Maldita

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— ¿Me van a llevar a un médico o qué? — respondió la pelinegra a la defensiva, estaba cansada de que todos tuvieran los ojos puestos sobre ella, que todos intentarán averiguar algo de ella o simplemente conseguir algo. Ella no tenía nada... absolutamente nada, lo había perdido todo, por culpa de sus malditas adicciones e inmadurez, bien ahora no cometería el mismo error.

La mujer frente a ella simplemente frunció el ceño y asintió de mala manera. Observó a Sam unos segundos y como si ésta le hubiese dado una orden con la simple mirada Sam salió de la habitación.

— Soy Dafne, quien se hará cargo de ti mientras permanezcas en este lugar — su voz ahora era totalmente fría y desconfiada, lo único que provocaba era mantener a Rubi alerta. El médico llego junto al lado de Sam y los tres salieron de la habitación dejando a Rubi a solas con el hombre.

— Cruzaste el velo... te estas contaminando — respondió el hombre con voz serena, sin inmutarse en lo absoluto, sus ojos de un color ámbar. La joven lo miro con curiosidad y él simplemente la miro asombrado — ¿no tienes ni idea de lo que hablo verdad? — respondió mientras trataba su brazo, quitaba el azufre y con lentitud y ponía toallas húmedas, a medida que lo quitaba la carne regeneraba lentamente y ella quedaba asombrada, pero no decía nada al respecto.

— Todos dan por hecho que sé de lo que hablan, que siquiera comprendo sus estúpidas ideas de la tonta secta en la cual están. Mi único problema son las drogas y pareciera que ellos han consumido más que yo — expreso molesta, soltando una pequeña queja al sentir la toalla en la carne. El hombre la miro comprensivo y luego ella suspiro, ya sabía lo que significaba aquella mirada — no estoy pidiendo que me digas nada, lo comprenderé por mi propia cuenta.

Cerró los ojos intentando calmarse y que el hombre hiciera su labor, a su vez escuchaba una conversación atrás de la puerta... por las voces los podía reconocer como Sam y Dafne discutiendo.

— No sé porque te quejas tanto, no tiene absolutamente nada de malo que la sacará de ese lugar y trajera con nosotros. Te recuerdo que cuando Elizabeth fingía y tu cuidabas de ella, jamás reclame y tampoco te lo reprocho, deberías darle el mismo respeto a Cameron, no debes dudar de él siendo tu compañero — Sam simplemente frunció el ceño totalmente molesto por la cruda verdad que Dafne le había sacado en cara.

— Ella no se lo merece, ni siquiera sabemos qué es, ella podría hacerle lo mismo que me hizo Elizabeth a mi — respondió con un tono cortante — tu no sabes nada de ella, incluso te da mala espina y aun así dejas que vea a nuestro médico — era obvio que Sam no deseaba a Rubi cerca de ellos y sus quejas no eran nada más que ignoradas.

— No discutiré sobre el tema Sam, ve con Cameron y discúlpate... deja de actuar de una forma tan patética.

— Ya esta señorita Cromwell — fue entonces que ella dejo de estar pendiente de la conversación y observo su brazo, la carne en su mayoría ya no estaba expuesta y solo mantenía manchas rojas.

— Muchas gracias... ¿qué es lo que hizo? — ya no aguantaba más... ¿la herida sanada esa una alucinación o la verdad? necesitaba saberlo, necesitaba saber que ella no era la única que veía aquello.

— ¿Con respecto a qué? — le respondió el hombre.

— La herida esta casi por completo curada, a pesar de que era de gravedad ¿no es así? — su tono era dudoso, sus manos comenzaban a temblar ligeramente, le estaba por dar una crisis.

— Sí, lo está... eso es dado a su propia regeneración señorita Cromwell, son las ventajas de no ser humano — le respondió y se retiró de la habitación dejando que Dafne se acercará.

— Jovencita, será mejor que descanses... mañana tienes mucho que hacer — órdenes y más ordenes, pero lo único importante no salía de su cabeza.

  1. de no ser humano» la voz en su interior sonaba completamente burlona.

— Cállate — le respondió a la voz que enloquecía su mente.

— ¿Disculpa? — respondió Dafne ofendida.

«Ventajas de no ser humano, ventajas de no ser humano ¡ventajas de no ser humano!»

— ¡Que te calles de una puta vez! — grito Rubi, con una voz propia y otra que no parecía tanto de ella, era gutural, sus ojos se mostraron de un plateado con tonos rojizos y entonces la habitación se comenzó a incendiar.

— ¡Rubi! — exclamo Dafne alterada.

«Jajajaja la has vuelto a cagar, morirás»

 



Bukhal

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En el texto hay: vampiros, maldicion, angelesydemonios

Editado: 07.04.2019

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