Más de Mil Formas de Amarte

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 7

 

Carlos y yo nos sentimos victoriosos al eludir la lluvia, llegando finalmente a La Mansión del Pan. Nuestros aspectos están terribles, estamos casi mojados del todo. Envidio a Carlos; él puede quitarse su típica chaqueta deportiva cuando quiera, y más que está mojada y que usa camisa debajo de ella, pero ¿yo? ¡Te odio, lluvia!

Carlos me pide que busque una mesa en donde podamos sentarnos mientras él pide algo para ambos. Yo asiento sin ánimos y molesto aún por mi aspecto, cumpliendo el objetivo que Carlos me ha dado para completar.  Espero que el señor alivia-amigos-tristes-invitándolos-a-comer regrese pronto, algunos de los que están presentes están mirándome muy extraños, como si fuera un indigente. Ignoraré tal cosa. Estoy mojado por la lluvia… ¡No exageren!

Mi amargura se hace cada vez más grande, haciéndome seguir sin ánimos a nada y, con ganas de desaparecer si pudiera. En momentos así, ojalá estuviera en casa de los señores Rosales, aunque después de todo, Carlos hizo bien en traerme aquí, así no tendría que soportar el interrogatorio de David y de sus padres por verme así tan deprimido.

Sí que hay muchas personas aquí, el lugar está lleno. Me considero afortunado en haber conseguido esta mesa vacía. Mirado a todos los que están aquí, no parecen ser afectado por la lluvia, no tienen frío ni siquiera, y eso que ahora está lloviendo demasiado fuerte. Odio ser el único que me encuentro de malas en estos momentos, ni porque use suéter este frío está congelándome.

De forma desprevenida e instantánea, aprovechándose de mi vulnerabilidad, Carol vuelve a atacar mis pensamientos una vez más. Estar muriéndome de frío hizo que recordará cuando me dijo: Oye… tampoco para que exageres; estás usando suéter, no deberías quejarte.

No puedo creer que le haya hablado así a Carol…

Y en mal momento como siempre cuando estoy de malas, con el peor aspecto de deprimido, Carlos aparece.

—Ten amigo, te hará sentir bien —dice Carlos, dándome un café capuchino —. Sin mucho azúcar como te gusta. —De lo mal que estoy, solo asiento mi cabeza dándole una sonrisa cortante, tomando el café. Carlos toma asiento y disfruta del café capuchino que ha comprado para él. Tomo un poco del café y hasta el sabor no me satisface en lo absoluto. Carlos nota la diferencia sin obstáculos—. Viejo, ¿tan graves estás?

—Ni te imaginas. —Mis ánimos convierten mi gusto del café en algo repugnante.

—Oye, pero cuéntame que ha ocurrido. ¿Por qué estás así?

—No quiero hablar de ello, Carlos. A decir verdad, solo me alegra que me hayas traído aquí, así no tendría que aguantar el interrogatorio de David. —murmuro secamente, como si odiara a David con solo murmurar su nombre.

— ¿David? —pregunta Carlos.

¡Es cierto! Carlos no sabe de David.

— ¡Oh, cierto! Se me pasó por alto que no conocías a David… Él es colega que estudia conmigo, el hijo de los señores Rosales.

— ¡Ah! Es donde te quedas.

—Sí.

—Bueno, Sebastián, para mí es todo un placer evitar oportunos interrogatorios. —dice Carlos con su tono sarcástico y juguetón de siempre.

—Así parece. — Logro sonreír después de todo, solo que muy débil.

—Hasta que por fin logras sonreír. —Él ríe.

—Sí. Ya me siento un poco mejor.

—Mejor entonces. Y tómate el café, no lo compré para que lo vieras. —Pongo ojos en blanco.

—Vale. Lo Haré—murmuro con la misma sonrisa débil de hace rato.

Carlos al terminar su café, se levanta de su asiento y dice que volverá al rato, que comprará algo para comer. Yo asiento. Mientras que Carlos no está, vuelvo a disfrutar poco a poco del café capuchino. Me alegra que el gusto por mi café favorito haya vuelto. Al llevarme un sorbo del café a la boca, saboreo la delicia del sabor que va alegrando la satisfacción del hambre que tengo ahora.

Lo bueno de todo esto es que, ya me encuentro un poco mejor. Los momentos que tuve con Carol hoy en el parque, cesaron en un santiamén milagrosamente, aunque me mata la culpa en haber causado tanto dolor con solo hablarle a regañadientes. No solo estoy disfrutando del café, sino que también, el frío que tenía mi cuerpo está más calmado, estoy un poco helado, pero mejor que antes.



Danny J. Ortiz

#4032 en Joven Adulto
#11402 en Novela romántica

En el texto hay: traumas, amor, drama y suspenso

Editado: 09.07.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar