Malvada Belleza©

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Capítulo 47. Orgullo muerto.

BRANT

Han pasado siete horas desde que estoy conduciendo mi vieja camioneta, Kian se ha mantenido especialmente silencioso, ha estado leyendo un viejo libro para matar el tiempo; he intentado platicar con él sobre cualquier cosa para distraernos, pero solo da una que otra respuesta básica y vuelve a la lectura, he parado con mi intento de hablar, después de todo cada uno tiene una forma completamente diferente de afrontar los problemas.

—¿Podemos parar en la próxima gasolinera? Tengo que ir al baño y ganas de comprar algo —me solicita, le miro de soslayo antes de responder.

—Seguro, hay una muy cerca. —Cuando ofrezco la respuesta es que me entero de que la zona es mucho más conocida para mí de lo que hubiese esperado. Estamos sumamente cerca de los dominios de mi anterior manada.

Nos detenemos en la gasolinera, Kian desciende y yo aprovecho para usar la tarjeta con los ahorros que tengo para llenar el tanque de la gasolina, enfoco la caseta de color desgastado de un color parecido. Recuerdo bien este local, recuerdo que la vieja mujer que trabajaba aquí nos obsequió un paquete de galletas con una bolsa de leche cuando estábamos por emprender el viaje hacia mi abuelo, creo que llevábamos más de cuatro días sin comer algo, gracias a esa amable mujer llenamos nuestros estómagos y tuvimos la fuerza para continuar la travesía.

—Listo —anuncia Kian, de repente me extiende un paquete de frituras—, no has comido nada más que maní desde que salimos, esto te sentará bien.

—Quien diría, también eres considerado —digo. Él sonríe pequeñito y asiente.

—Hace frío aquí. —Ajusta la cazadora que lleva puesta.

—Estamos en esa época del año, en otro tiempo haría más calor. —Regreso al auto, él también lo hace, se cruza de piernas y abre el paquete de frituras.

—Todo lo que hay por aquí son árboles de pinos —comenta Kian mientras tomamos carretera nuevamente—: y el piso está frío, realmente no me agradan los lugares así, siempre hay tanta humedad.

—¿Te gusta el desierto? —le cuestiono burlesco.

—No, pero prefiero las zonas cálidas, me gustaba ir de vacaciones en familia a la playa, era muy divertido —reconoce—, Dami y yo siempre hacíamos un castillo de arena cerca del mar, y esperábamos hasta que las olas lo arrasaban.

—Eres muy unido a él —decido decirle.

—Es porque todas las personas vienen solas al mundo —expone—, todos están solos desde que se conciben, hasta el día en el que nacen y por el resto de nuestras vidas; para Damián y para mí es diferente, nosotros hemos estado juntos desde siempre, cuando no había nadie más sostuvimos nuestras manos, por eso me siento culpable, he estado tan feliz con Gabriel que he olvidado lo importante que es mi hermano para mí.

—No es tu culpa, al menos no por la razón que piensas —departo—: tener tiempo para ti es un deseo muy natural de los vivos, estoy seguro que tu hermano entiende perfectamente que a diferencia suya, tu siempre estuviste evitando lo que querías, no está mal obtener lo que tanto deseas y disfrutar de ello, no te castigues.

—Siento que le he dejado, y siento que pude haber hecho cualquier cosa para que esa perra demente no le lastimara, pero no me di por enterado, se veía muy normal —manifiesta apesadumbrado.

—Tampoco nos enteramos, todos tenemos responsabilidad, especialmente yo, dos miembros de mi manada han salido heridos y no he hecho nada, no he podido hacer nada, y aunque quisiera golpear mi cabeza contra una pared, eso me quitaría tiempo valioso para volver a ver la sonrisa que amo.

—Mi hermana te tiene mal —me comenta con diversión, y puedo percibir cómo se siente más calmado.

—No estoy en mal juicio para negarlo —me rio, él recuesta su cabeza y lleva una fritura a su boca.

—Darcy es muy buena, Damián y yo siempre hemos podido contar con ella, siempre ha sido el pilar que nos soporta y nos tiene la mano, mira nada más, ha sido ella quien ha salvado a Dami, sin importar las consecuencias ella lo dio todo y le protegió, yo pienso hacer lo mismo, por mis hermanos haría lo que fuese —me sonríe por primera vez, mostrándose más animado.

—Comparto el sentimiento, no hay nada que no haría por el bienestar de los chicos.

Pasamos el letrero verde con letras blancas que evidencia que hemos llegado a nuestro destino. Inspiro fuerte, sigo conduciendo hasta la ciudad que está cerca de la montaña, me sorprendo al ver que no han cambiado muchas cosas, las edificaciones e incluso las personas siguen siendo las mismas, sin embargo hay algo diferente en el aire, aunque no puedo discernir que es.



Danparamo

Editado: 03.06.2019

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