Malvada Belleza©

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Capítulo 24. Sumergidos.

Mis pies van y vuelven sobre el piso de la cocina, apago la estufa dándome el espacio de servir los huevos condimentados en los platos de loza. Hace mucho tiempo no debía preparar un desayuno para tantas personas, sin embargo, me ofrecí ayer a que tanto Brant como sus hermanos podían quedarse a dormir, y de ser necesario, podrían convertirse en residentes permanentes de la mansión Halton, no puedo dejarlos desatendidos, no siente adecuado. La decisión de tenerles aquí no permanentemente no la he consultado con mis hermanos, no obstante, estoy segura no tendrán problema con eso, especialmente no después de anoche.

Me quedé ciertamente sorprendida y hasta diría que admiraba de verlos trabajando en ese proyecto de ciencias, si bien no es solo el ver su compromiso, sino apreciar el apoyo que todos los hermanos de Brant les prestaron a los míos, se quedaron horas haciendo ese trabajo, además de su empeño, al finalizar la labor, los gemelos decidieron invitar a Jake a que presentase el proyecto con ellos, él licántropo estuvo sorprendido por la oferta, le tomó unos minutos decidirse, terminó aceptando. Retiro las tostadas y las sirvo, están algo calientes por lo que me hacen brincar un poco al momento de tomarlas y llevarlas a los platos.

Me atrapa la cantidad de vajillas sobre el mesón, son ocho en total, me tardaré mucho en llevarlos a la mesa. Entonces, una idea brillante pasa por mi mente, Solomón se sienta en la entrada de la cocina y me observa, me da la sensación de que evalúa mi desempeño en la cocina.

—Eh, no me veas así —le pido—. No huelen mal, solo se me quemaron dos veces las tostadas, pero fue por distraída, lo juro —emite un chillido y se pone sobre sus cuatro patas, se gira y se marcha, sin dejarme exponer nada más. Inspiro y chasqueo mis dedos tres veces, me centro en mi deseo y aprecio los platos vibrar, uno a uno se desprenden del mesón y van hasta la mesa, los sigo de cerca, cuando el último está por tocar el cristal del comedor, percibo queda la mitad del plato fuera y la otra mitad sobre la superficie, tambalearse, no tarda mucho en tambalearse, apresuro el paso de mis pies y consigo sostenerlo antes de que caiga sobre el suelo, haciendo un completo desastre.

Me costó mucho trabajo hacer todo esto, no puedo dejar que simplemente se desperdicie así porque sí. De verdad me he esforzado bastante en cocinarles, especialmente no podía concentrarme, porque no hacía más que pensar en Brant. Anoche, como se ha tornado nuestra costumbre desde que estamos conociéndonos, hemos vuelto a dormir juntos, realmente, es solo dormir, y es muy agradable. Claramente, me costó mucho más dormir que a él, no porque estuviese incómoda o su mera presencia me desagradase, la situación realmente es mucho más compleja. El motivo por el que no podía dormir fue nada más y nada menos que no podía dejar de mirarle, es algo tonto y diría que hasta vergonzoso, sin embargo, estaba encantada viéndole, tan adorable y relajado que se muestra cuándo duerme. He estado reviviendo esa imagen mental desde que me he levantado, por esa razón estoy desconcentrada.

— ¿Qué te ha hecho esa pobre e indefensa toalla? —Al escuchar a Brant no consigo evitar mi cuerpo se tensione, por poco doy un saltito, viro, encontrándole bañado y con su cabello húmedo todavía. Aparto mi mirada de él, ubico la pequeña toalla entre mis dedos, me doy cuenta la tengo apresada entre mis manos como si pudiese destriparla u obtener limonada de ella con solo apretujarla.

—No me ha hecho nada —relajo mis dedos y sacudo el trapo dos veces en el aire, intentando minorar las arrugas que le he hecho. —Solo, estaba pensativa, es todo.

—Está bien —da una ojeada al desayuno, encumbra sus cejas y me pone en su mirada—: ¿hiciste todo esto para nosotros? —Me pregunta, asiento despreocupada.

—Claro, no puedo enviarles a la universidad con el estómago vacío —afirmo, él se aproxima y mi corazón se acelera, no puedo controlarlo, cuando Brant está cerca parece palpitar por otras razones más aparte de la más esencial, que es mantenerme con vida.

—Muchas gracias, de verdad, lo aprecio muchísimo —sus manos ascienden por mis antebrazos, así mismo, se posicionan a la altura de mis codos—: los chicos también lo van a apreciar, la mujer del abuelo no cocina ni la mitad de bien.

—Eso es un halago muy encantador, la verdad, no soy una gran cocinera, los alimentos que preparo son bastante básicos —nunca he sido una chica de cocina, tener una nana y dos empleadas de tiempo parcial no fue precisamente la mejor manera de educarnos para aprender alguno que otro quehacer del hogar, dado que tanto mamá como papá, no permitían que realizásemos ningún oficio, solo nos pedían concentrarnos en nuestros estudios y mantener nuestros cuartos sin demasiado desorden. También nos obligaban a asistir a los tediosos eventos sociales que eran vitales para ellos.

—Huele maravilloso, con solo el olor se me hace agua la boca —asegura, sonriendo de lado, viéndose tan guapo.



Danparamo

Editado: 03.06.2019

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