susurros de prácticamente todas las chicas del instituto.

Se detuvo frente a mí. Mis manos sudaban, no comprendía muy bien qué hacia allí, y menos cómo me había encontrado.

— Creo que esto es tuyo — indicó mostrándome mi bolso — ayer lo olvidaste en mi coche y tu móvil no dejo de sonar en toda la maldita noche— añadió.

Cora alternaba su mirada entre nosotros sin poder creer lo que sucedía. Sus ojos me miraban inquisitivamente. Tenía tantas preguntas para hacerme que creí que se iba a atragantar en cualquier momento.

Le di una mirada de "después te cuento" y enfrenté a mi salvador.

— Gracias, ¿Cómo me has encontrado? — indagué desconfiada tomando mi bolso. Mi voz sonaba extrañamente baja y débil, como si me dejar sin habla.

Abrió su boca para contestarme en el momento que el timbre de ingreso a clases sonó.

— Debes entrar a clases — apremió de forma tranquila. Como vio que no me iba a mover giró en sí y sin más se alejó.

Estaba irritada. No me gustaba no recibir respuestas, y eso era lo que me sucedía con este chico, era la segunda vez que aparecía de la nada y me dejaba con más preguntas que antes. Nunca nadie me había irritado e intrigado tanto a la vez.

Seguí clavada en el lugar hasta que el deportivo negro salió a toda velocidad por la carretera.

— ¿Qué carajos fue eso? — Habló, separando las palabras para remarcar su asombro. 

Cora me miraba con los ojos como platos esperando una respuesta de mi parte.

— ¿Realmente? No lo sé...— tuve que admitir.

Mientras caminábamos a nuestra aula le relaté todo lo que había sucedido la noche anterior. Se notaba que Cora estaba esforzándose para no interrumpirme. Estaba muy sorprendida y apenada.

— Y... ¿Apareció así sin más? Guau, porque esas cosas nunca me pasan a mi — bromeó mi amiga. La fulminé con la mirada.

— Cora, ¿Hablas en serio? casi se aprovechan de mí y ¿Es lo único que me dices? Que gran amiga tengo — ironicé.

— Lo siento lo siento, tienes razón. — levantó sus manos en forma de defensa. — en fin, lo importante es que estas bien — tomó mi mano entra las suyas y la apretó con suavidad.

Ella no era una persona muy demostrativa, pero entendí que con ese gesto quería transmitirme todo su amor y comprensión. Cora siempre estaba para mí.

Al entrar al aula recordé que no había podido estudiar la noche anterior, en realidad ahora que recordaba ni siquiera me percaté que no tenía mis pertenencias. Había llegado tan confundida, cansada y asustada que ni siquiera les conté a mis padres lo que había sucedido, solo me excusé diciendo que estaba cansada para irme mi habitación. Una vez allí me tiré sobre la cama y no me desperté hasta que sonó la alarma por la mañana.

Mi cabeza había borrado el examen completamente, por lo que ahora maldecía, seguramente reprobaría y con eso me despedía de mis salidas. Mis padres me castigarían hasta fin de curso.



Adela

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En el texto hay: romance, amor, amistad

Editado: 11.06.2019

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