Más Que Sueños

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Prólogo

 

Prólogo

 

 

Si crees que tu familia está loca, no has conocido a la mía.

Mi familia se asombró al saber que mis pesadillas comenzaron a los siete años, la mayoría de niñas las tienen después de los doce, a mí me hubiera gustado no ser la excepción. Leer constantemente sobre los riesgos que pasaron mis antepasados con tal de salvar ha aquella persona, no me ayudó a entender cuál era mi objetivo en la vida, ni me preparo para entender por qué personas como las de mi familia existían.

A mis doce años no tuve más remedio que pasar noches en vela para no asistir a esas horribles citas con mi almohada, donde el único resultado eran mis gritos a medianoche, ese fue el único remedio que encontré, además de huir de la realidad y este segundo no me sirvió de mucho cuando las pesadillas formaban cada día, parte importante de mi abrumadora vida.

Pero en estos momentos, a mis dieciséis años las pesadillas siguen atormentando los tres días a la semana que mis cansados ojos me obligan a dormir. Llegué a tener días donde mi temor a cerrar los ojos era mucho mayor y a mis padres no les quedó más opción que dormirme con medicinas, té y en el mayor de los casos inyecciones de morfina que provocaban que cayera en un sueño profundo hasta que mi energía volviera y las ojeras desaparecieran, la última vez, la inyección me dejó dormida por una semana…en la escuela dije que había enfermado.

Los Dreamers no tenemos pesadillas como los humanos, en las de nosotros vemos más que un temor, presenciamos muertes de personas inocentes, suicidios, noches donde, hasta una tormenta ayuda a que la persona más buena fallezca, soñamos día tras día peligros continuos y el fin de estos, es la muerte de los humanos débiles. Por suerte esto acaba cuando soñamos con alguien especial…las pesadillas viven con nosotros, nos hacen aprender de ellas, pero siempre tienen objetivo:

Salvar al sujeto que está en riesgo.

Pero no podemos salvar a cada persona que soñamos, algunos lo intentan, pero resulta imposible lograrlo. Después de tantos años con seres como yo, se pudo entender que al final siempre se rescata a una persona en específico, esa con la que vamos a pasar el resto de nuestros días.

Durante meses, inician citas con la muerte, la diferencia es que, ahora, aquella alma tiene un tiempo determinado y su destino pende de un hilo, hilo aquel que tú puedes comenzar a manejar, intentando que el destino que “Dios” les tiene provisto no se cumpla.

Un día te ves unido al alma que está en peligro y de pronto el miedo a perderlo es mayor, y los temores solo son no volverlo a ver, es más que un enamoramiento entre humanos, esos que creen conocer el amor en su máxima totalidad, la alianza entre aquel que está destinado a morir y tú deseo por mantenerlo vivo, es lo único que te mantiene en la tierra, se vuelve tú fin, tú pensamiento y tú miedo.

Estas luchas no siempre tienen un final feliz, como en las batallas, que a veces se pierde y a veces se gana, el problema es que cuando pierdes: LA GUERRA a pesar de a ver ganado unas cuantas batallas, y pierdes el alma, no te vuelves a unir jamás con el máximo sentimiento y miedo a perder a la persona correcta.

Tuve miedo al enterarme que no soy igual a los demás, que yo soy diferente, y que eso no lo debe saber la gente.

-Las personas le temen a lo que no saben manejar-Lo decía a menudo mi madre, pero en ese tiempo yo no lo entendía y tenía miedo de mí, de lo que podría lograr hacer con solo imaginarlo, me aterraba la idea de dormir y encontrar personas desconocidas que morían de forma brutal, nadie escapaba de la muerte, siempre era el mismo final.

Las semanas pasaban y cuando el cielo oscurecía me enfrentaba a mi mayor miedo: soñar.

Intentaba cualquier cosa para evitar caer en la almohada, a los diez me escondí en el garaje para que nadie me obligara a entrar al cuarto, pero mis padres me encontraron y al rato volví a dormir.

En el instituto tenía dos amigas, a su lado se me olvidaba quien realmente soy yo, sin embargo, me lo volvieron a recordar cuando una de ellas murió, yo sabía semanas antes que le pasaría, pero aun no podía intervenir, no era mi deber y la última vez que la vi, salía de la iglesia con un lindo vestido, que luego estuvo cubierto de sangre. Me sentí muy culpable y dejé de hablar por un buen tiempo con las compañeras del salón, aun no vuelve a ser lo mismo y no pronuncio palabra a no ser que sea necesario.

Los martes y viernes por la tarde voy a un curso de violín, durante cinco años ha sido lo único que por segundos me permitió cerrar los ojos y solo imaginar dulces melodías que no tienen nada que ver con pesadillas.



D.A.Romero

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En el texto hay: profesor alumna, amor, pesadillas

Editado: 16.01.2019

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