Magia y Luz Ii: Despierta (borrador)

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Capitulo 8

Nos adentramos en el portal creado por Xena. Era una línea oscura y a la vez podían divisarse

diminutas partículas doradas. Avanzo con el grupo agarrada de la mano de Xharles. ¿Porqué

no podía tener algo así con Kade? ¿Porqué debía ser todo tan complicado? Pensando todo

bien, calculando cada detalle por más mínimo que fuese, buscando la forma de no herirlo pero

de que nos sintamos bien juntos.

De repente el portal comienzo a dibujar una especie de salida luminosa, como una endidura de

cesárea por donde luego sacarán al bebé que llevan esperando tanto tiempo. Salimos sin

problema, todos normal y tranquilos mirando a cada lado en busca de…¿de qué?

¿Esperaban problemas nada más llegar?

Xhander me suelta y se pone en guardia.

— No te alejes de mi — escucho a Kade decirme. Siempre era una novedad escuchar alguien

hablarme en mi cabeza.

— ¿Ahora quieres protegerme? La cara que tenías hace un rato es como si desearas que un demonio

viniese y me decapitase — le respondo silenciosa.

— No me gusta que estés tan cerca de otros hombres, más aún cuando dijiste que no estabas lista y por

eso “me dejabas ir” —

Lo sé. Sentí como se inundaban mis ojos al pensar en cómo el debía de verlo, pero también

sentí rabia a la vez. ¿Cómo podía el pensar que le iba a decir que no a él, y le haría ojitos a

otro?

Tan poco me conocía.

Ni yo misma me conocía en este momento.

— Lo siento — le dije en voz alta mientras caminaba a su lado, alejándome

instantáneamente de Xharles.

— No tienes que lamentar nada. ¿Estás interesada en el? — no era necesario que dijera el

nombre para saber a quién se refería. Su voz no era más que un murmullo pero me

calaba hasta lo más hondo del cerebro y el corazón.

— No. — negué enfatizando con la cabeza.

— Bien.

Entonces el acelera el paso y me deja varios pasos detrás.

Sentí como mis cuerpo era transportado, así como cuando sientes un desmayo que se aproxima y tus fuerzas flaquean, haciéndote débil y en un vaivén, mis manos me hormigueaban y sentía que iba a vomitar en cualquier momento.  Me abracé a mi misma y cerré los ojos.

Donde el portal nos dejó o más bien trasladó fue justo enfrente del restaurante hasta donde hace ocho yo trabajaba. "Puerta del cielo" me saludo con silencio de lo que ya no tenía en mi vida.

Qué irónico resultaba ahora.

Comencé a seguiré el paso a los demás. No había pensado en mis amigos hasta ahora. Había tenido tanto que aprender que lo que me hacía feliz antes ya no resultaba tan importante.

Crudo pero realista pensamiento.

Por la oscuridad que había en el lugar debían ser las diez de la noche en prudencia. Las farolas estaban encendidas y pero ellas y nada daban lo mismo.

¿Qué habrá pensado Patricia de la desaparición mía y de Luna? Un angustioso dolor me atravesó el pecho, haciéndome sentir como la peor amiga que pudiese existir.

Había sido tan egoísta que ni había preguntado por mis amigos y si podía hablar con ellos y dejarle saber que estaba bien.

— Atentos a lo que respire — dijo Thomas.

— Ya habló el comandante — escucho como murmura Xena.

Esa morena era indudablemente irritante.

Pocos minutos después llegamos al edificio que había sido mi hogar desde hacía unos años.

Parecíamos unos soldados en busca de enemigos en plena guerra. Todos ellos; Kade, Thomas, Xharles, Xena y yo, vestidos de negro y con botas decombate, Más ellos que yo por supuesto, yo era lo que se podía llamar el relleno obligatoria de la película.

El edificio estaba igual que como lo dejé. Con su color extraño y descolorido y sus ventanales en cristal, cuatro apartamentos; dos por piso.

Mi respiración se aceleró y comencé a sudar las manos de repente. Mi miedo era prácticamente palpable, casi podía olerlo.  Mi cabeza por más que la mandaba, le ordenaba quedarse quieta no lo hacía. Miraba a todos lados esperando u ataque del demonio de orejas puntiagudas.

Istar.

— ¿Estás bien? —  Xharles me pregunta cuando comenzamos a entrar al ascensor.

— Si, es solo que no puedo evitar sentir que nos observan.

— Siempre es así. Ahora que tus sentidos están despiertos y que has visto el otro lado de la moneda, de lo que pensabas era fantasía, puedes presentir y sentir cosas que antes pasaban desapercibidas.

Claro.

Eso sonaba más razonable. Aunque no calmara mi ansiedad por completo, al menos la mitigaba.

La nostalgia se levantó y me cubrió donde hasta hacía unos segundos estaba el terror a ser atacada otra vez por Istar.



Sheyla García

Editado: 27.09.2019

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