Maldita

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¿Cómo se podía ser tan estúpido? Tenía ganas de matarse a ella misma. Se había descuidado por completo y perdió la consciencia, dejando su cuerpo y alma a la merced de otros.

«Rubi, ¡Rubi!»

Cada vez que sentía aquella voz en su mente su piel se erizaba y su enojo aumentaba. Todavía se negaba a creer en cualquier tontería que aquellos dementes dijeran.

«Esta aquí, oculto en las sombras, te observa y otro viene por ti» unos pasos se escucharon «¡Huye!»

Se estaba volviendo totalmente loca. Cerró su puño hasta enterrarse las uñas en la palma de la mano, provocando que pequeñas heridas ardieran como el corte de una hoja de papel.

—¿Quién es? — su voz fue mucho más autoritaria y segura de lo que en realidad se sentía, era algo dentro de ella que no era capaz de explicar, un sentimiento que no podía dejar ir, que no quería dejar ir en realidad, era con lo único que se sentía realmente segura.

No respondió nadie y guardo silencio incluso con su respiración, para ver si llegaba a escuchar a alguien más, pero no fue así.

— Sam — dijo una ronca voz que la sobresalto por completo— sal de una vez, Cameron te espera — ¿qué? ¿cuánto tiempo había estado sumida en su mente? Aquel hombre se puso frente a ella, lo único que los separaba era aquellos barrotes de hierro, este no iba con una capucha que lo cubriera, sus ojos eran plateados, pero eran completamente inexpresivos y fríos, acompañado con un cabello castaño acaramelado — ¿qué miras? ¡muévete! no tenemos mucho tiempo.

Su tono de voz la había sorprendido por completo y la mantenía tensa, aunque de todas formas alzo una ceja desafiante.

— ¿Qué? ¿Esperas que haga magia o algo así? — respondió ella con un tono sarcástico, a lo que la mirada de él se intensifico por completo y ella se paralizo.

«¡Huye, Rubi! ¡Huye!» Nuevamente aquella voz, aunque esta vez no era una... eran dos en una, sonaba distorsionada, se sentía aturdida, pero antes de que siquiera pudiera decir o hacer algo, el otro simplemente hizo una mueca y apoyó su mano sobre los barrotes derritiéndolos por completo, la dejo anonadada por unos cuantos minutos. No comprendía en lo absoluto, pero por primera vez escucho a aquella voz en su cabeza, apenas dio un paso fuera de la celda, el hombre le sujeto del brazo, su tacto le ardía y le dolía demasiado. Le dio una mirada asesina y este la soltó con brusquedad.

— Sal de aquí ahora — le hizo un gesto con el mentón a lo que ella simplemente observó una tenue luz, iluminando unas escaleras. No le quedo de otra más que correr y seguir su instinto, el otro sujeto iba detrás de ella, de alguna forma se sentía en peligro, la adrenalina corría por sus venas sin detenerse, iba cada vez más y más rápido, hasta que la sujetan de la cintura de improvisto y sus manos se posan sobre el pecho de alguien, fue en ese entonces que visualizo un color de ojos iguales a los anteriores, solo que estos expresaban tranquilidad.

— Cameron — expreso ella, aunque sin alivio en su voz... más bien era sorpresa — nunca te di una respuesta — aseguro esta, frunciendo el ceño y apretando los puños. Cameron simplemente alzo una de sus comisuras hasta convertirlo en una sonrisa ladina, una que logro erizar cada poro de su piel.

— No era necesario una respuesta... lo siento Rubi — menciona antes de que Sam llegará por detrás y la golpeará en el cuello para noquearla por completo.

— Eso era innecesario — se quejó Cam, haciendo una ligera mueca a lo que Sam simplemente alza una ceja y soltará un bufido.

— ¿Innecesario? Asesiné a todos los que encontré en mi camino, por tu bien será mejor abandonar este lugar antes de que nos encuentren. Estas arriesgando el pellejo por una bazofia Cameron y yo no volveré a arriesgar el mío por tus egoísmos.

«Estarás muerta... eres una inútil» Una voz demoníaca, una voz que lograba poner todo su cuerpo totalmente tieso, el lugar estaba sumido en completa oscuridad, lo único que visualizaba era una tenue sombra, que apenas se distinguía de lo demás.

«¿Qué?» se atrevió a preguntar, pero se dio cuenta que no lo hacía con su voz... la voz no le salía, sentía que alguien la cargaba y el viento soplando en sus oídos, pero estaba sumida en la inconsciencia... no sabía si distinguir de la realidad y de las alucinaciones.

«Van a asesinarte... déjame ayudarte, deja de huir de mi» ¿Dejar de huir? Ella no huía de nada, pero su piel se erizaba involuntariamente, sus manos temblaban y un sudor frío le recorría la columna, vertebra por vertebra. En un abrir y cerrar de ojos la sombra estaba frente a ella, tomando una forma física en realidad, los ojos con una mezcla de plateado y rojo... era únicos y totalmente exóticos, no era capaz de describirlos.

«Aléjate de mí» el terror comenzó a invadirla, la sensación que le daba aquello frente a ella, fuera real o no, sabía que era peligroso, cada partícula de su ser lo sentía a la perfección.



Bukhal

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En el texto hay: vampiros, maldicion, angelesydemonios

Editado: 07.04.2019

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