Maldita

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Se sentía totalmente perdida, no comprendía lo que esas personas intentaban decirle, todo era tan surrealista que la pelinegra no lograba procesarlo bien.

—Debiste haberte dado cuenta antes Mark, tú la mordiste, probaste la asquerosa sangre pura sin inmutarte — su cuerpo completo se estremecía de solo escuchar hablar a Elizabeth de esa manera, la ira irracional, el fuego brotando a viva sangre por los ojos.

Aunque había prometido no volver a asustarse, en ese momento era inevitable.

—en ese momento no había nada extraño —tomo su muñeca con agilidad, dispuesta a abrirla para derramar aquello que ellos en esos momentos tanto repudiaban — te tendrás que revelar de una forma u otra — amenazo finalmente Mark.

Todo transcurría en cámara lenta, era la primera vez que poseía aquel instinto asesino, aunque era más que eso tenía la enorme necesidad de protegerse también.

— Lo extraño aquí es Mark — espetó Erick — que digas aquellas palabras cuando sabes lo que nos hacen estos seres y no sólo eso... — su mirada repentinamente se había vuelto por completo roja — aquella vez apenas la probaste.

Por más que intento ocultarlo, el otro lo había descubierto, era cierto que había notado algo extraño desde el momento en que probo la sangre de Cromwell, sabía lo que era o al menos sabía que no era una humana normal. Mark sabía que tarde o temprano la descubrirían, a pesar de sus conocimientos sobre las pruebas que sería sometida, tenía la extraña necesidad de protegerla. Seguir fingiendo aparentemente no serviría de nada, la máscara se le caía lentamente frente a Elizabeth y Erick.

Por esos momentos el agarre de la rubia sobre el cuello de la pelinegra se intensifico, el aire se escapaba lentamente de sus pulmones y soltaba pequeños jadeos, buscando que este retomara nuevamente a sus órganos.

— ¿Qué les pasa? — intento alzar la voz inútilmente — ¡suéltame! — grito, dejando escapar su último aire, sentía que iba a desfallecer en cualquier momento.

— ¿creíste que no descubriríamos el plateado de tus ojos? — pregunta Erick con total tranquilidad, sin inmutarse en lo absoluto por lo que presenciaba de la rubia.

— ¿quién te envió? ¡responde! — exigió Elizabeth, logrando que Mark no sintiera más que impotencia.

Por mucho que Mark quisiera ayudarla era imposible, no solo por su naturaleza, sino porque hacerlo implicaba el total destierro, no sólo del clan, sino también de la raza en sí. Rubi se parecía a su difunta hija, aquella que tuvo hace siglos atrás, aquella que lo acompaño durante su vida "humana" fue una tragedia cuando la tuvieron que sacrificar.

— n...no sé de qué hablan — sus ojos se cerraban lentamente, iba a caer en cualquier momento, de hecho, era tanta la fuerza con la cual su cuello era oprimido que no comprendía como era que todavía seguía consciente.

— ¡Suéltala! — dijo Mark furioso — al parecer no tiene ni idea de lo que hablan y sí Erick, probé su sangre, era extraña, pero no imagine que algo así. Si quieren interrogarla pueden llevarla al calabozo, aunque en lo que a ti respecta Elizabeth, no te quiero ni un centímetro cerca de ella — esta vez su tono se convirtió en uno amenazante. De los tres, era él quien tenía más poder y más rango en aquel lugar, esos dos podían dudar todo lo que quisieran, sin pruebas tenían que obedecerlo sin rechistar.



Bukhal

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En el texto hay: vampiros, maldicion, angelesydemonios

Editado: 07.04.2019

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