Mamba Negra

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Te Amaba, Noviembre

n este mes. Supongo que amaba el clima de la época, sin el escandalo de Diciembre.

Ese Noviembre iba a ser mi primera día de Acción de Gracias lejos de casa, de mi mamá, mi hermana y mi adorada sobrina. También era el mes donde Darrell y yo cumpliriamos dos años de relación de ir y venir, terminar y volver, subir y bajar, etc. 
Agradezco que en el trabajo nos hayan dado de regalo lo necesario para la cena, hubiese sido deprimente para mi pasar una noche tan bonita sin poder comer aquello a lo que estoy acostumbrada. Regresé temprano para poder aderezar el pavo, hacer la ensalada y el pan, mientras el vino burbujeante de tres dolares se enfriaba en la pequeña nevera. 

Darrell no había llegado en todo el fin de semana, ni siquiera una llamada, sino hasta aquel lunes que llamó para avisar que regresaba. No entendí en el momento a que se debió su anuncio. Tuvo que haber dicho, mas bien, que se ausentaría. Pero como toda boba enamorada, me emocionaba volver a ver a quien creía mi compañero de vida. 

Sonaba un álbum de Etta James y yo cantaba a todo pulmón. Barría, coleteaba, pulía, todo para dejar la casa limpia para él. Mientras ordenaba mi habitación, busqué en el armario que ponerme y la verdad, no había mucho. A Darrell le gustaba gran  un vestido purpura que me había comprado mamá hace mucho tiempo y ese fue el que escogí para la velada. Estaba a punto de salir de la habitación cuando sonó el teléfono de la casa.

—¿Aló?

—¿Hasta cuando te voy a decir que se dice "Buenos días, Buenas Tardes o Buenas Noches", Anne Marie? —respondió mi mamá al otro lado.

—No me llames por mis dos nombres, sabes que odio eso.

—Pero sin son bonitos. Agradece que lo puse yo y no tu abuela. Te llamarías igual o peor que tu hermana —quien se llama Tonya... a secas.

—Tienes razón, supongo. Cuentame, ¿en que te puedo ayudar? Estaba apunto de preparar todo para la cena.

—Oh, mi hija ya es una mujer. Te extraño mucho, mi pequeña. Cuidado te quemas.

—Ya, mamá. Empalagas. ¿Van a salir a comer o lo harán en casa?

—Saldremos. Tu hermana tiene una nueva conquista y bueno, sabes lo que dicen: Mientras puedas sacarle, sacale.

—¿A quiénes te refieres, exactamente, cuando hablas en plural? Desconozco ese dicho —sonreí.

—Todo aquel que se puede aprovechar de alguien. Es bueno que tu no creciste así, hija mía. Por eso eres mi orgullo. Te dejo, voy a salir con mi tesoro a comprar la ropa de esta noche. Un beso —cortó.

Sí, tal cual. Mi mamá y mi hermana son unas perfectas aprovechadas.  Por eso fue que logramos salir adelante, aunque tuvimos algunas limitaciones. Edith, mi mamá, una mujer de piel morena como la canela, ojos marrones como avellana, cabello castaño oscuro y de voluptuosa figura, tenía unos cuarenta años en ese entonces. Mi hermana, es muy parecida a mi mamá. De hecho, ella si se parece. Lo que las hace diferentes es el color de cabello, pues esta ultima es de cabello negro. En cambio, yo soy blanca como la leche, ojos azules y cabello rubio. La típica americana. Mamá es de la isla Barbados, mi hermana es dos años mayor y también es de allá. Se vino a vivir a Estados Unidos cuando mi hermana tenía un año, entonces conoció a un hombre aquí, de esos amores de una noche y quedó encinta de mi. Mis compañeros de clases me decían que era adoptada y, a decir verdad, les creía mas a ellos. 

La cocina nunca ha sido mi fuerte, pero me esforzaba por Darrell. Hacía todo lo posible para que disfrutara sus comidas junto a mi, pero después de un tiempo, él solo se sentaba a comer con gran silencio y cuando preguntaba cómo le fue para empezar una agradable conversación, sus respuestas eran cortas.

Ese día, fui apresurada a lavarme el cabello. Clarence anunció que llegaría a las siete y faltaba menos de dos horas para ello. Lo bueno es que nunca he sido mujer de pintarme tanto, algo que mamá y mi hermana siempre me han envidiado. Me deslicé por el hermoso vestido y me monté en par de tacones, de los únicos tres que tenía. Mejor dicho, que me quedaban. Es horrible no poder darse gustos de mujer.

Me encontraba sirviendo la mesa cuando la puerta principal se abrió y salí corriendo hasta la sala como si la vida se me fuera en ello. Y ahí estaba él, mi Darrell, con una caja y una maleta con la que no se había ido.

—Cariño, al fin llegaste —me acerqué hasta él para besarlo, pero desvío su rostro.

—Vengo a recoger mis cosas —dijo apartándose.

—¿Qué? ¿Vienes a qué? —pregunté casi tartamudeando.

—No quieras hacer el papel de estúpida —pasó por mi lado camino a nuestra habitación—. Esta no es na vida que yo me merezco. Viviendo con una mujer conformista, feliz con nada, que no puede tener un mejor trabajo, que no me ayuda a superarme —iba rezongando por el pasillo.

Sentí un nudo en la garganta, una opresión en el estómago, las manos me sudaban y estaba aturdida. Me asomé por la ventana y allí había un Mercedes plata estacionado. Corrí de regreso a la habitación en busca de Darrell, quien metía sus cosas con gran apuro en la maleta y en la caja. Me partía el alma que mi primer amor me hiciera algo así, mas con todos los sacrificios que hice por él. Muchas preguntas venían a mi cabeza y aunque quisiera hacerlas todas, sé que no tendría respuestas, no mas que insultos como era común últimamente en Darrell hacía mi. En su lugar, comencé a sacar sus cosas del armario y a tirarlas en el piso, para que lo tuviera mas cerca. Las lágrimas llenaban mis ojos y mi rostro. Fui hasta el baño, desde ahí lanzaba sus artículos de higiene personal. Él entró como una tormenta en el baño, gritando que no lanzara sus cosas. A mi la verdad no me importaba, así estaba siendo lanzada yo, o peor. La discusión se volvió mas acalorada, los gritos llenando cada espacio vacío de aquella pequeña casa. Yo realmente tenía poco que decir, no mas que era un bastardo egoísta bueno para nada y que sus padres habían traído a la peor basura al mundo. Después de eso, no recuerdo mas.



Alex Boat

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En el texto hay: mujer fatal, asesina serial, rogue

Editado: 24.02.2018

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