Maldita

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La joven estaba totalmente asustada y fuera de sí. No sabía que diablos había ocurrido, tenía miedo y pánico. Las manos le temblaban sin cesar y a pesar de tener el cuerpo masculino pegado a ella, sentía temor. ¿Qué era lo que había hecho?

 Estaba en una situación que desconocía por completo y el demonio del cual había huido tan molesta se encontraba frente a ella, mirándola sin comprender la situación en lo absoluto. Lo podía notar entre molesto y a la vez inquieto por encontrarla en tal estado. 

Zachary la sujeto de los hombros calmando su semblante, llevando lentamente la diestra a su mentón sujetándolo con su índice y pulgar, posando aquellos ojos violáceos fijamente en los jades de la femenina. 

— ¿Qué tienes? — habló finalmente el masculino, intentando descifrar que era aquello que estaba perturbando al ángel de tal forma. La femenina temblaba por completo, su mirada estaba ligeramente distorsionada, no se parecía en la nada a lo que había visto segundos antes de que ella escapará. 

— Zach… yo… yo… — no fue capaz de terminar la frase cuando el suelo comenzó a temblar, Azrael estaba consciente, ya no había escapatoria, no sabía que hacer — ¡no! — su voz se volvió completamente gutural y sus iris nuevamente de aquel color carmesí.  Su cuerpo temblaba con desesperación y el contorno de sus ojos iba tornando un color negro. 

En ese momento Zachary se había dado cuenta que Rubi no solo poseía una parte de ángel, sino también un lado demoníaco, totalmente híbrido, había visto sus ojos de diferentes colores, cambiaban según sus emociones y sentimientos. Él demonio alado no hizo nada más que sujetarla contra su pecho.

Domukilida — susurro contra el oído de la femenina, a la vez que observaba como detrás de ella se aproximaba el ángel de la muerte. No sabía que había hecho ella, pero estaba seguro que nada bueno. Esta comenzó a gritar, tapándose los oídos, hasta que un aura negra los invadió y terminaron por teletransportarse hasta el hogar de Zachary en unos segundos. 

Ella todavía se sentía débil, pero al menos ya no tenía aquel zumbido en los oídos que la estaba volviendo loca, que la llenaba de terror… no solo había herido y amenazado al ángel de la muerte. También le había quitado el única arma que era capaz de asesinar a cualquier ser sobrenatural, haciendo que su alma no pudiera ir ni al cielo o al infierno. 

— ¿Qué hiciste? — susurro la menor, sin soltar al demonio. No quería soltarlo, se sentía segura a su lado, al menos por esos momentos y desprendía un olor que de alguna forma la mantenía taciturna por esos momentos. 

— Un conjuro de teletransporte — no intento apartarla, pero tampoco se aferraba a ella, le resultaba un tanto extraño el comportamiento de este. — ¿Qué ocurrió? ¿Por qué estaba Azrael ahí? — la sola mención de su nombre hacia su cuerpo estremecer. Se aferro con más fuerza al contrario y las lágrimas comenzaron a salir involuntariamente. 

Toda esa faceta de mujer fuerte, que no lloraba por nada ni nadie se había perdido por completo en esos momentos, ni siquiera ella lo sabía. Su pecho presionaba con bastante fuerza, como si la estuviesen apuñalando constantemente. Fue entonces que el demonio sintió algo que presionaba contra su estómago. Apartó ligeramente a Rubi y la palmo, ella no pareció reaccionar y entonces el contrario observó la daga. Su rostro se puso totalmente serio y todavía no podía creer lo que tenía entre sus manos. ¿Cómo ella había logrado quitarle tal objeto al ángel de la muerte? 

— Rubi… necesito detalles ahora mismo — le dijo esta vez con un tono mucho más severo, pero ella no era capaz de hablar. 

«Dile, es el único que puede ayudarte.» 


— Abaddon — musito, respondiendo en voz alta, haciendo que el contrario no comprendiera en lo absoluto y el cuerpo de la pelinegra volviera a temblar. 


— ¿Qué? ¿Te obligo? — intento alzar el rostro de ella para verla, pero se negaba a hacerlo. 


— No… lo escuchaba, no podía obedecerle — susurro y tembló. Poco a poco se separo de Zachary y lo miro fijamente a los ojos — Azrael esta débil, me llamaba con desesperación y termine en suicide falls — explico, esta vez calmándose lentamente. Su voz ya no se escuchaba tan quebrada, poco a poco se iba relajando al darse cuenta que estaba a salvo. — lo invoque y cuando intento lastimarme yo lo hice primero, le quite la daga… pero no lo asesine, le dije que todavía lo necesitaba… — susurro y esta vez soltó completamente al otro — Abaddon no fue, yo tampoco… algo mayor a mi…  


Y no necesito decir nada más, ahora comprendía cual era el motivo de su reacción. Él en algún momento de su transición también lo había asustado bastante. Como ángel tenía poderes asombrosos e inimaginables, pero al pasar a ser un demonio aquello simplemente se intensifico y se volvió mucho mayor. Al principio también lo asusto, tenía lagunas mentales y no sabía en realidad por lo que estaba pasando, le tomo bastante tiempo controlarse y poder controlar aquel poder demoniaco que se había unificado con su poder celestial. 



Bukhal

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En el texto hay: vampiros, maldicion, angelesydemonios

Editado: 07.04.2019

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