Más Que Sueños

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capitulo 6

6

 

 

Luego del evento, no volví a ver al profesor por el resto del día, excepto cuando fui a la cafetería. Mientras comía el almuerzo, junto a los libros que me acompañaban, sentía la mirada del profesor. No tuve más remedio que taparme con ayuda de una manzana.

Me distraje con ayuda de libros y tareas, estaba haciendo todo lo posible por no pensar en estupideces que incluyeran a mi profesor de Filosofía.

Al llegar a casa me asegure de ir rápido a mi habitación sin ser vista por mis padres, estaba segura de que mi madre podría leer mis emociones con tan solo verme y aunque ella no conseguiría saber quién era el causante de mis nervios alborotados, conseguiría su nombre con una larga investigación, por lo que era mejor evitar a mi loca madre hasta que descansara un poco y olvidara a Shrek.

¿Qué explicación le daría a mi madre, si yo aún no tengo la respuesta?

Me senté en la esquina de mi cama y cerré los ojos, sentía un gran peso sobre mis hombros, tanto, que deseaba dormir por largas horas, aquella sensación me asusto, había dormido hace poco y querer volver a cerrar los ojos antes de dejar pasar tres días era una sensación desconocida. -Cinco minutos- pensé. Antes de caer rendida a la cama, conseguí despertarme, me ganaba el miedo, ante la necesidad de despojarme de las sombras sobre mis hombros.

Fuí al baño y lave mi rostro, unas ojeras eran presentes, jamás las cubría con maquillaje, solo lo hice una vez, y cuando llegue a casa y me vi en el espejo terriblemente desmaquillada, me di cuenta que el maquillaje en mí, era una máscara a como vivía, además de que parecía un viejo oso de anteojos en realidad, me negué a estar como princesa frente a todos, cuando mi rostro me asustaba al lavar mi cara.

Me obligaría a no cerrar los ojos a cualquier costo, comencé por ir a mi lugar favorito de la casa: La cocina.

Mientras comía un pure de papa y carne asada sentada en la barra, Aley me aviso que mi padre me esperaba en su estudio, así que tome el plato con una mano y el tenedor con otra, pegue un pequeño brinco y baje de la encimera, mientras comía un poco de carne llegué al estudio.

Me senté en un cómodo sillón y levanté una ceja en espera a que mi papá comenzara a hablar.

-Estamos preocupados por ti Alexa, hace días que no duermes y eso puede ser peligroso.

-Nunca duermo, ¿Por qué hasta ahora me echas el cuento de que puede ser peligroso?

-Influyes en el orden de las cosas Alexa

-¡No voy a dormir! No me gusta tocar la almohada, detesto permanecer en mi cama porque me asusta quedarme dormida y el saber que en cualquier momento eso va a ocurrir, me hace vivir atemorizada. No puedes obligar a mis miedos.

-Debes comprender Alexa, es peligroso que no te permitas ver lo que debes comenzar a saber y esa querida hija, es la única ventaja que tienes sobre tu enemigo.

-No entiendo nada, ¿cuál enemigo?

-Si duermes podrías saberlo

Cuando terminé de comer y lo vi fijamente a los ojos me di cuenta de una emoción nueva que persistía en ellos; el miedo.

Me pare del sillón y fui hasta él, por primera vez en mis dieciséis años mi padre evadió mi mirada.

-Padre… ¿Qué ocurre?

-Nosotros no somos diferentes a la sociedad, no podemos pretender ser iguales a ellos, la sociedad llama diferente a todo lo que no conoce.

Analizando sus palabras salí de la habitación.

Mi cabeza en cualquier momento explotaría, no entendía nada y eso no lo soportaba.

Regresé a mi cuarto y me lancé en plancha a mi cama, desorganice las cobijas y me tape con ellas, mi frustración había llegado al tope.

Aquellos momentos donde liberaba todo lo que tenía comprimido me ayudaban mucho. Donde el silencio era mi única compañía durante las noches, para mí, romper con aquel aliado me era satisfactorio, por momentos detestaba el silencio, pero se había vuelto tan común en mi vida que le había tomado cariño.

Mi propio grito fue ahogado por un sollozo, no podría resistir otro minuto así, tantas palabras sin sentido me abrumaban y era necesario comenzar a encontrar el objetivo de mis pesadillas.

Tomé el celular y volví a ingresar el número telefónico de Linzy a mi lista de contactos, lo recordaba perfectamente como el día que lo elimine, aunque lo habría borrado en vano, pues mi mente estuvo decidida a aprenderse los nueve dígitos de memoria.



D.A.Romero

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En el texto hay: profesor alumna, amor, pesadillas

Editado: 16.01.2019

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