Más allá del Everest

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Capítulo 2

Sacrificio.

 

Las nubes de tormenta se empezaban a formar a lo lejos, confundiendo así a todos los escaladores quienes con un poco de miedo en sus ahora agudas voces reclamaban al guía.

-Oye, Nos dijiste que no iba a habar tormenta.

-Revise esta mañana y no había señales.

-Pues permíteme avisarte que aquellas agradables nubes de allá parecen decir lo contrario.

El guía frunció su ceño ante el pedante joven de no más de treinta años, ¡Oh, sí! él recordaba esa época en la que te sentías invencible… hasta que encontrabas el problema que te callará la boca de un golpe, por engreído, nadie podía contra la vida. Decidiendo ignorar el mordaz comentario del joven centró su mirada en el niño que miraba con temor las nubes, pero quizás lo que más llamó su atención fue la palidez del niño; Adivinando lo peor se acercó al padre y al hijo.

-Disculpen el inconveniente, partiremos de inmediato pero tengo unas preguntas que hacerle a su hijo, ¿puedo?

-Claro, si él quiere.

El niño sin ánimos miró al hombre que se erguía en toda su inmensa estatura ante él; con cuidado asintió casi imperceptiblemente, se sentía cansado, su cuerpo pesado y calor, mucho calor.

-¿Tienes calor?

-¿Cómo va a tener calor con este frío?

Cuando el padre iba a continuar el guía le dedicó una mirada feroz que lo calló, con paciencia se quedó mirando al pequeño que no entendía a su vez como su padre podía tener frío con ese calor que él cargaba.

-Sí, señor.

Con una maldición a medio completar el hombre acercó su mano al suave rostro del pequeño quien se sobresaltó ante el frío tacto de la mano del guía.

-Está ardiendo en fiebre, debemos bajar cuánto antes.

Alejándose de ellos se acercó a todo el grupo y con voz imponente empezó a ordenar la retirada, todos comenzaban a sentir el pánico moverse por sus venas como pequeñas serpientes, deslizándose con pereza por su sistema nervioso. La tormenta se acercaba y es era inminente, el frío aumentaba conforme esta se iba cerniendo sobre sus cabezas.

El pequeño iba recostado en la espalda de su padre quien preocupado caminaba a la par del guía en un intento silencioso de llegar rápido, por su hijo, por su vida, para ver a su esposa, para regresar a casa… Todo parecía importante ahora, ahora que la muerte parecía perseguirles disfrazada de tormenta de nieve.

 

 

El caos apenas comenzaba pero las cosas no iban de acuerdo al plan, no se suponía que la bella mujer se quedará, ni que la pequeña Krystal lo estuviera llamando a gritos poniendo en duda su milenaria paciencia; Con un suspiro me materialice frente a ella pero probablemente haya sido mal idea… si, su delicado ceño lo confirmaba, su pequeña estaba enojada, cosa que era raro en ella.

-¿Qué crees que hace, Evy?

Vaya que odiaba ese apodo, parecía que lo estaba denigrando y ciertamente Krystal sólo lo utilizaba cuando estaba enojada, como ahora.

-Nada en especial, ¿y tú?

-¡Everest!

-¡No me hables así, Krystal! ¡Soy una divinidad!

Sus hermosos ojos negros empezaron a brillar, lanzando luces al cristalizarse, ¡Por el Creador!

-Sólo quiero a mi papá, Evy.

¡Y un infierno si esa niña no sabía cómo hacerlo sentir culpable! Pero esta vez no funcionaria, esta vez el no estaba siendo egoísta, no del todo.

-Lo siento, Krys… pero no entenderías.

-Es importante, ¿no?

Cuando el espíritu del Monte Everest asintió, ella a su vez suspiró. Everest nunca le negó algo por más egoísta que él quisiera ser. Debía ser importante.

-Entonces dejaré esto en tus manos, sólo prométeme que mi papá estará bien, ¿sí?

-Bien, trato.

Aún indecisa la pequeña albina dio la vuelta para luego detener su marcha, como si recordase algo importante.

-Una cosa más.

-¿Sí?

-¿Qué fue la frase que le dijiste a la señora anoche?

Confundido por la inesperada pregunta miró detenidamente a la albina.

-¿Por qué preguntas?

-Para recordarle.

No comprendiendo a la niña se acercó a ella para acariciarle el pálido rostro con ternura.

-¿Qué planeas hacer, Krystal? No quiero que te metas en esto.

-Ya te dije.

Con su negra mirada clavada en la misteriosa de él, apretó sus manos hasta clavarse sus uñas en la palma.

-Un sacrifico lo es todo.

-Gracias.

Sin más se alejó del tacto del espíritu, dejándolo con un mal sabor de boca y su estómago encogido; Porque sentía que ya no tenía el control de esto.

Con el mal presentimiento aun atacándole desintegró su espíritu hacia el paraíso, en donde el Creador ya lo esperaba.

-Everest.



Apollymi Darlow

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Editado: 05.04.2018

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