Maldita

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Confusión

Temor

Cólera

Frustración…

Cuatro sentimientos y sensaciones completamente diferentes las experimentaba al mismo tiempo. Todo desde el inicio era confuso, no comprendía que bando era bueno o malo, ni siquiera sabía que eran ¿ángeles, vampiros y demonios? ¿Desde cuándo su mundo se había ido completamente patas para arriba?

Al sentir la presión de Dafne en su brazo, los temblores y escalofríos que le causaban el aura de Damon en su cuerpo y como el cuerpo de Sam estaba a punto de ser desmembrado desde la cabeza, la hicieron tomar una decisión. No podía seguir dependiendo de las decisiones de los demás, no podía seguir dependiendo de cada uno de ellos y que la manejaran como un simple títere.

¿Tenía pánico? sí, ¿comprendía la situación? Joder ¡no! Pero ya estaba cansada, de desmayarse por situaciones que no podía controlar. Cansada de que cada situación se le escapara por completo de las manos, se armó de valor y tomó con fuerza el brazo de Dafne. La mujer la miró sorprendida y el semblante de Rubi se endureció aún más.

—No sé si alguno de ustedes cree poder tener control sobre mí, manejarme a su antojo lo que sea, pero definitivamente me harte. — Sus ojos estaban ligeramente dorados y mucho más intensos. — Damon ¿puedes soltar a Sam, por favor? — si bien no era una orden directa, su tono de voz reflejaba todo lo contrario a una petición. — hubiese sabido que todos iban a actuar como unos malditos idiotas, hubiese consumido éxtasis antes de venir — soltó con ironía.

El castaño la miro con una ceja alzada, mantuvo la mirada fija y luego una sonrisa seductora se dibujo en sus labios. No eran finos, pero tampoco demasiado carnosos… eran idóneos. Se apartó y camino directamente hasta ella, nuevamente un espasmo le recorrió por la columna y se detuvo en la base de su nuca.

—Cariño, deberías cuidar más esa corrosiva boca tuya — alzó una de sus manos y con el pulgar le acaricio el voluminoso labio inferior. Un tierno sonrojo apareció por las mejillas de esta, pero su semblante no cambio en lo absoluto. Rubi le tomó la mano y la apartó sin más, estaba cansada de dejarse manipular.

—¿Y tú te encargarás de enseñarme como cuidarla? —respondió satírica. — No sé qué esta pasando, pero no quiero ser parte de toda esta estupidez. No soy como ustedes, como ninguno de hecho, no sé donde carajos me has traído Sam, pero definitivamente ahora tendrás que aguantarte el hecho de seguir sin mí. ¿Quieres matarme? Perfecto hazlo — estiro los brazos, uno a cada lado y se acercó a él, pasando por el lado del demonio. No tenía nada que perder, tampoco tenía idea alguna de las intenciones del otro, simplemente eran suposiciones sin coherencia alguna y ella ya estaba completamente desquiciada. Sin embargo, fue repentinamente sorprendida cuando Sam intento apuñalarla en el estómago, la pelinegra abrió los ojos en par, tosió un poco botando aquella sangre mezclada con aquella sustancia negra que parecía alquitrán. Se llevo la mano a su vientre en cuanto el arma fue retirada y observó a Sam con odio y rencor. Era un dolor punzante, intentaba detener el sangrado de extraño color, pero era casi imposible.

—Estas contaminada por completo, no mereces nuestras alas — expreso Sam con un tono que reflejaba mucho más que ira, pero imposible de explicar en realidad. Era ira y odio que invadía su esencia… algo que ella nunca había visto de tal forma.

El cuerpo de Rubi comenzó a convulsionar y una risa macabra surgía de su garganta. Observó a su agresor con una sonrisa desquiciada y apartó la mano, para lamer su negra sangre. La herida ya había dejado de sangrar.

—Éna døthán botført sealtipán brinfé caladys — dijo Rubi en un extraño idioma que los ángeles no fueron capaces de comprender, provocando un inmenso temor en estos, aunque no supieran que diablos significaba.

—¿Qué? — preguntó con voz temblorosa Dafne. Damon era el más sorprendido de todos, aunque no se había siquiera inmutado en escuchar sus palabras, él las comprendía a la perfección. Era Révebitus, la lengua prohibida.

—“Una muerte mal hecha siempre trae desgracia” — explicó Damon y observó sin interés alguno a Sam. — será mejor que se vayan. — les dijo con una mirada amenazante. Esa chica era especial o mejor dicho inusual. 

Dafne y Sam permanecían estupefactos, en algún momento se acercaron y Damon acortaba la distancia con el fin de que estos se alejarán de la chica.

Rubi se arrodillo en el suelo y apoyo las palmas sobre este último, comenzó a respirar con tranquilidad, sin ser consciente realmente de lo que había sucedido. Damon permanecía ajeno a ella al estar amenazando a los otros dos, que al parecen no tenían ánimos de desaparecer hasta finalizar con la tarea que les fue encomendada.



Bukhal

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En el texto hay: vampiros, maldicion, angelesydemonios

Editado: 07.04.2019

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