Más de Mil Formas de Amarte

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Capítulo 12

Frunzo el ceño por lo perdido que estoy. Miro por ambos lados y mis sentidos me advierten que jamás estuve aquí. Sin embargo, de la nada recupero mi conciencia. Estoy en el Parque Guaquerí. Pero… ¿qué hago aquí? No entiendo. Tengo entendido que mi última estadía fue en casa de David.

 

Sé a dónde parará esto.

 

Esto es solo un sueño. Un sueño en donde me toca (como siempre) sobrevivir lo que me tiene que ocurrir.

 

Estoy justo en la entrada del parque y yo decido entrar, confundido como un niño perdido. No hay nadie por ningún lado. Es extraño y tenebroso. Los árboles empiezan asustarme; el viento los está gimoteando fuertemente, volviéndolos vulnerables a ser desquitados de la tierra donde apenas pueden aferrarse.

 

Me detengo en seco, volviéndome una estatua al no realizar ningún movimiento. El mundo parece detenerse junto con el tiempo. Concentro la vista hacia el frente y mis ojos ven únicamente a Carol. Examino alrededor del parque y siguen sin haber nadie en él, solo ella y yo. El ambiente es gris y las nubes están imitando el mismo color.

 

Carol levanta su mano, haciéndome entender que me está llamando. Frunzo el ceño y algo me dice que no vaya a ella, pero yo sin escuchar a mi subconsciente, voy. Estando a unos pasos de acercarme a ella, noto en su rostro que está triste. Camino más a su presencia, y al estar muy, pero muy cerca de ella, escucho el susurro de sus palabras que llegan a mis oídos, alertándome y dándome un escalofrío que me pone la piel helada y erizada.

 

Me hiciste daño, Sebastián. Tú causaste esto.

 

Reacciono a las palabras de Carol, y  siento como si una flecha hubiera impactando en seco sobre mi pecho. Mis ojos se expanden con temor, logrando que quede mudo, totalmente sin cuerdas vocales. No puedo  expulsar  ni una sola palabra, tengo un fuerte peso en mi garganta, no me deja hablar ni siquiera respirar muy bien.

 

Comienzo a caminar lentamente hacia atrás, mirando hacia el pálido rostro que toma el aspecto de Carol. Ella vuelve a mirarme, pero esta vez con furia. Veo sus labios y se nota fácilmente que está construyendo varias palabras para soltarlas sobre mí. Al escucharla, mi temor empeora agresivamente.

 

¿Por qué me hiciste esto? Me lastimaste.

 

Intento crear las palabras posibles, cualquiera que me haga responder a esta situación espeluznante. Por milagro, logro decirlas finalmente: << ¿Qué hice?>>, es lo que logro decirle, pero Carol no reacciona a lo que le he dicho, simplemente sigue igual.

 

Me fuiste lastimando poco a poco, y no te detuviste.

 

Sus ojos destellan ira y a la vez dolor. Sus delicadas manos viajan hasta su rostro, cumpliendo una sola tarea en calmar el llanto que está soltando justo ahora. El dolor que me causa este momento, va consumiéndome como fuego, sin importarle lo mal que estoy y lo culpable que me siento ahora.

 

¿Qué habré hecho? ¿Qué le hice?

 

Detengo mi acción retroceder, rompiendo el miedo en mil pedazos y dejando que la preocupación sea el dominante en mi mente, para acudir a Carol en vez de correr. La tomo del brazo izquierdo, llevando luego mi mano derecha hacia su barbilla, levantándola hasta que sus ojos encuentren los míos. Nuestras miradas se unen y noto algo extraño en sus ojos: ya no son de color verdes, son negros. Me asusto en seco, soltándola de repente. Trato de correr, pero mi cuerpo simplemente camina hacia atrás, sintiendo un miedo terrorífico y escalofriante.

 

Mi cuerpo está a dos metros lejos de Carol. No he dejado de mirarla; tengo una fuerte adrenalina incrustado sobre mí. Mis ojos logran capturar en sus labios que, ella está susurrando algo. Sigue estando herida. Puedo escuchar lo que dice:

 

No debiste, Sebastián. Confíe en ti, y tú me trataste mal.

 

Vuelvo a detenerme en seco, analizando las palabras liberadas por Carol. Ella vuelve a llorar. Sostengo la mirada en Carol detenidamente, perdido y confundido sin ninguna explicación a todo lo que está pasando, y más a lo que me está diciendo. Fugazmente, llega a mi mente unas palabras y yo las llevo a mis cuerdas vocales, soltando las ataduras que presionan mi cuello con fuerza para no divulgar absolutamente nada.



Danny J. Ortiz

#461 en Joven Adulto
#2245 en Novela romántica

En el texto hay: traumas, amor, drama y suspenso

Editado: 09.07.2019

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