Maldita Fantasía

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C42: Amo el mar

—Bienvenidos a Malibú— sonrío, muy alegre al señor que nos recibe     

—Bienvenidos a Malibú— sonrío, muy alegre al señor que nos recibe. Hace muchísimo calor a comparación con Seattle que ahí, ya estaba nevando

—¡ustedes!— grita mi hermana— ¡dejen de golpearse con las maletas!—volteo para ver quienes son pero, me encuentro con James cargando solo una maleta y Scott lleva cinco y sin ningún esfuerzo, frunzo el ceño, Scott trama algo. Justo en ese momento aparece mi padre. 

—muchas gracias Scott, tú si nos ayudas— halaga mi padre y mi novio sonríe victorioso— deberías aprender más de el, James— el novio de mi hermana suspira, irritado. Me río por que solo quería que lo viera mi padre para ganarse más puntos. 

El clima es caluroso de hecho, yo siento mucho calor... nunca he estado en lugar así, siempre he vivido en Seattle y ahí el clima es nublado, lluvioso, nevado. Pero Scott dice que hay lugares aún más calurosos y, le creo. Nos subimos a un taxi bueno, solo mi padre, Scott y yo ya que Grecia y James se van solos con las maletas y por que Grecia no cabe con nosotros gracias a su enorme barriga. 

El camino hacia el hotel es relativamente corto y literal, quiero echarme a correr hacia el mar. Lo quiero conocer ya. 

Tenemos la fortuna de tener un hotel al lado del mar y aunque no es lo más lujoso del mundo, me gusta como para ser mi primera vez. Scott nos ayuda a bajar el equipaje y aunque le dije que yo podía con el mío, no quiso y lleva dos maletas en una sola mano. Todos se le quedan viendo cuando entramos a la recepción, nadie podría cargar dos maletas enormes con una sola mano y que ya este sufriendo por el peso. Pero, Scott no es normal y si se lo propone, podría hasta levantar este hotel sin una gota de sudor. 

Nos dan dos habitaciones en el último piso y doy gracias a que mi padre decidió quedarse con Grecia y James. 

Scott y yo abrimos con la tarjeta-llave que nos dieron y por un solo segundo se me olvida que no es un hotel lujoso. 

Hay una cama King Size con sábanas azules y adornos dorados, dos mesitas de noche a cada lado, una televisión aceptable, un escritorio y una de esas sillas que tienen ruedas en la parte de abajo que por supuesto, si te sientas comenzaras a girar. Me abro paso para dar de frente con el balcón y, me maravillo con la hermosa vista que tenemos de las playas de Malibú. 

Un extenso y azul mar se abre paso ante mi, no hay muchas personas en la playa pero si dentro del agua, muchas están practicando surf y muchas otras en barcos. Creo que mis ojos brillan.

—obligue a la recepcionista a que nos diera las habitaciones presidenciales— interrumpe Scott— no es lo mejor este hotel pero, te mereces mucho más— y yo, desde donde estoy no aguanto las ganas de abrazarlo. Corro hacia el sin importarme nada y salto hacia el, Scott me recibe y como acto de reflejo enredo mis piernas al rededor de su cintura. 

Tengo sus labios en frente mío y sin dudarlo, lo beso. Y con ese roce, quiero decirle que gracias por todo, gracias por ser mi luz en todo esto, gracias por apoyarme, gracias por estar conmigo en los momento más difíciles de mi vida. Pero no lo hago, no digo nada. Por que se, que el lo entiende, no necesitamos palabras para poder decirnos todo eso. 

—venga, ponte el bañador para poder salir al mar— pide, una vez que nuestros labios dejan de estar juntos. Me baja y cuando estoy apunto de meterme al baño con mi maleta... por la pena, Scott me interrumpe— ¿Alaska?

—¿si?— pregunto 

—nunca olvides que te amo— y yo, con una sonrisa de colegiala, el corazón latiendo a mil por hora le contesto 

—yo te amo más, Scott— me sonrojo y cierro la puerta del baño antes de ponerme a gritar como una chica loca.

Oigo la risa de Scott y yo no puedo sonrojarme más.

 

 

 

 

 

 

—¿Cuánto haces de ejercicio?— me pregunta James viendo mi cuerpo tan tonificado

—¿Cuánto haces de ejercicio?— me pregunta James viendo mi cuerpo tan tonificado. Estamos a un lado de la playa, el padre de Alaska rento una mesa con sombrilla para nosotros y aunque amo el mar como no tienen una idea... de hecho, algunas veces me he puesto a pensar que si en mi otra vida no fui Poseidón. Lo único malo es la arena caliente... solo eso. 

—todos los días— le respondo con mi mejor sonrisa de autosuficiencia. La verdad es que tengo el cuerpo un poco más tonificado que el promedio— además del americano, hago una hora de basquetbol y tres horas de atletismo— no puedo evitar sonreír cuando James me mira sin poder creérselo—y hay un deportivo cerca de Eastwood, ahí voy a nadar unas cuatro horas los fines de semana



BRAVE-N

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En el texto hay: amor mistico

Editado: 16.04.2018

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