Madness

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CAPÍTULO 7

Los lunes por la tarde eran los mas agitados en Florean. Max, Cora y yo corríamos de un lado a otro preparando cafés y sirviendo muffins o galletas a los deseosos clientes. Estuve en la caja registradora durante toda la tarde, atendiendo cliente tras cliente. Casi que grité de alivio cuando el último salió por la puerta. 

La noche anterior no había podido pegar ni un ojo con tantos interrogantes que tenia rondado por mi cabeza y eso me había pasado factura durante todo el día. Tenía mucho sueño y juraría que mis ojeras llegaban por debajo de mi nariz.

Terminamos de cerrar la caja y ordenar el local en tiempo récord, creo que yo no era la única deseosa por largarme de allí. 

Cuando salí un auto negro me estaba esperando en la puerta. Inconscientemente sonreí. Saludé a Cora y a Max quienes habían venido en bicicleta y sin mas me subí.

— Hola pequeña. — su sonrisa se extendió por toda su cara al verme.

— Hola papa, gracias por venirme a buscar. Esta muy frió y me da miedo caminar a esta hora. ¿Trajiste la lista? — pregunté. Abroché mi cinturón de seguridad en el momento que arrancó.

No era una chica miedosa, pero la verdad es que desde el incidente de la semana anterior todavía tenia cierto temor. Mejor prevenir que curar, como diría mi madre.

— Mad siempre puedo venir por ti, sabes que primero que todo esta tu seguridad. — le dediqué una media sonrisa de lado.

No era tan cierto, siempre tenía otra cosa mas importante de la empresa antes que yo. 

Mi padre y yo teníamos una buena relación, nos llevábamos bien y nos amábamos mucho, pero muchas veces la empresa requería mas de su atención y el no negaba el dar todo de si. Solía pensar que la empresa era su vida, no se que haría el sin su bebe.

Con el tiempo comprendí que uno no puede alejar al otro de lo que ama o lo hace feliz. A veces hay que aprender a aceptar y compartir. 

En este caso yo debí aceptar que papá era feliz con su trabajo y eso no significaba que el no era feliz conmigo, sino que yo debía adaptarme a que no podía estar 24/7 para mí. 

Por eso, una simple excursión al mercado, o pasar tiempo en su auto mientras me iba a buscar al trabajo eran igual de importantes que una cena o una vacaciones. 

No es la cantidad, sino la calidad. Lo provechoso del momento.

Lo mire de reojo en silencio. Para ser relativamente joven se notaba cansado y algo mayor, fruto de trabajar tanto durante tantos años. Sus ojos color chocolate estaba rodeados de finas arrugas y sus bolsas debajo de los ojos ya eran algo cotidiano en su cara. Su pelo, que en alguna época fue de color negro azabache, hoy estaba casi completamente cubierto de canas. 

A pesar de todo, era un hombre atractivo, que recibía miradas a donde quiera que iba. No solo por su físico y su altura, sino también por su porte y elegancia.

— La lista esta en mi teléfono, tu madre me la envió hace un rato. — dijo dirigiéndose al estacionamiento del mercado.

— Genial, si quieres envíamela así nos dividimos y hacemos mas rápido, estoy algo cansada y tengo deberes que hacer para mañana. — comenté pasando una mano por mi cara en signo de frustración. Era increíble lo rápido que pasaba el día, cada vez tenia menos tiempo para hacer cosas.

— Me parece bien, ademas todavía tengo que hacer la cena, tu madre no llega hasta dentro de dos horas. Hoy tomaba exámenes, pobre de sus presas — nos reímos de nuestro chiste interno.

Siempre que tenia examen, mama decía que era como estar en un bosque. Ella era el león y sus alumnos sus pequeñas presas asustadizas. Decir que era una de las profesoras mas exigentes era quedarse corto. 

Sus alumnos solían pensar que tenían asegurada la materia al conocerla. Podría jurar que nadie sospechaba que detrás de la bella mujer de pelo castaño lacio y ojos color miel, con mirada dulce y tierna, se escondía una tirana que les haría parir la materia. 

Le  divertía jugar con sus alumnos, exprimir todo su potencial al máximo, pero siempre fue una persona justa y honrada, jamas regalo nota ni se dejo pisotear ni chantajear, era una mujer echa y derecha. Por eso todos en la universidad la admiraban y trataban con sumo respeto y admiración.

Al bajar del auto sentí la fría brisa de invierno azotándome. Intenté protegerme más del frío con mi abrigo, como si esa simple acción fuese a alejar el viento de mi.

Una vez dentro del mercado nos separamos cada uno con un pedazo de la lista y un carrito para llevar los productos. Papá iría por los congelados y las verduras dejando en mis manos los enlatados, cereales y productos de higiene.

Lo mejor de hacer las compras por la noche era que, como estaba próximo al cierre, no había demasiada gente y uno podía elegir con tranquilidad, sin gritos de niños correteando por todos lados o ancianas molestas.

Giré mi carrito hacia la sección de los cereales cuando vi una cabellera llena de rulos que se me hacía particularmente familiar. 

Alec Colton estaba de espaldas, demasiado concentrado en elegir un cereal. Tenia dos opciones en la mano debatiéndose entre cual llevar. 



Adela

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En el texto hay: romance, amor, amistad

Editado: 11.06.2019

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