Mariposa de invierno

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León estaba en el abandonado departamento de Leonora, tratando de mantener todo habitable para cuando ella volviera. El lugar estaba cubierto de polvo, no había trastes en el lavadero, pero la papelera estaba llena de desechables.

La verdad, no había mucho que acomodar, Leonora solo se pasaba por ahí para dormir y cenar. Sin embargo, la suciedad que lo cubría todo iba a ser un problema.

Suspiró. Aquel sitio era el mismo en el que su hermana había vivido por años, desde que era una estudiante. León recordaba aquella habitación, a Leonora pintándose las uñas de rosa pálido, en mitad de la sala. La luz tenue de los focos de la cocina y su voz cantando algún éxito pop del momento. Él solo estuvo en aquel departamento minúsculo tres o cuatro veces cuando ella estudiaba, pero desde el primer momento, todos los detalles del lugar se quedaron grabados en su cabeza.

Era algo contradictorio, ese sitio tenía buenos recuerdos, pero también le traía las peores memorias.

Memorias de una pérdida, los momentos más tristes de su vida los pasó en ese lugar, hundiéndose su propia desgracia. La primera vez que estuvo ahí, pasó horas y horas lamiéndose las heridas. Era como un animal lastimado, sin embargo, las siguientes veces solo recordaba risas, muchas risas y momentos felices.

León se dejó caer en una de las sillas de la cocina, perdiéndose en sus pensamientos, hasta que el sonido de su móvil le obligó a reaccionar. La pantalla anunciaba un número desconocido. Frunció el ceño. Por un momento pensó en colgar, pero era normal que algunos clientes le contactaran de ese modo.

—¿Bueno? —preguntó tomando la llamada. Al otro lado de la línea hubo un silencio tan largo, que León pensó que habían colgado.

—¿León? —preguntó una voz femenina, con un acento muy marcado—. ¿Eres tú?

—Ammm, si ¿Quién habla? —afiló la mirada, tratando de reconocer aquel timbre, pero en las bocinas, los tonos siempre se distorsionaban un poco.

—Oh —La voz hizo una pausa, buscando una referencia para su presentación—. ¡Soy yo! ¡Yasmine Legrant! ¿Te acuerdas de mí? Era compañera de la escuela de Leonora, una vez te preparé perritos calientes en la cocina de Nora y me dijiste que sabían a mierda —Un montón de risitas de chicas se escucharon de fondo, había más gente con ella.

León sonrió.

—Sí, la princesa de los perritos quemados —dijo trayendo consigo un recuerdo, uno que había ocurrido en esa misma habitación.

—La duquesa de los Nachos está conmigo —agregó ella.

—¡Hola León! —La voz de otra chica sonó de fondo.

—¡Toda la realeza está aquí! —exclamó otra, y el coro de risas se repitió, incluyendo a León en él.

—¿Ocurre algo? ¿Cómo consiguieron mi número? —preguntó frunciendo el ceño, sin perder su toque de humor. No había hablado con ellas en al menos un año y durante ese tiempo había cambiado de número unas tres veces.

—Tu página web —dijo Yasmine con una sonrisa—. Te llamamos a ti, porque esa maleducada de Leonora no nos contesta los mensajes, las llamadas o los mails —se quejó, logrando que su acento fuese aún más notorio—. Debería ser consciente de que todas estamos un poco histéricas con lo de su accidente ¿Cómo se le ocurre desaparecer así?

—¡Así es! ¡La fuimos a ver a su departamento y no había nadie! ¡Parecía un lugar abandonado! —agregó otra. Seguro lo tenían en altavoz.

—¿Acaso es tan difícil tomar el teléfono? —continuo Yasmine—. ¡Dile que nos marque ahora!

—Aaaah —León se llevó una mano a la cabeza, recordando la manera en que su hermana ignoraba las llamadas de sus amigas—. Es que ahora no está disponible, luego de su accidente se ha metido a un centro de rehabilitación privado y no le dejan tener su móvil cerca —comentó encogiéndose de hombros.

Estaba diciendo las cosas a medias, por el bien de Leonora y el suyo.

—¡¿Qué hizo que?! —gritó Yasmine, obligando a León a que alejara un poco la bocina de su oído—. ¡Dios! ¡Eso tan típico de Leonora! ¡Al menos debió avisar! —exclamó conteniendo una risa. Luego se aclaró la garganta—. León —dijo, muy seria—. Cuando esa ratona salga de la madriguera, debes decirle que se apresure y corra tras los ejecutivos de “Dante Lion”.



Paloma Caballero

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En el texto hay: superacion, romance, amistad

Editado: 23.06.2019

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