Más de Mil Formas de Amarte

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Capítulo 9

Finalmente, estoy donde quería llegar: en la casa de David. Mis pies me conducen hasta la cocina para tomar un gran vaso de agua; estoy reseco de pies a cabeza. Es un alivio ya haber alejado la sed de mí. Es extraño no ver a David por aquí, no está ni en la sala ni en ningún otro lugar de la casa. Mis ojos, inconscientemente, ven a David en el patio. Está ejercitando su cuerpo. Está usando una camiseta deportiva y pantalón pescador negro oscuro, y sus pies están descalzos.

Me dirijo al patio para saludarlo. Ambos al cruzar mirada, nos saludamos. David aún sigue ejercitándose. Está subiendo y bajando de la barra. Y al terminar, se acerca a mí.

— ¿Qué hay, Sebastián? —dice David, acercándose a mí con una óptima sonrisa y, una voz frustrada y agotada, mientras seca el sudor que decae de su rostro con una suave y pequeña toalla.

—Misión cumplida. Ya te hice la recarga, David —comento tranquilo, pero sin mostrar un indicio que le indique a David si estoy bien o mal. Por ahora, estoy bien.

— ¡Gracias! Sabía que podía contar contigo. ¿Cómo te lo agradezco? —Pregunta él, aguantándose de la toalla que está apoyada detrás de su cuello.

—No te preocupes, David. No me lo agradezcas.

— ¡Oh, venga hombre! —suelta David con insistencia. Inmediatamente, él libera un suspiro rápido, y saca su billetera, abriéndola y contando los billetes que están dentro de ella. — ¿Cuánto quieres? No tengas pena.

Doy un paso hacia atrás, llevando mis manos al frente de su vista y negando con la cabeza.

—David, no hace falta que me des dinero. Estoy bien así. Además he ganado una apuesta y me dieron nueve mil bolívares fuertes. —David empuja su cara hacía atrás impresionado y dibujando en su rostro una curiosa y divertida expresión.

 —No sabía que apostabas.

—No aposté —afirmo directamente—, más bien ayudé a un amigo mío a ganar esa apuesta, y terminamos ganando. —Él espeta una agradable sonrisa, y vuelve a contar los billetes que están en su billetera.

—Sorpresas, sorpresas. —De pronto mi voz da un frenazo en seco, traicionándome en el intento de decir algo al respecto, y escupo una risa diminuta pero con gracia—. Ten —murmura David, mostrando una cantidad de dinero en mis ojos y guardándolos dentro del bolsillo derecho de mi suéter con capucha tipo Slim color rojo con negro—. Dejémoslo así.

—Si tú lo dices… —expreso, con rendición y timidez, imaginando que esto es algo normal, y llevando señales a mi cerebro que, esto no es para nada incómodo.

David me tira su toalla y la atrapo con tal reflejo, alejándose de mí y yendo hacía las barras metálicas que están adheridas inmueblemente a la tierra del patio trasero.

— ¿Y de que trataba la apuesta, Sebastián? ¿Truco Venezolano? ¿Domino? ¿Bingo? ¿Combates de juegos de rol o shooter Online? —pregunta David, mientras pone sus manos en una de las barras altas y, comienza a subir su cuerpo y bajarlo lentamente, inhalando y exhalando al ritmo de la rutina del ejercicio que está ejecutando con sus brazos.

—Hockey de mesa para resumir el asunto —digo, sosteniendo la toalla empapada de David en mis manos.

David continúa lentamente su rutina de ejercicio bajando y subiendo su cuerpo en la barra metálica, haciendo ver a todo el ambiente y aquel que lo vea, que tiene todo bajo control, que quince repeticiones subiendo y bajando su cuerpo en la barra metálica no es nada para él a pesar de sus pocos, pero fornidos músculos. Y al rato, completa su serie de ejercicio, descansando mientras tanto.

—Nada difícil entonces —agrega él, respirando rápido, pero tranquilo a su vez.

—Sí, claro… sobre todo eso. —Mi sarcasmo es tan notable que David al mirarme, comienza a soltar carcajadas de risa.

—Vamos, Sebastián, eso no es un reto para nadie.

—Púes te cuento, fortachón, que yo para esos juegos soy un fracaso —suelto burlonamente.

— ¿Y cómo es que ganaste? —David esboza escepticismo, mirándome a los ojos.

—Suerte —respondo, tratando de no esbozar una emoción eufórica en mi rostro.

David parece no creerme. Su incrédulo cerebro impide que mi verdad no sea verdadera en su mente y en esta conversación. Él rueda sus ojos solamente y vuelve a su rutina de ejercicio nuevamente.

Durante las quinces repeticiones que David ha estado subiendo y bajando en la barra metálica, en el ambiente solo se escuchaba las fuertes exhalaciones que David soltaba en cada subida con su cuerpo en la barra. Y al terminar, suelta las manos de la barra y cae de pie en el suelo tranquilamente, pero cansado. Le lanzo la toalla al instante y, él la atrapa sin problemas, llevándola a su rostro.



Danny J. Ortiz

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En el texto hay: traumas, amor, drama y suspenso

Editado: 09.07.2019

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