Malvada Belleza©

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 52. Tostada.

DARCY

Uso la cuchara de palo para revolver los huevos en la enorme sartén que Brant ha comprado para prepararles el desayuno a todos los miembros de nuestro territorio. Escruto el color amarillo rojizo que deja de ser aguado para convertirse en sólido mientras hago zanjas por él; al tiempo que preparo el desayuno me es inevitable no pensar en los días que han pasado. Hace exactamente siete días que Brant regresó con los jóvenes licántropos, y que recuerdo a Colibrí después de mi encuentro con él. Puedo decir que algo ha cambiado en mí desde ese entonces, porque siento que mi cuerpo está lleno de energía, mis heridas sanaron muy rápido y no sé si se debe a la criatura ancestral o a mis entrenamientos, pero a cada minuto que pasa tengo un mejor control sobre mi magia.

—Panes listos —me avisa Brant, le obsequio una sonrisa mientras le veo dejarlos en una canasta con las servilletas—: ¿llevo el jugo?

—Por favor —le respondo, remuevo una vez más la mezcla para darme cuenta que ya está lista, así mismo apago la boquilla de la estufa.

Levanto mis manos y las impongo a centímetros del sartén, lo suspendo de su sitio, haciéndole levitar, así mismo camino hasta salir por la puerta trasera, todos los cachorros de licántropo están sentados a la mesa; Brant y Gabriel con asistencia de Noah, construyeron un comedor de madera lo suficientemente espacioso para la cantidad de personas que viven aquí ahora. Tan pronto como pongo un pie fuera de la casa, el alboroto muy juvenil se escucha, les oigo reírse a la par que hacen tonterías como empujarse y despeinarse. Para ser tan poco tiempo el que llevan con nosotros, parecen estar realmente felices y haberse adaptado muy bien a vivir en Vertoven.

Al menos no nos han dado problemas y son responsables con los deberes que mi compañero les ha asignado.

—¡El desayuno! —exclama uno de ellos, Yenson.

—Está llegando —les hablo, elevo la sartén, de igual forma la dejo sobre una de las esquinas de la mesa—. Espero que todos se hayan lavado las manos.

—Sí, señora —me responden como un coro, todavía no me acostumbro a que me llamen señora.

—Bien, entonces —giro mi muñeca una vez, los platos salen de la cocina y van pasando por encima de la cabeza de Brant, quien se sonríe al verlos. Él trae la cesta con los panes y un galón con jugo para acompañar la primera comida del día—. Cojan un plato, hagan una fila y acérquense —los licántropos miran los platos acercándose hasta que los cogen entre sus manos.

Los dos primeros días se notaron patentemente nerviosos al verme usar la magia, al tercer día comprendieron que no les voy a hacer daño y se han relajado, ahora mismo parecen estar bien con ello. Todos se ponen en pie y se sonríen, se empujan para tomar un lugar más delante en la fila.

—No se comporten como recién nacidos —les espeta Brant, deja la cesta y el galón al lado del sartén—. Hagan una fila correctamente, niños.

—Sí, Alfa. —Se ponen serios por un minuto, aunque al siguiente vuelven a reírse.

—Bien, voy a servir entonces —manifiesto, sin embargo por el rabillo de mi ojo aprecio a mis cuñados y Tessa, también vienen por el desayuno, dado que hemos estado compartiendo las comidas juntos.

—Yo lo hago —me dice Tessa levantando su mano, igualmente se apresura en llegar a mi lado—, ayer lo hiciste tú, déjame servirles hoy.

—No me negaré a semejante ofrecimiento. —Nos sonreímos, ella toma la cuchara de plástico y se pone a ello, dándome espacio a fin de aproximarme a Brant. Él tiene sus brazos cruzados sobre sus marcados pectorales mientras observa atentamente a todos los chicos; me quedo como tonta viendo la forma en que esa camiseta negra básica le resalta los músculos—. Los estás intimidando con esa mirada —le molesto un poquito.

—Son demasiado ruidosos en el desayuno —me dice Brant suspirando—, tienen que aprender a ser más educados y sobre todo a no comer con las manos.

—No seas un dictador. —Él me atrapa con uno de sus brazos, así mismo me recuesto en su hombro al tiempo que él se ríe bajito.

—No soy un dictador, pero tengo que mantener mi autoridad —declara seriamente—: los cachorros de licántropo tienen instintos, pero se sienten invencibles, no calculan que hay peligros muy grandes en el mundo, y que su Alfa les pateará el trasero si no se comportan correctamente.

—Solo debes aumentar tu energía espiritual, ellos lo sienten —le recuerdo, ante lo que asiente—. Ya les borraste la marca, así que deben entender que tú eres el señor de esta casa.



Danparamo

Editado: 03.06.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar