Maldita

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—Son portales que se activan cuando un ser tiene poder mágico en su interior, de esta forma se mantienen los humanos lejos de este lugar — explicó Sam de forma anodina, entrando después de ella.

Rubi observaba con detalle lo más mínimo, aunque era un poco oscuro, su vista poco a poco se acostumbraba y disfrutaba de las luces de colores que iluminaban tenuemente, dejando ver distintas calles y criaturas a medida que avanzaban.

No podía evitar sentir repeluzno al observar, criaturas que pensó que no existían nada más que en las fantasías y libros de ficción. 

«Hogar, dulce hogar» — retumbo en su mente, acompañada de una engolada risa. Ella simplemente sacudió la cabeza mientras Sam la observaba con el ceño fruncido. No todos eran físicamente horribles, algunos eran hipnotizantes y cautivadores.

—Ten cuidado con las calles y fíjate en sus nombres — dijo el castaño sin darle ninguna explicación en lo absoluto.

—¿Por qué?

—Tsch… — soltó sin explicar nada.

«Este lugar se mantiene con vida gracias al poder mágico de sus habitantes y de la oscuridad que estos poseen, Sam planea algo ten cuidado» — ¿desde cuándo aquella voz había sido de ayuda? Aunque no podía negar lo que decía, tenía un mal presentimiento respecto a Sam.

Algunas personas los miraban con odio, al parecer se dirigían a algún punto de encuentro, pero estaba más que claro que no eran bienvenidos en ese lugar.

—¿Al menos me dirás a qué se debe el desprecio de tanta gente? — el ángel simplemente la miro de arriba abajo y sonrío con malicia.

—Los ángeles nunca somos bienvenidos en este lugar, se le considera como un segundo infierno — una criatura corto las palabras de Sam al ponerse frente a Rubi, de figura felina paso a tomar una femenina y acercó su lengua peligrosamente al cuello de la pelinegra, antes de sentir su tacto Cromwell le estaba sujetando el cuello. No fue necesario decir ni una palabra, el cuerpo femenino tomo forma de reptil y se escabullo con facilidad.

—¿Qué fue eso? — Sam simplemente río.

—La bienvenida de un cambiaformas. Ya te lo dije, no somos bienvenidos, no debería sorprenderte — el castaño detuvo su paso repentinamente — vendré por ti en un par de horas.

No dejo que ella dijera nada, desapareció en un abrir y cerrar de ojos. La de situación de por si ya era extraña, no sabía hasta donde podía llegar aquello.

Camino unos cuantos pasos hasta que visualizo una fuente de diversos colores, donde el agua se expresaba con distintas formas. Se acercó lentamente, pero un fuerte apretón en el brazo la detuvo por completo. El tacto había tosco y levemente doloroso. La azabache volteó molesta quedando pasmada ante la presencia.

Un nombre alto de 1.90 aproximadamente, hercúleo, con el cabello castaño ondulado llegando un poco más abajo del hombro, ojos violáceos de mirada peligrosa, barba un poco crecida, con una cicatriz en su mejilla, una apariencia bastante vikinga. Atractivo sin duda alguna, pero inspiraba terror, era como si ese sujeto fuera a asesinarla en un parpadear, pero no lo hizo. Simplemente la soltó y en ese instante se dio cuenta del tatuaje que estaba en sus manos. Alzó la vista hasta su cuello y noto otro tatuaje con forma de ave, seguramente un cuervo.

—…— abrió la boca, pero no fue capaz de decir ni una palabra, el hombre alzó una ceja y ella corrió la mirada, sintiendo como su cuerpo temblaba involuntariamente.

—No voy a hacerte daño, solo evito que vayas por ese camino — su voz era hipnótica, gélida y vigorosa a su vez. Su cuerpo reaccionaba por si solo, pero no de una forma grata. Al contrario, se sentía erguida, algo en su interior temblaba por el hombre que tenía al frente.

—¿Quién eres? — preguntó la femenina con la voz quebrada.

—No es de tu incumbencia, no vayas por ahí — dijo el de ojos violáceos con un tono de voz mucho más profundo que antes.

—Bien… — intento recobrar la compostura — ¿por qué razón no puedo ir por ese camino?

Intentaba ser más desafiante, como lo había sido anteriormente cuando la habían mantenido cautivada, aunque en esta ocasión la situación resultó ser totalmente fallida.

—Eres nueva aquí ¿no? — sonrió de forma burlona y apuntó una indicación donde aparecía el nombre de la calle — si entras por ahí te quedarás por días perdida y serás consumida por tus propios miedos, es algo peligroso… especialmente para los ángeles.



Bukhal

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En el texto hay: vampiros, maldicion, angelesydemonios

Editado: 07.04.2019

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