Magnet

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Capítulo 28 (FINAL)

Stephen.

Tras bambalinas podía escuchar el murmullo del público preguntándose qué estaba sucediendo, en especial cuando los músicos regresaron al escenario sin mí y con partituras en mano. Sin duda la presentación estaba resultando muy diferente a lo que imaginaron. No sabían que esperar de nosotros.

Subí al escenario una vez que los músicos habían colocado las partituras en su lugar y estaban preparados para darle cierre a todo. Me llevé las manos al pecho, miré al techo con un fuerte palpitar de inquietud. Lo que estaba a punto de hacer marcaría un antes y un después en mi vida, no estaba seguro de estar preparado, y aun así me coloqué tras el micrófono, cerré los ojos y me dejé guiar por lo que sentía.

—Para finalizar mi presentación —dije con voz pacífica—, quiero contar mi verdad. Lo que tras mi reflejo.

Para ti,

Lo que ves de mí es la realidad,

Mas tú no conoces

El papel que la vida me hace actuar.

Siendo así,

Yo puedo burlar mi mundo exterior

Pero al corazón jamás.

 

Hoy no reconocí

A quien vi frente a mí,

Mi reflejo no mostró

Quien soy en verdad.

 

Un día más

Que mi corazón tengo que ocultar,

Todo mi sentir.

Al final

Sabrán como soy que pienso en verdad.

Ese día llegará.

 

Hoy no reconocí

A quien vi frente a mí.

Ese en mi reflejo sé que no soy yo.

No quiero aparentar

Quiero ser realidad.

Mi reflejo no mostró

Quien soy en verdad.

De forma inconsciente mi mirada se centró en Hans. Sus ojos me atraparon y la expresión dulce que tenía en el rostro hizo que mi corazón palpitara desenfrenado. Lo vi ponerse de pie, salir de la mesa y colocarse justo en el pasillo donde habíamos bailado todos los graduados. Si la gente se percató de su actuar no me di cuenta, no podía dejar de mirarlo. Cantaba conmigo.

No debe ser así,

El fingir no es vivir.

El que veo frente a mí

No aguanta más.

Ya no voy a ocultar

El que soy

Nunca más.

Hans me sonrió.

Un buen día el amor

Me rescatará.

Y ese día quien yo soy

Se reflejará.

Al terminar la canción la audiencia guardó silencio. No necesité que nadie me lo dijera, supe que entendieron perfectamente lo que esa canción había significado, lo que inundaba el interior de mi pecho y me carcomía por dentro desde hacía tanto tiempo. No importó que algunos ya lo sospecharan, o que otros no tuvieran ni idea de ello hasta ese momento, mi sexualidad quedó al descubierto esa noche frente a todos, mi padre incluido.

Fue la primera vez en toda mi vida que me sentí orgulloso de haberlo expresado, en especial porque lo hice desde el fondo del corazón y con el apoyo de mi más grande amor. Estaba feliz, dispuesto a aceptar las consecuencias por ello.

Hans me dedicó una amplia sonrisa y, tras enviarme un beso con la mano, llenó el eco del lugar con sus aplausos. No le importó que los demás no lo siguieran en la celebración, lo hacía por mí, para mí… aplaudió mi valor, no mi actuación. Los ojos se me llenaron con lágrimas de alegría. Si existía una persona en este mundo a quien yo anhelaba entregarle todo, era a Hans. A mi Hans.

—Gracias, y buenas noches —dije al micrófono, me di la media vuelta y bajé del escenario. Solo entonces el público empezó a aplaudir y a gritar con furor, con alegría auténtica.

Miré hacia los músicos que me habían acompañado, ellos hicieron una pequeña reverencia hacia mí antes de ponerse a tocar para animar a todos a bailar. Cabe la posibilidad de que haya malinterpretado las cosas, pero siento en mi corazón que el silencio anterior del público fue una muestra de respeto.



Kim Pantaleón

Editado: 28.11.2019

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