Mariposa de invierno

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Leonora había tenido que discutir con León un rato antes de que este desistiera de sus supuestos planes para golpear a Abraham.

—Es que creo que me equivoqué al expresarme —dijo luego de un rato, ya un poco cabreada por la insistencia de su hermano—. Él presuntamente me odia ¡Presuntamente! — exclamó muy segura de sí misma. León negó con la cabeza.

—Mira, no voy a decir nada, pero si lo hizo a propósito, algún día me las va a pagar —suspiró apachurrándose en el asiento—. Cuando no esté medio colocado por la muerte de su madre, lo confrontaré.

—No está colocado —masculló Leonora haciendo una señal de comillas al decir las últimas palabras—. Está de luto.

—¿Sabes que cumplen años con un mes exacto de diferencia? —dijo cruzándose de brazos—. La mayoría de la gente se coloca un poco cuando alguien cercano muere y ha pasado muy poco tiempo desde entonces — El suspiró encogiéndose de hombros—. ¿Te acuerdas cuando murió Joan? Yo quedé un poco colocado después de eso.

Los labios de Leonora se apretaron de manera repentina al escuchar aquel nombre. Joan había sido el mejor amigo de León en la secundaria. El chico era un chulo, vago, de lo peor, pero murió tan joven que Leonora no podía evitar sentirse mal con respecto a la situación.

Por aquella época, León era muy privado con sus cosas, pero incluso entonces ella lo conocía bien. Sabía que tenía una novia y andaba en banditas de escuela, tocando la guitarra, comprando discos de los Rolling Stones y leyendo cómics a escondidas del vendedor en la tiendita cerca de su escuela.

Él chico guardaba en su cuarto un montón de posesiones "valiosas" Leonora recordaba cada una de ellas con nostalgia, por ejemplo: tenía unos tenis viejos, blancos con patrones que pintó con sus amigos, llevaba una uña de la suerte para tocar con la banda en las presentaciones de la escuela, usaba siempre una muñequera negra en la mano derecha porque "le ayudaba a calentar" y, sobre todo, no había poder humano en el mundo que le hiciera separase de su vieja colección de discos de rock.

Más o menos por ese tiempo, Leonora estaba pasando por una etapa de “mujer independiente”. Se había rentado su propio piso, sin compañeros de cuarto, muy cerca de la universidad, y pensaba que llamar seguido a su familia era una estupidez de niña mimada. Había pasado días enteros preocupada por su cabello porque una profesora le había dicho que nunca podría obtener una cebolla bien hecha para las prácticas y llevaba algunos días intentando ablandar un poco sus puntas recién compradas.

Un día de esos, su madre le había llamado muy temprano, cuando ella iba de salida, para pedirle que hablara con su hermano porque su amigo Joan había muerto y el pobre estaba devastado. Leonora recordaba vagamente al chico de conversaciones que tuvo con su madre, pero aun así la noticia la dejó incrédula porque su hermano tenía quince años y esos eran, a su juicio, muy poco para morir.

Como sea, ella no tuvo tiempo de hablar con él porque "estaba ocupada" o eso era lo que siempre se decía cuando pasaban los días y no le marcaba a León. Una noche cualquiera, mientras se preparaba para un largo fin de semana, el chico se apareció en su puerta, con una mochila vieja, hecho un desastre de sangre y suciedad, con la mirada perdida y pidiendo asilo.

Leonora se había puesto histérica, pero él se excusó diciendo que la sangre no era suya, que se había peleado de camino.

—Escapé de casa —aseguró—. No voy a estar mucho tiempo aquí —agregó en medio de su discurso—. Te pagaré todo lo que gaste —asegurando, con un aplomo que asustaba.

Sin saber muy bien que hacer, ella lo había aceptado en su piso, le había informado a su madre que él había llegado de visita, la calmó, no habló de las heridas, pero sí tuvo que salir a comprar algunas pastillas para el dolor y yodo. Su hermano parecía una roca, quieto, muy callado, a momentos daba la sensación de que no estaba respirando, hasta que, a media noche, comenzó a llorar como un bebé contándole lo que había pasado.

Fue una situación violenta. Le dijo que Joan caminaba de regreso a casa junto a una chica que había conocido unos días antes “ellos se gustaban” añadió con una media sonrisa, que desapareció cuando prosiguió su relato, contándole como a medio camino unos tipos los asaltaron “estaban drogados” gimió. Según el reporte policía, los amenazaron con una navaja, pero Joan se resistió al ataque y la tomaron contra él.

León le dijo que había quedado irreconocible y la chica... Ella escapó, llamó a la policía en cuanto estuvo a unas calles de distancia, pero cuando llegaron todo se había terminado. El pobre estaba destrozado, era comprensible, su amigo no solo había muerto, sino que también lo hizo de una forma en extremo violenta.



Paloma Caballero

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En el texto hay: superacion, romance, amistad

Editado: 23.06.2019

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