Magia y Luz Ii: Despierta (borrador)

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Capitulo 6

Yo era la persona más egoísta sobre la faz de la tierra. Sentí mis lágrimas resbaladizas en las mejillas y las dejé correr. Al fin y al cabo había dejado ir al mejor hombre que había conocido.

Camino de vuelta al centro de entrenamiento, donde Xharles aguarda por mi, seguramente pensando que soy la mujer más egoísta del planeta, al igual que  lo creo yo.

Miro la oscuridad que se va poniendo como el  sol al caer la noche, las nubes por completo oscuras, grises y sin vida, más que la luz de los relámpagos que en estos momentos caen en alguna parte del mundo, a pensar debían ser las dos de la tarde y era como vivir en una película de terror como la Niebla.

Todo esto era nuevo y extraño, las demas personas seguían su vida normal, caminando sin prisa, los niños jugando con espadas de madera, mientras yo divagaba sobre los acontecimientos que habían cambiado mi vida por completo. Los días aquí transcurrían distintos. «La gran ciudad» como escuché hace unos días que la llamo Xharles, eran más largos, el sol salía y nos deslumbraba con su calor dos veces al día. Los días que estuve aquí como prisionera — aunque los demás sigan negandolo — fue de incertidumbre y desesperación, el hecho de no poder recordar pero sentir un dolor inmenso en el corazón, que me mantenía alterada todo el tiempo, deseando ver a mi hija, la única que podría hacerme recordar, la única que pudo hacerlo realmente. Yo no me había detenido a fijarme en ese detalle tan colosal, el sol sale dos veces al día. Como ahora cuando las nubes se han oscurecido y ocuparon la visión del cielo, ahí es cuando el sol se oculta para dentro de pocas horas volver a salir, luego a pasadas las ocho de la noche, la luna ocupa su lugar, dándonos un luz tenue y calmante.

La claridad con la que  vivíamos en este mundo paralelo a la tierra, es lo que se puede con certeza describir como paraíso moderno, simplemente  hermoso. Las hojas de los árboles eran más verdes que en la tierra, sin ningún tipo de abono o (incentivo para plantas) más que la llovizna que caía de vez en cuando y la brisa fresca de los días tranquilos. Pasadas las primeras semanas comenzaba a entender las maneras de comportarme y el porqué de cada acción. Comprendí la aburrición de Uriel para con los humanos comunes, esos humanos que hasta hace poco eran iguales a mí, al menos eso pensaba.

Yo estaba en lo que Xharles y Thomas me habían explicado, la fase de iniciación. Una fase de conocimiento absoluto. Términos que utilizaban que eran extraños pero suculentos a mi paladar intelectual. Me comenzaba a gustar estar aquí. A sentirme bien rodeada de personas que tenían habilidades como yo, que hacían que mi soledad no fuese tan triste.

Si alguien hace cuatro meses me hubiese dicho que yo, Jenice Henderson, alias Jeinekel, alias la hija del Arcángel Gabriel y la primera mujer Lilit, me le hubiese reído en su cara y luego hubiese salido corriendo a mi apartamento.

Pensaba que extrañaría más mi casa, mis pertenencias, mi cama, mi trayecto de camino al trabajo, no era así. No me hacía falta. Aquí en la «gran ciudad» tenía todo lo que necesitaba y mucho más. Quizás si extrañaba algo, mis amigos, Patricia, Jake…si. Ellos eran lo único que extrañaba.

En este mundo alterno, por llamarlo de alguna forma, un lugar paralelo a la tierra donde seres sobre humanos habitan en armonía, se podía apreciar la precariedad y a la vez felicidad de los habitantes. En dos meses no había visto el primer carro o medio de transporte, todo se lograba a patas. Caminando de aquí para allá, mirando el lado entretenido y positivo, siempre estarían en forma los guerreros. Esos soldados que salían a diario para combatir.

Hoy habíamos quedado cuando llegase el interludio entre la nube oscuras y el sol, íbamos a entrenar. Mi primer entrenamiento oficialmente.

Pues debe estar calcinado.

—¿Quién? — pregunté.

—Tu cerebro. — dijo el carcajeándose.

—Ja ja ja — le respondí golpeándolo levemente en el hombro.

—Vamos a comenzar. Debemos tenerte lista en una semana.

—¿una semana? ¿Qué pasa en una semana? — un escalofrío recorrió mi cuerpo.  

Xharles comienza a caminar hacia dentro del bunker de entrenamiento. No me había percatado que había llegado allí caminando después de hablar con Kade.

O de lastimarlo más.

—Uriel ha decidido que es tiempo de que te involucremos más. A fin de cuentas debes saber a qué te enfrentas. No podemos obligarte a permanecer aquí.

—Okay capitán! – le digo jocosa.

Después de hacer unos veinte minutos de estiramientos y de marineros Xharles comienza a hablarme.

—Debes evaluar a tu oponente. – la voz de Xharles potente y con decisión me hace sentir una vikinga solo que sin fuerza, sin entrenamiento, pelo largo y desordenado, ojos oscuros.

—Quizás no fue el mejor ejemplo el de ser vikinga

—No son más que un fideo con habilidades y piernas.

—¡Concéntrate! – me grita al oído él.

Yo no conocía esa faceta de gruñón y me sorprendía como podía cambiar de ser el chico amable y sonriente que había sido hasta el momento.

-Disculpa Xharles – siseo mientras él se planta delante de mí.

-¿Qué es lo que pasa? – pregunta pasándose la mano exasperado por el cabello castaño. Sus ojos marrones me miran esperando respuesta.



Sheyla García

Editado: 27.09.2019

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