Maldita

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Él la observaba atentamente, algo no era normal… su olor tenía algo que no era del todo normal y le desagradaba. La miró fijamente y como si a ella se lo hubieran ordenado, la obligo a acercarse. “Fryvós” era el nombre de la calle. Lo cual significaba “temor” en Révebitus, una lengua demoníaca prohibida, ya totalmente muerta, aunque… no en aquel lugar.

Rubi quedo en una especie de trance y se acerco hasta quedar parada en medio de la calle, justo frente, al contrario. Sus ojos poco a poco iban perdiendo la vida y el ajeno la miraba con gracia, de cierta forma la debilidad le divertía.

Todo alrededor de Rubi desapreció y se volvió completamente negro…posteriormente vividas llamas comenzaron a invadir y terroríficos gritos rompían sus tímpanos hasta hacerlos sangrar. Se llevaba las manos a los oídos y se apretaba la cabeza con fuerza, intentando apaciguar aquello.

«No es real, Rubi, no es real» — era inútil intentar escuchar aquello como un débil susurro, en aquellos gritos desgarradores que parecían culparla. Poco a poco más heridas aparecían en sus brazos, estos parecían desgarrarse por si solos, su cuello, clavícula y piernas también dejaban caer sangre a su paso, no obstante, esta no era normal, era de una especie de gris con tonos rojizos. — «¡reacciona! Ahora somos uno Cromwell»

Salió de su trance en cosa de segundos, sus ojos estaban de aquel singular color dorado mezclado con plata líquida, no había sangre y mucho menos heridas en su cuerpo. Diviso con vesania al hombre de violáceos iris, desconcertándose ante el temple masculino.

  —¿Qué eres en realidad? — su glacial y ronca voz desbordaba una emoción que no pudo distinguir con claridad.

—Una humana común y corriente — respondió severa y desafiante. Aquella era la única mentira que deseaba que volviera a ser real.

—Una humana común y corriente no sale de fryvós fácilmente, ni siquiera un súcubo lo hace. ¿Quién eres? — pregunta rompiendo la distancia que había entre ambos. Mentalmente esta vez ella no se dejo intimidar, aunque físicamente la situación era otra completamente diferente.

—Tal y como tu me dijiste antes, no es de tu incumben…cia — no pudo finalizar su última frase, el sujeto le había tomado del cuello sin esfuerzo alguno y ella se comenzaba a desesperar por obtener aire, aunque solo fuera un poco. La sangre comenzaba a subir a sus oculares y sus pulmones se comenzaban a vaciar. Rubi alzó una de sus manos y le toco el brazo al contrario con desesperación — ¿estarás más cooperativa esta vez? — tras unos segundos la soltó.

La pelinegra respiraba con dificultad y se llevaba la mano al cuello, miraba al contrario con furia, aunque ya se había dado cuenta de que no podía hacer absolutamente nada, todo terminaría siendo en su contra para bien o para mal.

—Rubi — musitó ahogadamente, sin dejar de sujetar su cuello, el cuerpo le temblaba casi de forma exagerada. Le temía, le tenía un gran miedo a ese hombre. No era capaz de controlar sus propias manos y cuando este se acercó nuevamente, su corazón se detuvo por un momento.

—Damon — se presentó como si nada y le tendió una mano al cuerpo femenino, que se encontraba agachado, sin saber en qué momento exactamente había optado esa posición.

—Creo que existen mejores formas de presentarse — tomo su mano luego de expresar con recelo. Cálida e impotente a su vez, por alguna razón esa fue la primera impresión que le dio su tacto — explícame que es este lugar… — intento finalizar con un por favor, pero fue incapaz, no era su falta de modales, sino más bien su orgullo el que le impedía tratarlo de forma decente.

—Exigente — se mofo el otro — bien chica “humana” — enfatizo lo último únicamente para molestarla — hora de salir de aquí antes de que llames más la atención. Hay muchos seres que les gustaría desgarrarte la carne en este preciso instante… incluyéndome — finalizo con cierta picardía que provocaron que el cuerpo femenino se estremeciera del terror.

«¡Aléjate, no confíes en él!» — seguía insistiendo constantemente su interior, le comenzaba a doler la cabeza de tantos gritos que daba e intentaba ignorar.

—¡Cállate de una puñetera vez! — exclamo finalmente, llevándose las manos a la cabeza y haciendo presión sobre esta. Los gritos y advertencias eran insaciables.

—No exageres… — respondió el demonio un tanto desconcertado, aunque no tardo en darse cuenta de que no se dirigía a él precisamente —vaya… mejor nos vamos — la tomó del brazo y la cargo en su hombro. Muchas criaturas se estaban comenzando a acercar a ellos. Esto no era para nada bueno, tampoco tenía verdaderos motivos para ayudarla más allá de la simple curiosidad que le daba sentir el olor a un ángel y ojos completamente diferentes a los de uno, sin mencionar que había sido un ángel el cual la había llevado a ese lugar. Algo no le calzaba y estaba dispuesto a averiguarlo.



Bukhal

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En el texto hay: vampiros, maldicion, angelesydemonios

Editado: 07.04.2019

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