Mas AllÁ De La Amistad

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CAPITULO 3

LUCÍA

BUENO LLEGO LA HORA debo estar loca para contarle esto a un total extraño pero… cuando he pensado bien las cosas…. NUNCA ahí tienen su respuesta

FLASHBACK

Estaba en shock no podía creer lo que me decían tenía una insuficiencia cardiaca, y no podría ser madre algo que siempre quise aun a mi corta edad.

Apenas tenía 12 años y jugaba con mis amigos un partido de básquet, de pronto sentí una opresión en el pecho, mis piernas le fallaron, me costaba respirar y mis ojos ya no podían permanecer abiertos.

Y solo vi oscuridad

Me llevaron a mi habitación; pero el doctor determino que debían llevarme al hospital; una vez allá me realizaron diferentes exámenes arrojando una cardiopatía congénita; por lo cual debía evitar los esfuerzos físicos, deportes extenuantes y cualquier cosa que significara un esfuerzo físico sobre el normal, HASTA CAMINAR ERA JODIDAMENTE PELIGROSO PARA MÍ “upsi me altere”.

El doctor daba la noticia en mi habitación de hospital, yo aún no abría los ojos; pero los podía escuchar claramente. Sentía ganas de llorar y debía evitarlo, sabía que ellos no le dirían la verdad.

Sin poder evitarlo más me removí en la cama mientras todos los presentes guardaban silencio

“Como si de verdad les importara” pensé

-. Querida – una mujer de cabello castaño claro, con ojos marrones claros y rostro de catálogo se acercó de inmediato – al fin… - suspira pesadamente - etas despierta – la mira con cierta molestia que debe disimular

-. Madre – mi voz salió en susurro - ¿por qué estoy aquí? – Se toma la cabeza - ¿qué me pasó?

-. Te desmayaste – responde seca mi madre – Has estado un día y algunas horas más sin despertar

-. ¿Qué tengo? – ojala me lo diga, aunque eso es improbable

-. Doctor – su madre lo mira y él se aclara la garganta – explíquele

-. Ha sido una descompensación, por baja hemoglobina - ¡mentirosos! – algo que se resuelve con vitaminas, dieta y reposo

-. Entonces ya me puedo ir – realmente estaba molesta

-. Tómalo con calma – intervino su madre – acabas de despertar

-. Quiero ir a casa – ese pequeño esfuerzo hizo que su mi corazón aumentará los latidos y me agitara tanto que hacía doler mi pecho

-. Te examinare – habla el doctor – y si no hay inconveniente te daré el alta.

Se retiró de la habitación y me quede con mi madre, quien en realidad no parecía que lo fuese, no había muestras de afectos, parecían dos extrañas.

TRES AÑOS DESPUÉS

Me encontraba en su secundaria tratando de aprobar un examen de matemática; no tenía idea de lo que pasaba en mi casa.

Carlos Morillo escuchaba atónito a su esposa, desconocía a la mujer delante de él, no era aquella con quien años atrás se había casado, no había rastro de la mujer dulce, bondadosa y cariñosa que él había conocido.

-. Debemos enviarla a un internado afuera del país – insistía

-. Es nuestra única hija – replicaba él

-. Solo será por un tiempo, igual volverá a nosotros – respondió ella muy calmada – nunca dejara de ser tu princesa… sabes que no podemos dejar que forme una relación

-. No estoy de acuerdo – la miro serio

-. Entonces despósala y condénala a su muerte - lo enfrento – cuando más podrás protegerla de enamorarse.

Carlos sopesaba sus opciones, quería decirle a su adorada hija que ella no podía realizar una vida en familia; aunque no era capaz de romper a su hija, la niña de sus ojos.

-. Está bien – dijo resignado – mañana mismo la enviamos fuera.

Llegue contenta y fue directo a mi habitación, se cambió de ropa y me pareció extraño que en mi armario faltaran tantas prendas de vestir; quizá sus padres por fin le darían esa nueva habitación que tanto quería.

Bajo al comedor y su hermano estaba ahí junto a sus padres.

Saludo a todos y fue a su lugar, todos la miraban extraño y esta situación estaba comenzando a incomodarla.

-. ¿Qué pasa? – Miraba a todos algo irritada - ¿Quién murió?

-. Lucía – mi madre le llamo la atención mientras Esteban trataba de contener una risa, Andrés su otro hermano seguía en coma.

-. Responde padre – no le tenía ninguna clase de respeto por mi “madre”, le caía mal y ella no podía disimularlo

-. Te iras a estudiar, fuera – dijo Carlos reflejando la tristeza en sus ojos azules.

-. ¿Por qué? – estaba tranquila, siempre arruinaban mi vida no me sorprendían.

-. Es lo mejor para ti – se rio sin ganas

-. Para mí – repitió - ¿Cuándo me voy?

-. Mañana – intervino mi madre

-. Perfecto – hablaba muy firme – así ya no tendré que soportarlos – dejó su plato y se fue a su habitación, lloraría sí; pero a solas no les daría el gusto de verla derrumbarse frente a ellos.



Lizzy

Editado: 29.11.2019

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