Maldita

Tamaño de fuente: - +

16

Lo peor de los demonios era lo atrayentes que resultaban ser. Y lo peor de los ángeles es que siempre tienen algo nuevo con cual sorprender y dejar con la boca abierta.

Damon solo conocía dos tipos de ángeles, aquellos que era muy humanos, adorando hundirse en el pecado y aquellos que añoraban ser celestiales nuevamente, siendo completamente devotos.

Rubi en ese aspecto lograba dejar al demonio completamente sorprendido, pues no era ni uno ni lo otro. Estaba tan cerca de la oscuridad como lo estaba de la luz y no poseía un comportamiento usual. Al ver sus alas se había sorprendido, era justamente lo que tenía en mente, solo que sus suposiciones inconexas ahora se tornaban más reales.

—¿Siempre has sido tan obstinada? — él se acercó a ella sin problema alguno, ignorante por completo la postura desafiante en la que se encontraba.

—Hicimos un trato — replico molesta. Damon frunció el ceño y en un parpadeo la tomó en brazos, cargándola en su hombro contra su voluntad. Rubi no hacía más que golpearlo, pero Damon carecía de paciencia.

La bajo de golpe y la sujetó de los hombros frente a él.

—Yo no hice ningún trato, nunca acepté. — sus ojos se habían vuelto completamente negros y la voz mucho más gutural de lo que hubiese deseado.

El cuerpo femenino se estremeció completamente y abrió la boca para decir unas palabras, no obstante, estamos no se llegaron a ejecutar, decidió permanecer en silencio. Le temía, Damon le daba mucho miedo.

—No es como que pueda controlarte por saber tu nombre — error, Rubi nunca debió mencionar aquellas palabras, solo provocaron más la ira del demonio.

—¿De verdad vas a ser capaz de jugar con fuego? — su mandíbula se ensancho ligeramente y su mirada se volvió más potente — no confío en ti y mucho menos en la cosa que tienes dentro de ti. Si tu no puedes controlarme, posiblemente ese demonio sí, no me dejo entrar en tus pensamientos después de todo. — era la primera vez que lo veía tan furioso, incluso su esencia había cambiado por completo. — entra de una vez, no quiero perder el tiempo contigo.

Fue sensata y decidió callar, todavía no comprende con claridad que es lo que desea Damon de ella, ni tampoco esa necesidad de saber su verdadero nombre. Era algo completamente involuntario y fuera de sí.

«Zachary...» Ante la repentina voz, se sobresalto e hizo una mueca sin comprender en lo absoluto «Zachary, es el ángel que se convirtió en demonio, su poder es inconfundible.»

Al parecer Abaddon ahora estaba mucho más dispuesto a ayudar, sin mencionar que era el único que al parecer era capaz de identificar al demonio que se encontraba frente a ella. ¿Acaso sería Damon el verdadero demonio alado?

—¿Zachary? — musito la pelinegra y lo siguiente que sintió fue una enorme mano, acompañadas de garras en su cuello. Los ojos del masculino todavía más profundos y un extraño poder saliendo de él.

—¿Quién esta en tu interior? — su rostro ya no tenía absolutamente nada de bello, era terrorífico, cada bello de su cuerpo se erizo y su piel ardía en frío. Sentía como si sus órganos lentamente se congelarán...toda la temperatura de su cuerpo descendía notablemente, pero fue entonces que sus ojos se volvieron cobre y el contrario gruño al sentir su mano quemar, pero no la quitó. — ¡responde!

—¡No! — el suelo comenzó a temblar, quemaba el brazo del demonio al sujetarlo, pero este a pesar de eso se negaba a soltarla. Su brazo regeneraba con rapidez, ni siquiera lograba hacerlo sangrar. La voz de ella se comenzó a hacer más ronca dado a la falta de aire. El suelo se agrietaba y la apariencia ajena volvió a la normalidad con una sonrisa arrogante en sus labios. Estaba segura de que el otro había descubierto algo muy grato al parecer.

—Abaddon — dijo con voz firme y su cuerpo por completo se puso tenso involuntariamente — ese poder es inconfundible Rubi, no intentes ocultarlo. Ahora comprendo como mi nombre llegó a ti — aunque por dentro el demonio sabía que era una fortuna que no pudiera controlarlo en realidad.

Los ojos femeninos volvieron a ser los verdes de siempre y su cuerpo seguía tieso como el de una estatua. Le costaba articular las palabras sentía como si el ser de su interior se hubiese congelado por completo.

—¿Así que sí es Zachary? — era magnético, tenía algo, esos ojos violáceos que a veces eran capaz de representar la maldad por si misma, tenían algo que la mantenían cautivada. Él simplemente asintió y sonrió ladino.

Era increíble como pasaba de la ira incontenible a la paz inexplicable, era prácticamente como dos sujetos completamente difetentes. El demonio era alguien imposible de descifrar, apenas lograba hacerse una idea sobre quién era, algo nuevo y completamente diferente aparecía, nunca parecía mantenerse estable.

—¿Vendrás conmigo ahora? —antes de que ella pudiera responder, sintió un corte en el cuello, abrió grandes los ojos sujetándose, pero en ese instante se dio cuenta de que no había sido el demonio el causante — Rose — prácticamente gruño, apegando a la pelinegra a él.



Bukhal

#4191 en Fantasía
#2384 en Thriller
#1365 en Misterio

En el texto hay: vampiros, maldicion, angelesydemonios

Editado: 07.04.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar