Más de Mil Formas de Amarte

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Capítulo 4

Mi impaciencia se desploma contra el piso finalmente y la prueba de ello se vuelve obvia en mi rostro. Salgo disparado hasta la casa de David apenas bajo del bus. Entro a su casa muy apurado y él está allí, acostado en el sofá leyendo no sé qué. Mis pies adquieren la habilidad de la rapidez como si me cayera del cielo, corriendo hasta mi habitación a una velocidad que nunca pensé poseer en cualquier momento. Los ojos de David no tardan en verme, saludándome una vez que los míos lo observan, pero me vuelvo un ser antipático al no devolverle el saludo al pasar por el lado de su presencia sin decir nada de nada, solo con el único propósito de cargar la batería de este estúpido y cacharro de teléfono celular que tengo a mano.

Entro en mi habitación y mis ojos no buscan otra cosa más que mi equipaje. Manteniendo el control a riendas sobre mis manos, comienzo a revisar mi equipaje a lo bestia, esperando sentir con tal milagro que mi tacto sienta el cargador de mi móvil, pero como siempre, pensar e imaginar lo que se espera que pase, es más que una tonta ilusión; no he logrado conseguirlo.

Veo los bolsillos de los lados del equipaje y éstos llaman mi atención inmediatamente, haciendo que husmeen en ellos. La búsqueda fue una completa desilusión, una falsa y dañina esperanza. Chasqueo de la rabia y mis dientes hacen fuerte presión entre sí.

— ¡Rayos! ¿Dónde andará? —suelto entre dientes.

David sin permiso (lo cual molesta mucho, pero por ser su casa le permitiré ésta) entra en mi habitación, viendo mi gran espectáculo gracias a que no encuentro mi cargador por ningún lado.

Por un momento, remuevo la vista del equipaje y lo observo a él. David está examinándome y logra concluir como me siento ahora por mi estado actual. Tan pronto como lo miré, lo dejo de ver, volviendo a buscar en el equipaje tercamente.

— ¿Y esa desesperación? —pregunta David, inmovilizado por mi desesperante acción al buscar en mi equipaje.

Eludo su pregunta.

— ¿Dónde lo habré puesto? —sigo murmurando entre dientes.

— ¿El qué? —inquiere él.

—El cargador de mi teléfono celular. —Esta vez le respondo a David, pero mascullando—. ¿Lo has visto? —pregunto mientras examino en todos los bolsillos exteriores del bolso. Saco la ropa con apuro al no encontrar nada en los bolsillos.

—No, apenas estoy llegando a la casa —explica David sonando inocente—. Además, ¿para qué usaría tu cargador? No soy entrometido como para husmear en cosas ajenas.

— ¿Entonces dónde demonios puse ese cargador? —Mi tono se eleva drásticamente.

—Yo que sé… —dice David encogiéndose de hombros y luego cruza sus brazos, recostándose contra la pared.

Vuelvo a fracasar al no dar con lo que estoy buscando.

Saco toda la ropa del equipaje y empiezo a sacudir el bolso varias veces. Nada aún. Mis husmeadoras e inquisitivas manos entra en cada bolsillo de mi ropa nuevamente, pero todo resulta una pérdida de tiempo. Mi desesperación se vuelve brusca al no encontrar nada de nada. Estoy que estallaría en cualquier minuto, o segundo más bien.

—Si sigues con esa desesperación, te va a dar un infarto —suelta David al sentarse en la silla mientras mira como registro toda la ropa que he traído.

—Ayúdame entonces si no quieres que me dé uno ahora —enarbolo entre dientes.

—Ok, ok, está bien, señor amargado. No te enojes, te voy ayudar.

David comienza a examinar la ropa que no he revisado, siendo muy cuidadoso al buscar el cargador con mucha lentitud y calma. Termina su búsqueda al igual que yo, pero nuestras manos están vacías todavía como para estar tranquilo.

David da paso a buscar en los demás sitios de la habitación. El foco de mi cabeza se enciende al percatarme que no he buscado aún en mi morral. Que esté ahí, por favor.

Hubiera deseado no haber revisado mi morral; no hay nada. Esto me está molestando.

¡Rayos!

—No hay ningún cargador aquí, Sebastián —murmura David continuando con la búsqueda.

— ¡Diantres! —gruño.

— ¿Registraste por casualidad en las gavetas de las mesitas de noche?

—David, ¡no saqué en ningún momento el cargador de mi móvil! ¡Se supone que tiene que estar en unos de estos bolsos! —contesto de forma increpada por la frustración y rabia.



Danny J. Ortiz

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En el texto hay: traumas, amor, drama y suspenso

Editado: 09.07.2019

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