Más dulce que la ficción

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1. Sean Campbell

1.

 

Mamá ha muerto.

Son las palabras que sé y repito en el instante en que despierto, no hay olor a desayuno recién hecho, ni de una risa contagiosa por la mañana apoyando a mi padre para que me levante de mi hábitat. Aunque cuando mi madre se levantaba podía parecer un troll a punto de querer golpear a quien quiera que se le atravesara. Mike sube a la cama y me mira desdeñosamente, lamiendo mis mejillas y moviendo las grandes cobijas que nos separan de empezar un nuevo día. Me burló de él cuando casi trastabilla y suelta un quejido que hace que me sienta mal, pero aun así me rio de la circunstancia. Algo que aprendí ante las circunstancias es a sonreír y jamás caer. Mamá no querría que dejara de ser Adamaris Flores: divertida, contagiosa y un tanto infantil.

Sacudo las cobijas y nuevamente las dejo caer sobre mí, dejo de lado los pensamientos que me dicen que si llego tarde, me darán un castigo y no podré ver en paz a mis amigas. Me levanto, lavo mi cara y voy al baño. El proceso es lento mientras espero que mi padre llegue a mi cuarto y me encuentre, lista para irnos.

El cabello café que me cae en cascada sobre la espalda, medio rizo, medio lacio, hace que batalle cada segundo con peinarlo y con un solo pase del cepillo, me coloco una diadema para llegar lo más rápido posible. Mi celular suena varias veces y corro a él, deslizo mi dedo por la pantalla y a veces llega un punto en el que tus amigas te meten a miles de grupos para que les hagas caso, jamás me dejarían salirme, ya sea porque me tardo milenios en responder. Era como un micro tortuga. Bajo las escaleras rápidamente haciendo sonar mis zapatos y despertando la mirada de papá, que sigue en su celular.

Para hacer que no está en él saca cajas de cereal tratando de adivinar cuál es el mío, aunque falla cada vez que lo intenta, nunca derrocha la oportunidad. Era tan gracioso verlo de aquella manera, con la corbata sin hacer. Llevar 17 años conmigo y no adivinar mi cereal era como un pecado. Se acerca a mí con dos platos y sonriendo como siempre lo hace, como si no le doliese todo lo que pasaba y, me besa la coronilla y tomo una gran cucharada de mi cereal haciendo que varias gotas caigan en el suelo y Mike las lama. Papá enciende la televisión y la tonada del noticiero llena el silencio que tenemos por varios minutos, era alguien alegre y un tanto payaso, hacía bromas cada que podía y llevaba la muerte de mi madre un poco mal, pero él siempre daba la cabeza por mí. Nunca hablaba de como sucedió. Le disgustaba, era la cosa que lo rompía.

— ¡Buenos días, Addie!—exclama él. — ¿Lista para la escuela?

—No—respondí, jugando. Enarca las cejas y rueda los ojos, él me conocía tan bien y sabía que todo lo decía jugando.

—Mañana es el funeral, ¿iras? —consulta, teniendo cuidado con sus palabras.

—La pregunta es, ¿iras tú? —manifiesto, estoy un poco irritada. No demasiado como para lanzarme sobre él y gritarle, pero es que estos días, sin duda, eran como grandes balas.

Recuerdo la sensación de pánico cuando la vi, el nudo de mi garganta se siente del asco y yo me siento disgustada. Mamá había muerto hacia dos semanas y mi papá no podía ni hablar sobre ello, mis familiares habían llegado justo cuando llamo y contó la noticia. Algunos lo lamentaban y te daban sonrisas vagas, llegaban casos en los cuales solo nos decían un «lo lamento». Kate había llamado aquella tarde y fue la primera vez que llore, no llore cuando mamá estaba en el suelo, lo hice cuando mi amiga me dijo que sucedía, cuando mis amigas se ponían a ver Enredados por milésima vez conmigo y recordar que mamá ya no estaba para cantar conmigo, el sentimiento de pérdida, eso era. La extrañaba con tanta fuerza.

—Tengo que ir era mi esposa, Adamaris—alega.

Le doy una sonrisa y asiento, no quería ir, pero tenía que ir. Odiaba los funerales o más bien todo lo que tenía que ver con gente muerta.

—Iré papá— tomo su mano y el me da una sonrisita.

Sigo comiendo mi cereal, después de eso voy al baño y cepillo mis dientes. Observo los cepillos y queda el de mi madre, mi nudo en mi garganta aparece de nuevo, el vago recuerdo que me persigue, se arraiga a mí. Me largo de ahí.

Papá abre la puerta del auto y me subo a él, cerrando la puerta tras de mí. La radio se escucha con la canción de mi banda favorita, cantamos los dos juntos, olvidando juntos.

 La radio se escucha con la canción de mi banda favorita, cantamos los dos juntos, olvidando juntos

Al bajar del auto y divisar a mis amigas me reúno con ellas. Kate, Juliana y Ceci. Están riéndose cuando me ven y las tres corren hacia mí, me abrazan todas juntas y les sonrió. Las amaba a todas por igual, siempre estaban ahí cuando las necesitaba y a pesar de que me la pasaba hablando de mis ídolos —incluyamos aquí a chicos literarios por los que me moría— ellas entendían, incluso veíamos las mismas series y era demasiado divertido cuando nos hablábamos por apodos y nadie lo deducía. Kate era una chica que le gustaba leer tanto como a mí, nos hablamos por el amor que compartíamos hacía 5 Seconds Of Summer, su cabello en ondas y café iba suelto. Mientras que Ceci era casi lo mismo, solo que solía ser una total floja para leer, aunque quién sabía, esa chica era la más lista del salón. Y pasamos a July, ella era todo lo contrario a las tres, con aquella melena casi rubia y su tamaño pequeño. Le encantaba el basquetbol. La primera en hablar es Kate y toma mi mano junto con las demás. Eran mi soporte.



Fer Murillo

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En el texto hay: chicobueno, deseos, fangirl

Editado: 12.03.2018

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