Maldita

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El solo hecho de estar en un lugar tan retorcido como aquel le provocaba nauseas. Su cuerpo ya no se sentía como antes... ¿Acaso sabía lo que era estar bien?

Rubi no podía dejar de pensar en las drogas, en como esas la podían volver a ayudar, pero ¿acaso eso no sería huir de la realidad como le habían dicho sus padres? ¿cuántos intentos de suicidio había tenido ya? ¿cuántas marcas no estaban auto infligidas en su cuerpo? Ella era un desastre, no existía nada lo suficientemente puro o rescatable en su ser... posiblemente por eso se estaba pudriendo con escorias de personas que se hacían llamar "clan" y se creían vampiros... solo se creían ¿verdad?

Sus pasos avanzaban lentamente por el corredor que daba al campo de entrenamiento, su respiración permanecía agitada, había sido estúpido aceptar un trabajo sin más ¿por qué había tenido esa patética idea?

Apenas llego le habían asignado habitación y la trataban como vampiresa, menos Elizabeth quien constantemente decía que no era nada más que un saco de sangre. Su temor por esas personas le duro solo un día, luego comenzó a sentir enojo, prácticamente había sido secuestrada por culpa de su desesperación e incredulidad. ¿Quién menciono que no tenía inocencia? Aunque aquello no se podía llamar inocencia, no era nada más que necesidad.

No le intimidaban los ojos rojos, los colmillos o el hecho de que bebieran sangre, para ella era simplemente una secta fanática que intentaba imitarlos con lentes de contacto o tatuajes en los ojos y dentadura falsa, no obstante, su cuerpo pensaba totalmente diferente a su mente. Se mantenía en constante tensión, muchas veces sentía como si su corazón se fuera a salir de su pecho o simplemente se iba a detener abruptamente.

La mente de Rubi estaba obnubilada, todavía sus pesadillas resultaban peores y en ocasiones reales, joder...se sentía como una maldita esquizofrénica, aunque la pregunta que cualquiera se haría ¿por qué no llamar a la policía? ¿por qué no intentar escapar? Bueno, era simple. Si llamaba a la policía lo más seguro era que terminara presa, por tráfico de drogas y asaltos con arma blanca, lamentablemente era buscada y no escapaba porque no tenía a ningún lugar donde ir... donde vivía antes seguro ya habían ido a desocupar y tirar sus cosas, hace mucho que no pagaba la renta, nunca se había imaginado lo que era asumir responsabilidades, lo que era realmente sobrevivir hasta que se encontró totalmente sola en el mundo, sin siquiera poder pedir disculpas a sus padres y quedarse con las palabras más amargas de ellos para cuando se despidieron en milésimas de segundos.

Se detuvo frente a una puerta enorme... a diferencia de toda la mansión, aquella parecía moderna, e incluso su cuerpo podía confirmar que así era, se sentía como entrar a un mundo futurista cuando en realidad estaba en pleno siglo XXI. La abrió sin vacilar, siempre que estaba frente a Erick su piel se erizaba por completo... algo dentro de ella decía a gritos que tuviera cuidado.

—Hasta que decide aparecer señorita Cromwell —en ese entonces ella no se había dado cuenta que los ojos del contrario eran totalmente negros.

—No sé cuál es la prisa, pude haberme inscrito en un gimnasio ¿sabes? — habían pasado tres días y por más que intentaba relajar el ambiente era imposible — ¿al fin decidiste quitarte los lentes de contacto eh? Seguro se te irritaron los ojos — seguía expulsando vómito verbal y no cerraba la boca, sabía que al otro no le agradaban esos comentarios.

Un músculo de los pómulos masculinos se tensó, siguiendo por la mandíbula hasta el cuello, donde lentamente una vena se comenzaba a marcar.

«Perfecto Rubi, sigue así y ve cuánto más está dispuesto a soportarte antes de exponer tus cuerdas vocales para tocarlas como un chelo» se dijo a sí misma en la privacidad de sus pensamientos en cuanto el otro le tomo la garganta y le apretó. La piel de la chica se estremeció por completo y observo detalladamente como el negro pasaba a rojo en un instante. Aquello podía ser perfectamente una de sus alucinaciones, pero en esos momentos se sentía más apegada a la realidad que en cualquier otro instante.

—Es un juego de mi mente — dijo en voz alta intentando convencerse a sí misma.

—Es una ofensa negar tu naturaleza y la realidad que esta frente a tus ojos, hoy se hará la ceremonia de iniciación para ti y Alex, más te vale estar preparada, los nobles juzgarán tu sangre — ella temblaba y él se mantenía inmune, con una naturalidad y elegancia únicas, de cierta forma lo envidiaba...sabía que ella nunca llegaría a ser más de lo que es ahora.

—No sabía que ser golpeada y cortada sin cesar por un animal como tú era entrenar, parece abuso más que otra cosa — lo sensato sería guardar silencio, pero era algo que no podía hacer, nunca había podido morderse la lengua. Él la miro con aquellos rojos, sujeto su cuello con mayor fuerza y aparto la mano, dejando notorias marcas que parecían quemaduras, como si algo puro le hubiese hecho efecto en la piel.



Bukhal

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En el texto hay: vampiros, maldicion, angelesydemonios

Editado: 07.04.2019

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