Mariposa de invierno

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—Entonces ¿Cómo fue esto? —Se preguntó a si mismo mirando al techo.

—Te fuiste de fiesta —alentó Edmundo—. Después de una presentación—continuó diciendo, mientras le hacía señas con las manos para animarle. A Mozart se le iluminaron los ojos.

—¡Oh sí! ¡Esa! ¡La de Macbeth! —dijo señalándoles con el dedo, con una complicidad que solo se dedican los amigos de años. A Leonora le dio la sensación de que el hombre debería aprender a contenerse en ese aspecto, aunque al mismo tiempo le gustaba su manera de ser.

—¿Participaste en Macbeth? —preguntó interesada en el tema. Ella siempre estaba en el teatro y por raro que pareciera, se enteraba muy poco de los chismes de las otras compañías, por lo que de inmediato trató de descubrir que tipo de lugar trabajaba Mozart y en qué tipo de producción se encontraba.

—Así es pequeña, y era un excelente Macbeth—presumió sin poder evitar que se le fuera un poco el orgullo. De repente su expresión le resultó muy conocida, aunque ella no pudo determinar por qué.

—¡Vaya! ¡Qué pasada! —exclamó recordando una historia. Unas semanas antes de su accidente, la compañía "Dante Lion" anunció la posibilidad de realizar una puesta en escena con aquella historia. Los dueños de la "Versalles" se habían puesto furiosos cuando escucharon la noticia y planearon remasterizar el clásico y ganarles el salto... Lo último que supo es que el asunto no estaba saliendo muy bien que digamos.

Como sea, aquello le dejó como experiencia una leída completa al libro y se imaginaba que todo se vería excelente para el público si se tenían los recursos de la "Dante Lion"

—¿A que sí? —contestó Mozart, siguiendo el juego—. Bien, entonces, estaba celebrando por ahí y resulta que se me antojaron unas copas...

—Botellas, te tomabas unas botellas —Se burló Edmundo.

—¡Calla! ¡Bocazas! —dijo dándole un empujón mientras se reía.

—Yo solo decía —se defendió levantando las manos, pero sin perder el toque de humor en su tono.

Mozart le hizo una seña, advirtiéndole que se callara y siguió con su relato.

—En fin, estábamos bebiendo, primero un trago, luego cuatro, luego veinte y en medio de todo, una muchachita preciosa se me acercó. Era una de esas con cara de ángel y cuerpo de prostituta cara—Leonora se le quedó mirando con una mueca en el rostro, entre ofendida por la referencia y curiosa por escuchar el resto de la historia. Mozart resopló moviendo las manos mientras hablaba—.  Lo siento, pero es lo único que se ocurrió. Bien, resulta que esta chica comenzó a coquetearme, a juguetear, yo llevaba tiempo sin irme a divertir con nadie y para que mentir, ella estaba más que buena. Así que le seguí el juego un buen rato en lo que me decidía a irme o quedarme con ella —Él representaba la historia con su lenguaje corporal, era curioso de mirar, sobre todo ahora que sabía que el hombre fue actor—. La cosa es que mientras pensaba se me fue el tiempo y por eso de las dos de la mañana yo no tenía ni idea de lo que estaba haciendo, así que dejé de dudar y me fui con ella a casa.

—Él iba manejando —puntualizó Edmundo, quien al parecer ya había escuchado esa historia muchas veces.

—¿Así borracho como estabas? —preguntó Leonora sorprendida.

—Así como estaba—aclaró él—. Y ahí hicimos de todo, te lo juro, incluso tengo un video que lo prueba —Frunció el ceño—. Espera, ese lo eliminé como dos semanas después, cuando mi hija tomó mi celular y… —Leonora volvió a mirarle raro y el negó con la cabeza—. ¿Me estoy desviando del tema, cierto? Vale, resulta que hicimos de todo y yo me dormí sin fijarme si ella se había ido y sin tener ninguna precaución, por suerte no me desvalijó, pero al despertar pude verla bien clarito y ¿Sabes? Era preciosa, tenía los ojos azules y el pelo rojo. Se parecía mucho a la sirenita, esa, la de Disney ¿La conoces? — Le preguntó a Leonora, mirándola con interés. Ella asintió, intentando evitar la imagen mental de Mozart montándoselo a lo grande con Ariel, pero falló de manera estrepitosa.

—Me gusta un montón... Y ahora su película parece una porno en mi cabeza—contestó Leonora con desagrado. Edmundo comenzó a reírse.

—¡Detalles! —Mozart hizo una seña restándole importancia al asunto—. El caso es que esta chica se despertó sonriendo, como un solecito y me dijo con su vocecilla de colegiala de escuela católica "Oh, pero que divertido ha estado lo de anoche. Fue la mejor fiesta de mayoría de edad que pude haber tenido" y yo me quedé flipando —El rostro de Mozart parecía una mala caricatura mirando al horizonte y Leonora tenía la boca abierta.



Paloma Caballero

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En el texto hay: superacion, romance, amistad

Editado: 23.06.2019

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