Madurez Voluntaria

Tamaño de fuente: - +

Vio (Letta)

 ﴾Pasado ﴿

― ¡Pero Fabiola no pesa nada, mira!

Tenía la música a todo volumen y aun así los escuchaba. Qué escándalo hacen, por Dios. Son un montón de gritones.

Mi música tampoco ayudaba demasiado, si fuera rock pesado o algo así… pero no tenía en el teléfono música pesada, sino indie ligero y esa música que Tania llama ‘cama muerta’, un término estúpido que adoptó de Fabiola.

Precisamente, Michel estaba alzándola como si fuera un saco, pero con las piernas hacia la espalda de él. No sabía qué estaban intentando hacer y no me importaba. Sentía que la cabeza me iba a estallar. ¿Era la música?

― ¿Y si lo intentas con…?

No quería ni siquiera escuchar lo que decían. Me sentía sumamente susceptible. El período me había sentado muy mal esa vez. Más nunca haría caso de esos artículos. ¿Que las pastillas para el dolor de vientre eran nocivas? Prefería envenenarme lentamente que resistir ese dolor en el salón.

Miré a mis compañeros de clase. Se fastidiaban entre sí. Eso siempre pasaba cuando no había profesor. La hora de la clase de química fue una pérdida de tiempo; la profesora no pudo venir, y la suplente no era tan estúpida para enfrentarse a la clase por sí misma. Ya la habían hecho llorar una vez. Pasó la lista y nos dejó solos con la excusa de irse a buscar unas hojas blancas para hacer una actividad.

Cuando Lucía estaba estas cosas no pasaban…

No, no es que no pasaban, es que tenía algo que hacer mientras pasaba. Me distraía con alguien y no con algo.

A Lucía la respetaban, ella tenía una lengua afilada, precisa, siempre acertando en el punto más blando de los demás. Además de que era bonita y muy segura de sí misma, algo que seguramente no llegue a ser nunca. Me encantaba estar con ella. Me contagiaba un poco de su personalidad y no me fastidiaban cuando estábamos juntas.

Pero se fue. Suspiré como una tonta sin darme cuenta, volteé, todos estaban muy ocupados en sus pequeños asuntos o en el escándalo central. Bien.

Me quité los audífonos justo cuando Uber terminaba de decir algún comentario sexual. Él era casi el peor de todos ellos.

Puse una toalla sanitaria en mi bolsillo, decidida a pasarme el resto de la hora en cualquier sitio que no fuera el salón, me levanté. Hubo un repentino corte en la mayoría de conversaciones que había en el salón, pero no presté atención, no me sentía bien…

Caminé hacia la puerta, cuando alguien me aferró por detrás, pasó un brazo por debajo de mi cintura y… alcé el codo y lo bajé con toda la fuerza que pude.

Después de eso fue que llegó el desagrado, el asco, el miedo... y el dolor en el codo al caer sobre el hombro de alguien. Pero no podía detenerme ¡Aún no me soltaba del todo! Me giré, desesperada de que me soltara, sin poder controlarme, y con la palma le golpeé en el rostro.

Uber se cayó hacia atrás y se golpeó la cabeza con el pizarrón. Le cayó el borrador lleno de tiza, y el salón estalló en carcajadas burlonas y gritos incomprensibles.

Uber me miró sorprendido, sosteniéndose la mandíbula, tan incrédulo como yo de haber sido capaz de empujarlo y humillarlo así. No hubo tiempo para mi orgullo, para alegrarme o sentirme capaz; el dolor de vientre regresó con una fuerza que no creí capaz, y salí corriendo al baño.

Donde me quedé llorando veinte minutos sin que nadie me interrumpiera.



Ali Bracamonte

Editado: 08.01.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar