Más de Mil Formas de Amarte

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Capítulo 10

Es típico que a estas horas de la mañana en el inicio del mes de diciembre, la luz de los rayos del sol esté muy fuerte, y más un martes. Tanto así es el calor que, por primera vez en mi vida, prefiero andar caminando por el centro con camisa y no con un suéter. Y estar aquí sentado en el bus esperando que llegue a mi destino (el cual en todo el camino ha ido una velocidad muy baja) me hace sentir aún más sofocado.

Estar al lado de la ventana del bus y que la luz del sol esté pegándome con fuerza, mientras que estoy todavía por la parada del bicentenario y mi punto de llegada es la plaza Ayacucho, hace que visualice todo el camino de lo más lento debido al calor, y más a la velocidad que corre este transporte público.

Después de unas cuantas paradas que dio el bus, termina llegando a mi destino y yo pido la parada. Le doy el pago del pasaje y me bajo del transporte, con ganas de permanecer aún en el bus con tal de no sentir este sol abrazador en todo mi cuerpo como justo ahora.

En momentos así, no me vendría mal tomar un Seven Up.

Sin más preámbulo, empiezo a dar marcha hacia al centro para comprarme unos nuevos auriculares para mi MP3. He estado tan aburrido desde que mis auriculares se dañaron que, no tener uno ahora, me hace sentir mucho peor de lo normal, y más cuando ando atrapado en mi habitación sin hacer nada.

Cuando cruzo las dos carreteras que están en frente de mí y llego hacia al otro lado de la cera, localizo a Carol al frente de mi posición, caminando con rapidez, como si estuviera huyendo de algo, aunque desde aquí se ve que luce molesta.

Ha pasado una semana que no he vuelto a hablar con Carol desde la última vez. Sé que mi corazón me había ordenado que le diera un buen tiempo a Carol para que piense las cosas, sí, pero creo que una semana es más que suficiente. Despierto a mi corazón de su trono en el cual sigue reinando y tomando el puesto como el ganador número uno, y le digo que ya es momento de romper la orden, ya que ha transcurrido el tiempo suficiente como para que Carol haya pensado mejor las cosas (y a decir verdad a mí ya me ha funcionado lo bastante como para saber que Carol solo trataba de ayudarme). Mi corazón asiente autorizándome que puedo hablarle ahora a Carol y él vuelve a holgazanear en su trono nuevamente.

Sigo cautelosamente a Carol y ella sigue caminando rápidamente sin parar. ¡Guao! A pesar de ser una chica baja estatura, camina demasiado rápido. Es increíble como Carol puede caminar así tan deprisa sin cansarse, bueno, ni tan increíble, con recordar aquel día que fui con ella al Parque Guaquerí y me hizo seguirla, es suficiente para explicarlo todo. Ella podía correr por todo el lugar sin cansarse, ni esbozar una mínima expresión de su cansancio.

Carol pasa la entrada del museo Antonio José de Sucre, y sigue caminando desesperadamente sin parar, mirando al piso como si fuera mejor que mirar hacia el frente. ¿A dónde irá con tanta prisa?

Estando a unos cuarentas pasos de alejarnos del Parque Ayacucho, puedo ver que dos hombres con aspecto de maleantes y ladrones clavan la mirada sobre Carol, teniendo el interés suficiente en ella como para seguirla.

¡Rayos, Carol!

Como si fuera un auto, acelero el paso a toda prisa sin que los hombres sepan que yo también la estoy siguiendo. No me importa lo que ellos puedan hacerme si me agarran con ella, pero el que, agarren a Carol sola, no me apetece. Tan solo con mirarlos, con observar que ellos van muy cauteloso hacia a ella desde el otro lado de la calle, basta y sobra para ponerme alerta y a la defensiva ante lo que pueda pasar.

Felicito a mis pies al darme la aceleración suficiente para llegar muy cerca donde está Carol y tener una distancia larga detrás los maleantes. Debido a la preocupación y alarma que tengo en mí, volteo hacia a ellos, captando rápidamente que, uno de ellos ha mandado a su compañero a que tome camino por el otro lado de la calle, justo en la que estoy ahora. Tengo que apresurarme, no estoy para que me roben ahora.

Cuando estoy a unos cuatros pasos cerca de Carol, veo que un camión de carga viene a toda marcha. Según por lo que veo, Carol no sabe que será atropellada si no se detiene ahora; se ha dispuesto a cruzar la carretera. Protuberantemente, aumento el paso para alcanzar a Carol, y en cuestiones de segundos, mi brazo se estira lo suficiente, alcanzando el suyo al tocarla y halarla hacia a mí de un tirón. El camión pasa al instante a la vista de nosotros, sonando la bocina ruidosamente y siguiendo su camino. Carol está sobre mí, sana y salva. Qué alegría; ya está a salvo.

Mi ceño está fruncido y mis ojos dan una mirada seria y molesta, gracias al susto que Carol me hizo sentir por un camión de carga que casi la atropella. Sus ojos reflejan fácilmente que está asustada y en shock. No ha notado aún que sigo enfadado con ella. Mis palabras no logran contenerse más:



Danny J. Ortiz

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En el texto hay: traumas, amor, drama y suspenso

Editado: 09.07.2019

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