Maldita

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Las santas escrituras enseñan que sólo los ángeles son inmortales, son espíritus puros e incorruptibles, obviamente Cameron no seguía el mismo camino. Estar lejos del cielo solo provocaba que se hicieran más humanos, que se volvieran vulnerables y poco a poco dejaran de ser aquellos guerreros destinados a eliminar la plaga que se alimentaba y contagiaba a la humanidad.

—Dafne... ¿qué significa esto? — la voz de Sam se había vuelto trémula.

—Todavía no lo sé y no quiero averiguarlo... será mejor que nos deshagamos de ella.

—¿Qué va a pasar con Cameron? — su compañero estaba totalmente pálido, siendo víctima de la inconsciencia.

—Está infectado Sam, tenemos que purificarlo primero, ve con el médico yo me encargaré de ella.

«Al fin, despertaste por ti misma» — nuevamente aquella sombra de ella, con una voz completamente diferente a la propia, un lugar sumido en la oscuridad, pero su cuerpo por alguna razón conservaba vitalidad y fuerza.

«¿Qué significan estos encuentros? Pensaba que era un mal sueño, hasta que desperté y habías quemado mi brazo hasta el hueso» — su mirada esta vez se mantenía fija en aquel ser — «es imposible que seas idéntica a mí, no tienes ni una semejanza a mi» — la voz de la pelinegra sonaba dura y sin temor alguno, no obstante, aquel oscuro ser le tomo del mentón y sonrió se forma sádica, provocando que su piel se erizara por completo y que por sus vertebras la atravesara un escalofrío demoníaco.

«Eres muy atrevida con lo desconocido. Pero no te equivocas, no tengo ningún parentesco contigo, mucho menos en el sexo» — su voz esta vez se representó como una masculina y tomo cierta distancia. No comprendía, no sabía con exactitud a lo que se enfrentaba y no estaba segura de querer descubrirlo, pero ya era demasiado tarde para eso.

Frente a ella apreció una figura que no era capaz de describir, que le causaba terror, excitación y repugnancia a su vez. Tenía miedo, el cuerpo le comenzaba a temblar repentinamente, unos ojos totalmente rojos con la esclerótica negra la miraban fijamente, una lengua bífida y áspera se deslizaba desde su cuello hasta el lóbulo. Su cuerpo quedo completamente paralizado, intento distinguir el cuerpo contrario, pero no era nada más que una mancha negra que le helaba la sangre y penetraba su carne con suma lentitud.   

«Tú y yo somos uno desde tu existencia» — sintió un líquido recorrer su estómago, brazos y piernas. Posteriormente un dolor desgarrador, como si arrebatarán alguna parte de ella, aunque no era algo solo físico. Su sangre se mezclaba con un líquido negro, se mantenía completamente quieta ante esa criatura. Poco a poco parte del cuerpo negro comenzó a introducirse por su boca, provocando fuertes arcadas y lágrimas en los ojos — «reconóceme, únete a mí. Podemos ser uno solo Rubi, no hay necesidad de estar luchando por un cuerpo»

Ahora todo tenía sentido, por eso se debía el dolor. Aquel ser buscaba únicamente dos cosas, fusionarse o apoderarse de su cuerpo y mente, lo cual terminaría logrando tarde o temprano, era mucho más fuerte que ella. Respiro profundo por la nariz, miro a aquel ser y sujeto su cuello, este finalmente tomo forma ante ella, apretó el cuello con más fuerza hasta que las sombras viscosas salieran de su boca y de las otras partes de su cuerpo. Era un hombre robusto, de cabello largo, tatuado en distintas partes de su cuerpo y unos ojos sumamente atrayentes.

«No dejaré que poseas mi cuerpo por completo, no dejaré que me domines» — a pesar de lo débil que se encontraba su cuerpo, encontraba la fuerza de mantenerse estable mentalmente — «aceptaré fusionarme contigo, que las dos personalidades se conviertan en una sola, solo si me dices tu nombre» — finalmente había comprendido que tenía un demonio frente a ella, que por alguna razón este estaba encerrado en su cuerpo.

El hombre la miro con una sonrisa y tomo la mano de ella, haciendo un profundo corte en la palma, dejando que el líquido carmesí cayera hasta el suelo intangible. Luego sujeto su propia mano e hizo el mismo corte, a diferencia que esta vez el líquido era completamente negro y quemaba, como si fuera alquitrán caliente. Posteriormente tomo la mano femenina y le dio un apretón con la propia.

«Abaddon» — respondió con voz ronca, inspirando temor y sensualidad a su vez. En el momento en que Rubi reconoció el nombre, se paralizo por un momento y sintió como la sangre ajena comenzaba a penetrar la palma propia.

«Abaddon… el demonio destructor, imposible» — bruscamente aparto la mano y un mareo instantáneo vino a ella — «mientes… es imposible» — musito con debilidad, a lo que el otro simplemente sonrío y volvió a tomar su mano.



Bukhal

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En el texto hay: vampiros, maldicion, angelesydemonios

Editado: 07.04.2019

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