Maldita

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Fue llevada al calabozo, siquiera le dieron la oportunidad de escapar, Erick la tomó fuertemente del brazo y la llevó a lo más frío que ella alguna vez había sentido. Elizabeth obedeció sin oponerse a Mark, acto que le sorprendió, estaba segura de que su vida acabaría en un abrir y cerrar de ojos.

«¿Todavía piensas que es sólo tu imaginación? ¿qué son solo las voces de tu mente?» Su cuerpo al sentir que le hablaban dentro de su cabeza se estremeció por completo, un sudor frío comenzó a aparecer sobre su frente, detuvo su paso y fue jalada por quien había sido su mentor.

«Vas a morir, sabes que tu vida no vale absolutamente nada. No eres más que un peón de todo el ajedrez que juegan los bandos, una simple pieza que es fácil de reemplazar»

Aquella voz no la dejaba tranquila, era como si un demonio le susurrara al oído, totalmente invisible, pero completamente letal a su salud mental. Había estado un par de días en aquel lugar, su cuerpo se debilitaba lentamente, el hambre comenzaba a ser insoportable y tenía una sed extraña, las encías le dolían mientras que las voces la atormentaban cada minuto, las sombras aparecían en cada rincón de ese lugar, todo cubierto de ladrillos y moho. ¿De verdad agonizaría de aquella manera?

«Rubi, Rubi, Rubi, ¡Rubi! ¡Rubi! Rubi, Rubi»

— Rubi — aquella voz que no dejaba de susurrar y gritar su mente exageramente en su cabeza la tenía completamente desquiciada. Se tapó los oídos y comenzó a mecerse contra la pared, dejando que el frío de esta se le colara por la espalda — ¡Rubi!

— ¡Cállate de una puñetera vez! — expreso haciendo que el suelo temblará, sus ojos permanecían como plata líquida y esta vez su mirada se centró en la persona de carne y hueso que la había estado llamando hace unos momentos — tsk... — no podía reconocer si quien estaba frente a ella era alguien real, o simplemente un juego de su mente. El cuerpo le temblaba, era como si en cualquier momento fuera a convulsionar. Necesitaba inhalar algo, se sentía desesperada y furiosa a su vez, tanto con ella misma como con las personas que la habían llevado a aquel lugar abusando de su ignorancia.

— No es necesario que seas tan agresiva — se quitó la capucha, dejando ver aquellos ojos rojos, esa firme quijada y la figura de autoridad que representaba. Era Mark, quien, de alguna forma, no sabría decir si la había salvado o simplemente empeorado su situación.

— Mark — su voz sonaba ronca, no le pasó desapercibido la vena del cuello del contrario que se tensaba de solo verla fijamente a los ojos.

— Lamento que tengas que estar aquí — aquel comentario solo empeoro la situación, provocando que ella se pusiera aún más furiosa. Tenía hambre, estaba cansada de escuchar aquella voz demoníaca y burlona constantemente sobre ella.

— Deja tu puñetera lastima — nunca había le había hablado así a nadie realmente, pero en esos momentos estaba totalmente fuera de sí — no la tuviste cuando me asesinaron... — su voz en ese momento se fue apagando poco, era cierto... había muerto ¿cómo era que...? sin dudarlo se tocó el cuerpo y miro fijamente a quien tenía al frente — ¿por qué razón estoy aquí?

— Larga historia y poco tiempo, pronto te enterarás — fue su única respuesta al respecto y pronto se puso la capucha desapareciendo en la oscuridad.

Cromwell ya no lo soportaba, la desesperación le ganaba poco a poco, sin contar que constantemente se sentía perdida en una dimensión completamente ajena a la propia, ni siquiera era capaz de comprender la razón por cual permanecía encerrada. Había intentado escapar un par de veces, pero había sido totalmente inútil. No supo en qué momento se había quedado dormida, cuando finalmente luego de unas horas abrió los ojos lo único que la sorprendió fue aquello que la despertó, se encontraba al otro lado de la celda junto a ella. Su cuerpo se puso por completo alerta y se alejó mirando fijamente a aquella figura.

— Al fin despiertas — aquel sujeto se quitó aquello que lo cubría, observo fijamente su rostro y nuevamente se puso alerta.

— ¿Quién eres? — pregunto cortante, acercándose un poco, descubriendo que los ojos de aquel sujeto también eran del color de la plata.

— Cameron — le regalo una sonrisa deslumbrante, que solo provoco que se sintiera más desconfiada que otra cosa — me enviaron a buscarte y alejarte de esta plaga — la voz del masculino sonaba algo disgustada — supongo que las dudas te invaden por completo — y no se equivocaba, se sentía perdida más que cualquier otra cosa. La confusión y el miedo la comenzaban a abrumar lentamente. ¿Por qué razón confiaría en una persona como él? Podía asesinarla... aunque sus ojos, por alguna razón sentía que de alguna forma decía la verdad y podría ayudarla.

— ¿Por qué me encerraron? — soltó de forma abrupta. En su exterior no lo demostraba en lo absoluto, pero estaba aterrorizada, aquel sujeto que estaba del otro lado se podía ver sutilmente, su cabello era rojo como el fuego, su tez completamente blanca y aquellos ojos de plata que la perturbaban. No estaba dispuesta a demostrar lo que le provocaba, aunque sus manos temblarán.



Bukhal

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En el texto hay: vampiros, maldicion, angelesydemonios

Editado: 07.04.2019

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