Más Que Sueños

Tamaño de fuente: - +

capitulo 11

11

 

 

Me puse un vestido rojo pastel, unas sandalias clásicas negras y bajé a desayunar.

A mi madre no le gusto el color del vestido, dijo que no era apropiado para ir a la iglesia, yo tome dos cajas y las subí al carro mientras mi papá levantaba las demás y mi mamá se encargaba de pelear por el color del vestido.

Teníamos que estar una hora sentados esperando a que el sacerdote terminara de dar su charla como cada domingo. No entiendo porque no podemos entregar las cajas y regresar a casa, mi madre dijo que era mejor demostrar que se está comprometido y a disposición de la Iglesia, mi padre me dijo que lo tomará como un estudio de otra religión, una, donde todo parece ser sacado de una novela perfecta, ¡Casi se me olvida! El libro es la Biblia.

Sentada al lado de una mujer que lloraba desconsolada mientras rezaba el padre nuestro, supe que su hijo estaba enfermo, sufría de cáncer a pronta edad.

Yo sabía que rezar el padre nuestro no salvaría a su hijo. Así que me decidí ayudarle y hacer lo que no podría curar Dios.

-Yo, en cambio le ofrecere sacrificios y cánticos de gratitud. Cumpliré las promesas que le hice. ¡La salvación viene del Señor!

Exaltado, el sacerdote se dirigió a las personas que lo seguían fascinados y no dudaban de su palabra.

-¿Por qué actuamos en nombre de Dios?

-¡Porque se lo merece!

-¡Exacto! Él se lo merece infinitamente, por eso como sacrificio brindamos lo más valioso de nosotros. ¡Es nuestra obligación hacer sacrificios a Él, quien nos dará su gratitud y os hará merecedores de lo que necesitáis, ¡Sacrificios porque adoramos al señor y le damos aquello que adoramos! Debemos liberarnos y no aferrarnos a lo valioso que poseemos, ser una persona que hace sacrificios es una persona que esta libre para seguir al Señor.

Cuando acabó la misa, mi madre fue a entregarle las cajas llenas de ropa al sacerdote, esas prendas servirían a los niños que acogen las instituciones religiosas.

Me recoste en el hombro de mi papá y espere a que volviera mamá.

-¿Tienes mucho trabajo?

-Ya tengo todo hecho

-¿Te gustaría almorzar?

-¿Sólo los dos?

-Si, mamá tiene audiencia

-Te veo en dos horas, debo ir a ver a un amigo- Me excusé

-En el almuerzo me hablas de ese amigo

-Claro papá

Salí de la Iglesia y tomé un taxi, me dirigí al hospital central y esperé a que el niño se hospedara ahí.

Sólo tenía tres datos del niño: Se llama Camilo, tiene 10 años y sufre de cáncer. En recepción le di los datos a la chica que atendía y me confirmó que estaba en el hospital, pero yo no podría entrar, no me creyó que era su prima y lo quería ver, por políticas de seguridad y pedido de su madre nadie lo podía visitar.

Espere una hora escondida atrás de un muro esperando que la chica fuera al baño, mientras otra fue a reemplazarla aproveché para sumergirme entre los pasillos y buscar la habitación de Camilo, cuando la conseguí, los nervios salieron de cada poro de piel, mis manos se aferraron al vestido y me regañe por ser tan impulsiva.

Tomé el pomo de la puerta, la imagen de un niño conectado a una máquina rodeado de cables, me asustó, me dio miedo que no consiguiera ayudarlo y sólo le hubiera dado falsas esperanzas a su madre cuando salió de la iglesia con los ojos llorosos y yo me atreví a hacerle pensar que todo estaría bien y hoy recibiría buenas noticias del médico.

Me acerqué al niño y analicé su estado, estaba decaído, no tenía cabello, tenía ojeras, estaba delgado y supe que cerca al final de mis pesadillas. Yo no podría cambiar su estado físico, pero si mental. Comencé a hacerle creer que estaba bien, que todo había sido un error y su cuerpo estaba sano, le di el poder de olvidar lo que tenía, conseguí sumergirme en la parte más importante de una persona: En lo que creé. Si él pensaba que no estaba enfermo poco a poco su estado sería como el de un chico curado, deje parte de mi en aquel niño que dormía y de un momento a otro se curaba sorprendentemente él mismo, su medicina fue una chica que conocía los poderes del pensamiento y los manipulaba.

Salí corriendo del hospital rezando por que el guarda de seguridad no me atrapara, suspirando pesadamente me monté en un taxi y limpie el sudor que me había causado correr tanto, ¿quien diría que el hospital resultaba tener siete pisos?



D.A.Romero

#13295 en Novela romántica
#2153 en Chick lit

En el texto hay: profesor alumna, amor, pesadillas

Editado: 16.01.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar