Malvada Belleza©

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Capítulo 21. Exploración de los instintos.

BRANT

Darcy continúa recostada en mí, las horas han pasado y el frío de la noche la hizo abrazarse a ella misma, quisiera darle calor mediante un abrazo, sin embargo, no me encuentro en posición de hacerlo, primeramente no estoy en condiciones de dar marcha atrás a mi apertura de pelaje; por regla, se deben pasar doce horas transformado en lobo para que haya una integración completa del animal con el hombre; en segundo lugar todavía me duelen partes de mis extremidades, me di cuenta de ello a medida que fueron pasando los minutos. Había escuchado el proceso de cambio era doloroso, nunca imaginé fuese tanto, siento malestar hasta en la punta de las orejas, no obstante, el tener a Darcy aquí para mí, hace las cosas más simples, su olor me relaja y su respiración es muy agradable de oír, por ello, solo le proporciono calor de la manera que puedo, dejando se pegue a mí fin de transmitirle algo de mi calor.

—Sabes, nunca me imaginé estar aquí, ser lo que soy y estar tan a gusto a tu lado —se sonríe, un tanto apenada—: Dios, ni siquiera sé cómo usar bien mis poderes, pero estoy bien aquí, de verdad —no sé de donde viene esa sinceridad, solamente chillo en respuesta pues su presencia me hace feliz.

Se me queda viendo, acaricia mi pelo mientras piensa.

—No sé qué estés pensando, pero creo que deberías estirar tus patas —se desacomoda y con una flexibilidad que desconocía en ella, se pone en pie—: en uno de los libros de la abuela dice que debes correr, eso libera ciertas hormonas y sustancias en tu cuerpo de lobo que son beneficiosas para ti —me levanto con lentitud, sin embargo noto me resulta más fácil que cuando recién me transformé—, así que vamos, bueno, ve a correr, te estaré viendo —me gustaría ella corriese conmigo, si bien entiendo no alcanzaría la misma velocidad que yo, añadido a eso, sus zapatos no son nada útiles para esa actividad.

Con cuidado, abre las puertas de la cripta a la par que la sigo de cerca, apenas percibo el aire en mi rostro, es como sentir una inundación de aromas y sensaciones en mi ser, mis orejas reaccionan ante los movimientos lejanos de los animalitos del bosque, mis fosas nasales perciben los aromas de hace horas, puedo casi ver de dónde vinieron las personas de la manada del abuelo, inclusive consigo percibir mi propio aroma como humano.

Mis vistas son más finas que nunca, ni cuando hacía cambiar mis orbes a voluntad conseguí ver de esta manera, la oscuridad ya no es una limitación, puedo ver claro entre las sombras, consigo aumentar mi visión, yendo entre los árboles varios metros sin siquiera moverme, nunca había oído los lobos hicieran eso, si bien consigo ir bastante lejos, hasta el lugar donde se encuentra un arroyo en el que Matt suele ducharse en los días calurosos.

Consigo ver un cervatillo con su madre, ambos están bebiendo del agua que corre sobre las rocas, mojando el musgo y manteniendo el verdor circundante. La cierva levanta su cabeza, parece escuchar algo y pronto empuja a su descendiente con su cabeza, ambos se agitan y mi vista va hacia arriba, aprecio una lechuza, al parecer salió de entre los árboles hace poco y eso les asustó. Regreso a mi campo de visión natural cuando a ambos lados de mi cabeza me duelen, supongo mis nuevas habilidades tienen un cierto límite de tiempo o tal vez no es eso, si no mi carencia de práctica con las mismas.

Aprieto mis garras contra el suelo, es frío y las huellas de mis patas son como un colchón de doble función; me protegen de las ramitas y piedras incomodas, también me permiten saber sobre la tierra, sobre el calor de ciertos lugares; piso cerca de la pierna de Darcy, a su alrededor es más caliente que en el resto de la zona, es peculiar, aunque no es un calor amenazante, es afable y primoroso.

—Puedes ir a correr, Brant —descansa su mano izquierda cerca de mi cuello—, al parecer estamos solos —tiene razón, nos han dejado a solas desde hace unas horas, les oí marcharse, supongo que aunque quieran proteger a la regente de Vertoven, como ha sido siempre, ella tendrá la última palabra en cuanto a voluntad y quehacer se refiere—: me quedaré aquí y te esperaré —gruño ante la idea de dejarla sola, desprotegida. No obtengo nada negativo de su parte, solo muestra una expresión cálida y me acaricia.

Inspira largamente antes de volver a hablar.

—No puedo seguirte el paso, además no soy de correr en medio del bosque, prefiero sentarme y escuchar las cosas un poco aterradoras que pueden pasar por aquí, y puede que también me congele un tanto por el frío —se ríe entrecortada de su propia broma. Muevo mi cabeza y acomodo mi hocico en su mejilla izquierda, cierra los ojos y permite mi caricia—, no te preocupes por mí, puedes correr, no iré a ningún sitio —dudo un momento, no obstante mi cuerpo pica como si hubiese sido expuesto a una planta venenosa; no lo contengo más, me aparto y aúllo una vez, cimbrado mis propios pulmones y garganta.



Danparamo

Editado: 03.06.2019

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